La salud como diálogo con uno mismo y el entorno
Variable, multifacético y con múltiples significados, el concepto de salud lejos está hoy de poder definirse como la ausencia de enfermedad o malestar físico. Precisamente, el 7 de abril, Día Mundial dedicado a la salud, que se conmemora a instancias de la OMS (Organización Mundial de la Salud), es una buena oportunidad para reflexionar sobre ello.
Las diferentes acepciones del término conviven en nuestro ámbito, y todas ellas afloraron en una simple exploración que propuse hacer a mi equipo de trabajo para relevar los diversos significados.
¿Qué es una persona sana? Las respuestas fueron desde la clásica definición de "aquella que se encuentra libre de afecciones o de enfermedad", hasta la más irónica: "La persona saludable es aquella insuficientemente diagnosticada"; pasando por una más integral y con más adeptos: "La persona sana es aquella que goza de una armonía en su estado físico, mental y social que le permite realizar las actividades en equilibrio".
Afortunadamente pude ver cómo la concepción occidental de enfermedad como algo estático, que hay que combatir o extirpar, fue incorporando con el tiempo una perspectiva más oriental. Desde este último enfoque, cuando falta la salud, es porque hay que recomponer desde un nuevo punto de equilibrio un estado de armonía que se quebró.
Desde mi punto de vista, la salud es el arte de acompañar distintas etapas de la vida desde un cuerpo que va sufriendo transformaciones con el paso de los años. Claro está que algunos cambios son esperables y otros no tanto.
Cuando comienzan a aparecer síntomas que requieren la intervención de un cirujano, la tecnología hoy nos brinda la oportunidad de acompañar al cuerpo en un equilibrio consigo mismo a través de técnicas mínimamente invasivas.
En este sentido, lo mínimamente invasivo nos permite acompañar una biología en sus distintas etapas sin agresiones innecesarias y con intervenciones que favorecen aquello que llamamos salud.
Nuestro objetivo es llevar a la persona a una situación en la que nuevamente se pueda hacer cargo de su propia vida, para lograr los resultados que está buscando.
El creernos dioses o no ver los límites de nuestro cuerpo, para intervenir a tiempo, nos ha traído múltiples problemas en el plano de la salud personal y pública. Nos agredimos con un estilo de vida que no nos ayuda: mala alimentación, sedentarismo, jornadas agotadoras de trabajo sin espacios de recuperación. El cuerpo va pasando facturas por no ser tenido en cuenta en sus propios límites.
Nuestro cuerpo es un envase con fecha de vencimiento que muchas veces desde la Medicina ayudamos a reescribir, desde nuestra participación e injerencia en el diseño de la salud individual y colectiva.
De hecho, la conmemoración que hoy nos trae el calendario es una buena excusa para reflexionar sobre cuál es nuestra concepción de salud personal y comunitaria, sobre qué modelo de salud queremos tener personalmente, y qué modelo de salud pública queremos tener para nuestro país.
La OMS entiende a la salud como un derecho humano más, concepción que obliga a los Estados a asegurar el acceso igualitario a una atención de calidad, sin discriminación por motivos de raza, edad, pertenencia a un grupo étnico u otra condición, para que todas las personas tengan las mismas oportunidades de gozar del grado máximo de salud que se pueda lograr. Pero es un derecho que no sólo hay que declarar, sino que también hay que llenar de acciones concretas para que sea un modelo de salud orientativo para muchos.
La perspectiva de los derechos sociales en el campo de la salud compromete a la activa participación de todas las partes interesadas (comunidad médica, organismos estatales, organizaciones no gubernamentales, etc.), para que éstas sean agentes proactivos en el análisis, la planificación, la ejecución, el seguimiento y la evaluación de las políticas de salud, que puedan garantizar el acceso a un sistema de protección para toda la población.
Alcanzar las metas que nos merecemos como país no se obtendrá por la vía del autoengaño, de decir que todo está perfecto, como tampoco por el camino de la lamentación. Sólo se conseguirá trabajando en un entramado de respeto y compromiso solidario entre todos los sectores sociales para lograr con responsabilidad e idoneidad la salud que nos merecemos.
Por Mariano E. Giménez
Profesor titular de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y director de la Fundación Daicim.
Las diferentes acepciones del término conviven en nuestro ámbito, y todas ellas afloraron en una simple exploración que propuse hacer a mi equipo de trabajo para relevar los diversos significados.
¿Qué es una persona sana? Las respuestas fueron desde la clásica definición de "aquella que se encuentra libre de afecciones o de enfermedad", hasta la más irónica: "La persona saludable es aquella insuficientemente diagnosticada"; pasando por una más integral y con más adeptos: "La persona sana es aquella que goza de una armonía en su estado físico, mental y social que le permite realizar las actividades en equilibrio".
Afortunadamente pude ver cómo la concepción occidental de enfermedad como algo estático, que hay que combatir o extirpar, fue incorporando con el tiempo una perspectiva más oriental. Desde este último enfoque, cuando falta la salud, es porque hay que recomponer desde un nuevo punto de equilibrio un estado de armonía que se quebró.
Desde mi punto de vista, la salud es el arte de acompañar distintas etapas de la vida desde un cuerpo que va sufriendo transformaciones con el paso de los años. Claro está que algunos cambios son esperables y otros no tanto.
Cuando comienzan a aparecer síntomas que requieren la intervención de un cirujano, la tecnología hoy nos brinda la oportunidad de acompañar al cuerpo en un equilibrio consigo mismo a través de técnicas mínimamente invasivas.
En este sentido, lo mínimamente invasivo nos permite acompañar una biología en sus distintas etapas sin agresiones innecesarias y con intervenciones que favorecen aquello que llamamos salud.
Nuestro objetivo es llevar a la persona a una situación en la que nuevamente se pueda hacer cargo de su propia vida, para lograr los resultados que está buscando.
El creernos dioses o no ver los límites de nuestro cuerpo, para intervenir a tiempo, nos ha traído múltiples problemas en el plano de la salud personal y pública. Nos agredimos con un estilo de vida que no nos ayuda: mala alimentación, sedentarismo, jornadas agotadoras de trabajo sin espacios de recuperación. El cuerpo va pasando facturas por no ser tenido en cuenta en sus propios límites.
Nuestro cuerpo es un envase con fecha de vencimiento que muchas veces desde la Medicina ayudamos a reescribir, desde nuestra participación e injerencia en el diseño de la salud individual y colectiva.
De hecho, la conmemoración que hoy nos trae el calendario es una buena excusa para reflexionar sobre cuál es nuestra concepción de salud personal y comunitaria, sobre qué modelo de salud queremos tener personalmente, y qué modelo de salud pública queremos tener para nuestro país.
La OMS entiende a la salud como un derecho humano más, concepción que obliga a los Estados a asegurar el acceso igualitario a una atención de calidad, sin discriminación por motivos de raza, edad, pertenencia a un grupo étnico u otra condición, para que todas las personas tengan las mismas oportunidades de gozar del grado máximo de salud que se pueda lograr. Pero es un derecho que no sólo hay que declarar, sino que también hay que llenar de acciones concretas para que sea un modelo de salud orientativo para muchos.
La perspectiva de los derechos sociales en el campo de la salud compromete a la activa participación de todas las partes interesadas (comunidad médica, organismos estatales, organizaciones no gubernamentales, etc.), para que éstas sean agentes proactivos en el análisis, la planificación, la ejecución, el seguimiento y la evaluación de las políticas de salud, que puedan garantizar el acceso a un sistema de protección para toda la población.
Alcanzar las metas que nos merecemos como país no se obtendrá por la vía del autoengaño, de decir que todo está perfecto, como tampoco por el camino de la lamentación. Sólo se conseguirá trabajando en un entramado de respeto y compromiso solidario entre todos los sectores sociales para lograr con responsabilidad e idoneidad la salud que nos merecemos.
Por Mariano E. Giménez
Profesor titular de Cirugía de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires y director de la Fundación Daicim.