Pablo Cuello es licenciado en Ciencias Biológicas, recibido en la Universidad Nacional de Río Cuarto, y a finales del mes de octubre será parte del segundo Congreso Iberoamericano de Reservas de Biósfera que se realizará en Honduras. El sampachense pertenece al Instituto Argentino de Investigación de zonas áridas del Conicet y actualmente se desempeña en la gestión de la Reserva de Biósfera de Ñacuñán en Mendoza. Es uno de los profesionales que representará al país en el evento, compartiendo sus experiencias de trabajo en el área protegida.
El biólogo, en diálogo con Puntal, se mostró muy orgulloso de ser parte de este congreso y detalló cómo inició su tarea de investigación y gestión desde hace 15 años. “Me recibí en la universidad y luego me vine a hacer una beca de doctorado en Mendoza. Estoy trabajando en el Centro Científico Conicet Mendoza, y aquí me inserté en un grupo que trabajaba con mamíferos, hice mi relevamiento del trabajo de doctorado y luego tuve la oportunidad de presentarme a un cargo para gestionar, coordinar las tareas que se desarrollan en una reserva de biósfera en la localidad de Ñacuñán”, comentó.
Pablo precisó que esta área protegida en la que realiza tareas es “una reserva de biósfera, que es una certificación que da Unesco a aquellas reservas que realizan un manejo, una gestión juntamente con la gente que vive en la reserva. La reserva de Ñacuñán tiene la particularidad de que en el medio del área está el pueblo. La localidad tiene alrededor de unos 80 a 90 habitantes, y nosotros tratamos de gestionar todas las actividades que tengan que ver con el manejo del área, con la comunidad, con los investigadores del instituto y con los técnicos y profesionales de la Dirección de Recursos Naturales de la provincia de Mendoza”.
-¿En esta área protegida se hace trabajo de conservación de algarrobos?
-Sí, exactamente, el área donde está Ñacuñán, a principios del 1900, fue devastada por la tala para sacar leña de algarrobo y hacer carbón, carbón que se traía a la ciudad de Mendoza. Una persona que trabajaba en el gobierno de la provincia, Virgilio Roy, pensó proteger los últimos relictos que quedaban de bosque y entonces fomentó la creación de esta área protegida en 1961. Así, por ley provincial fue la primera área protegida de la provincia de Mendoza, con el objetivo de conservar el bosque de algarrobo, que en aquel momento estaba talado, pero había algunos renovables. Hoy en día, gracias a esa conservación y restauración pasiva que se realizó, tenemos otra vez este bosque de algarrobo.
-¿Cómo surgió la posibilidad de ir a Honduras al Congreso Iberoamericano para hablar sobre tu tarea en la reserva?
-Las reservas de biósfera son certificadas por Unesco cuando cumplen ciertas características y una de ellas es que haya una comunidad viviendo de los recursos de las reservas y que haya un comanejo con la población. La certificación te coloca dentro de la red de reservas de biósfera del mundo. En la Argentina solo hay 15 reservas de este tipo diseminadas a lo largo de todo el país, y en el mundo hoy deben ser aproximadamente unas 300. Este año se celebran 25 años de la creación de la Red Iberoamericana, ya que la red mundial se ha regionalizado, y a nosotros nos toca participar. Al cumplirse este aniversario se organizó este segundo congreso, y enviaron invitaciones a todos los países miembros de la red, y cada uno seleccionó a los participantes. En este caso me tocó ser uno de ellos, junto a otros tres participantes, coordinadores de reserva de biósfera de Pozuelos, reserva de biósfera Delta del Paraná y Patagonia Sur. Somos cuatro representantes de Argentina, de las quince reservas que existen.
- ¿En el evento cómo será la dinámica de los participantes?
- Este congreso tiene como objetivo compartir las experiencias y los trabajos de gestión que se realizan en cada una de las áreas y poder poner en común estas experiencias para traerlas al país y ver si aquí funcionan, o los modelos que llevamos nosotros para compartir si pueden ser adaptables a otras reservas de biósfera. Al tener la particularidad de trabajar con los pobladores, muchas veces estas tareas se pueden replicar en otras áreas.
- Como biólogo y gestor en una reserva, ¿cómo ves a Argentina respecto a otros lugares del mundo en cuanto a conservación y la tarea junto con las comunidades?
- Estamos en un término medio, siempre hablando de lo que es reserva de biósfera porque en el país tenemos un montón de categorías de áreas protegidas, de áreas conservadas; desde áreas privadas, áreas con protección municipal, provincial, y nacional. En este caso estamos en un término intermedio, no estamos mal y aunque podríamos estar mejor, creo que se ha ido avanzando en los últimos años con la creación del comité de gestión hace dos años. En este comité de la red de reservas de biósfera de Argentina, estamos trabajando juntamente con la unidad de coordinación de Nación para la creación y la formalización de la red, en lo que son regulaciones y las cuestiones más administrativas. Luego, como siempre pasa con las áreas protegidas, está el tema presupuestario. Muchas veces somos los últimos a los que nos llega un presupuesto para poder manejar estas áreas, entonces tenemos que estar siempre haciendo alguna que otra maniobra para poder acceder al financiamiento para poder mantener las áreas protegidas.
El Congreso Iberoamericano en Honduras comienza el 30 de octubre y se desarrollará hasta el 4 de noviembre, teniendo en cuenta que el día 3 se conmemora el Día Mundial de las Reservas de Biósfera. “Será una muy buena experiencia para mí, pero, como le digo a la gente que trabaja en la gestión y que me acompaña en esta tarea, es una oportunidad para que todos podamos llevar nuestra experiencia de gestión en Ñacuñán y en Argentina para compartir, divulgar y traer ideas de otras partes de Iberoamérica”, cerró Pablo.

