Sampacho.- Ingresar al taller de calzado de Eduardo Omar "El Gallego" Diez es respirar un aroma combinado entre tintas, cuero y linimentos, como de historia misma.
Con sus 85 años a cuestas, Eduardo sigue liderando en el taller, reparando el calzado de sus clientes tanto del pueblo como de la región. Pero la particularidad de este verdadero "sanatorio" de zapatos, chinelas, botas, sandalias, zapatillas y hasta botines de fútbol es que hay tres generaciones de artesanos en esto de volver a poner a punto algún calzado.
Fue Eduardo el iniciador del taller, luego su hijo Gabriel Omar (46) abrazó el oficio; y ahora también se sumó Julián, que con sus 14 años mira con admiración cómo su abuelo y su padre ponen todo su empeño para dejar al cliente conforme.
Con su corta edad, Julián va conociendo los secretos del oficio para que el arreglo dure todo lo que sea necesario.
Ubicado sobre calle Vélez Sarsfield, allí en la loma, la actividad en este taller es constante.
Los Diez dicen que es un tiempo de crisis y se incrementa la labor de reparación. Es así que se oye el zumbido de las históricas máquinas "Singer", que a pesar de contar con más de un siglo de existencia siguen operando como si fueran nuevas. La labor se circunscribe a las hormas en las que se ajusta el calzado al pie de su cliente.
Intercambiando algún diálogo pero sin descuidar la mirada sobre su trabajo, Gabriel está restaurando una bota y explica: "Esta bota caña larga cuesta $ 9.000 el par. Hay que dejarla muy bien", expresa con la solvencia que le da la experiencia.
Un hombre de trabajo
"Yo empecé el oficio con don Pierkarz hace 65 años, un hombre que era oriundo de Ucrania", recuerda Eduardo Omar.
Julián cursa el tercer año del secundario en el Instituto Pizzurno. Ya sabe bastante del oficio. Esto es coser, pegar, cortar. "La idea es seguir una carrera universitaria, mientras tanto trabajo con papá y con el abuelo. Trabajamos mucho, no hablamos demasiado entre nosotros. Trabajamos, aunque mi idea es el diseño gráfico para más adelante".
“El Gallego” se suma al diálogo: “Los zapatos de hoy no son como los de antes. Ahora hay mucho plástico, antes más cuero, Antes todo se hacía a mano, a muñeca, no había herramientas. Usábamos la Pata de Cabra para las media suela. Ahora trabajo poco y nada porque la vista no me ayuda, pero cuando puedo hago algo. Le pude enseñar a mi hijo, que aprendió y sabe mucho. El nieto me está saliendo bueno también", expresa Eduardo con orgullo.
El legado
Gabriel se emociona al decir que este oficio de su padre es un antes, un durante y un después.
"Mi viejo lo hizo con amor, que es la base de todo. Cuando se hace con amor todo sale perfecto". Gabriel traza un compás histórico ligando parte del pasado de Sampacho con el oficio de su papá. "En su anterior generación, estaba el ferrocarril con tanta gente, con los hoteles trabajando, los que fundaron el club Confraternidad. Todos eran lazos de vida de Sampacho y su historia, y mi papá se forjó en todo eso y así se hizo".
Gabriel hace un sintético repaso de la labor de su padre y recordó que trabajando con Pierkarz usaban agujas hechas con pelo de cerdo. Fue allí cuando Eduardo vio un tipo de agujas de metal que podrían adaptarse al trabajo. Se lo propuso a su patrón y comenzó una nueva etapa en su aprendizaje.
"Yo crecí en este ámbito -agrega Gabriel-. Pero te imaginás que con esta máquina Singer, que tiene más de cien años, cuando era chico aprendí a hacer dibujos con el cuero. De apoco fui aprendiendo. La máquina es una Singer 29k32. La historia de esta marca es muy antigua. Son las máquinas que disponemos, verdaderas joyas, y están trabajando".
"El Gallego" (su padre) es hijo de españoles. Muchos recuerdan a su abuelo llamado Domitilo. Era sacerdote de la Iglesia Católica, renunció y se casó con la abuela Dolores. El denominador común siempre fue el amor.
Anécdotas
Anécdotas hay por cientos. Pero "El Gallego" recuerda con sonrisas que una vez llegó un cliente que desde su camioneta nueva le preguntó si estaban listos sus zapatos. Le respondió que sí. "Dámelos que ya te traigo la plata", me dijo. "Todavía lo estoy esperando; no vino más, se fue con los zapatos arreglados y no me pagó jamás!!", dice ante la risa de todos.
La entrevista culmina con el infaltable comentario de que las mujeres son exigentes y complicadas con sus zapatos o sandalias.
Eduardo destaca que, cuando se largó a trabajar solo, el primer cliente que tuvo fue Osvaldo "El Flaco" Bassino, de Bulnes, y también recordó con nostalgias al "Negro" Bataglino, conocido vecino de Chaján.
Nuevamente las Singer se ponen en marcha. Y los sentidos son despertados con los aromas del cuero, que se mezclan con el fuerte olor de los pegamentos.
Mirando en una de las paredes laterales, se pueden apreciar las distinciones que obtuvo "El Gallego" en su larga trayectoria. Premio del Centro Comercial en 2004. También una plaqueta otorgada por la Municipalidad, que lo ha distinguido con el título de "Vecino destacado" en mayo de 2011.
El orgullo es grande, no es para menos. Tres generaciones trabajando y un apellido al que hacerle honor: son “los Diez”.
Héctor Domingo Amaya
Fue Eduardo el iniciador del taller, luego su hijo Gabriel Omar (46) abrazó el oficio; y ahora también se sumó Julián, que con sus 14 años mira con admiración cómo su abuelo y su padre ponen todo su empeño para dejar al cliente conforme.
Con su corta edad, Julián va conociendo los secretos del oficio para que el arreglo dure todo lo que sea necesario.
Ubicado sobre calle Vélez Sarsfield, allí en la loma, la actividad en este taller es constante.
Los Diez dicen que es un tiempo de crisis y se incrementa la labor de reparación. Es así que se oye el zumbido de las históricas máquinas "Singer", que a pesar de contar con más de un siglo de existencia siguen operando como si fueran nuevas. La labor se circunscribe a las hormas en las que se ajusta el calzado al pie de su cliente.
Intercambiando algún diálogo pero sin descuidar la mirada sobre su trabajo, Gabriel está restaurando una bota y explica: "Esta bota caña larga cuesta $ 9.000 el par. Hay que dejarla muy bien", expresa con la solvencia que le da la experiencia.
Un hombre de trabajo
"Yo empecé el oficio con don Pierkarz hace 65 años, un hombre que era oriundo de Ucrania", recuerda Eduardo Omar.
Julián cursa el tercer año del secundario en el Instituto Pizzurno. Ya sabe bastante del oficio. Esto es coser, pegar, cortar. "La idea es seguir una carrera universitaria, mientras tanto trabajo con papá y con el abuelo. Trabajamos mucho, no hablamos demasiado entre nosotros. Trabajamos, aunque mi idea es el diseño gráfico para más adelante".
“El Gallego” se suma al diálogo: “Los zapatos de hoy no son como los de antes. Ahora hay mucho plástico, antes más cuero, Antes todo se hacía a mano, a muñeca, no había herramientas. Usábamos la Pata de Cabra para las media suela. Ahora trabajo poco y nada porque la vista no me ayuda, pero cuando puedo hago algo. Le pude enseñar a mi hijo, que aprendió y sabe mucho. El nieto me está saliendo bueno también", expresa Eduardo con orgullo.
El legado
Gabriel se emociona al decir que este oficio de su padre es un antes, un durante y un después.
"Mi viejo lo hizo con amor, que es la base de todo. Cuando se hace con amor todo sale perfecto". Gabriel traza un compás histórico ligando parte del pasado de Sampacho con el oficio de su papá. "En su anterior generación, estaba el ferrocarril con tanta gente, con los hoteles trabajando, los que fundaron el club Confraternidad. Todos eran lazos de vida de Sampacho y su historia, y mi papá se forjó en todo eso y así se hizo".
Gabriel hace un sintético repaso de la labor de su padre y recordó que trabajando con Pierkarz usaban agujas hechas con pelo de cerdo. Fue allí cuando Eduardo vio un tipo de agujas de metal que podrían adaptarse al trabajo. Se lo propuso a su patrón y comenzó una nueva etapa en su aprendizaje.
"Yo crecí en este ámbito -agrega Gabriel-. Pero te imaginás que con esta máquina Singer, que tiene más de cien años, cuando era chico aprendí a hacer dibujos con el cuero. De apoco fui aprendiendo. La máquina es una Singer 29k32. La historia de esta marca es muy antigua. Son las máquinas que disponemos, verdaderas joyas, y están trabajando".
"El Gallego" (su padre) es hijo de españoles. Muchos recuerdan a su abuelo llamado Domitilo. Era sacerdote de la Iglesia Católica, renunció y se casó con la abuela Dolores. El denominador común siempre fue el amor.
Anécdotas
Anécdotas hay por cientos. Pero "El Gallego" recuerda con sonrisas que una vez llegó un cliente que desde su camioneta nueva le preguntó si estaban listos sus zapatos. Le respondió que sí. "Dámelos que ya te traigo la plata", me dijo. "Todavía lo estoy esperando; no vino más, se fue con los zapatos arreglados y no me pagó jamás!!", dice ante la risa de todos.
La entrevista culmina con el infaltable comentario de que las mujeres son exigentes y complicadas con sus zapatos o sandalias.
Eduardo destaca que, cuando se largó a trabajar solo, el primer cliente que tuvo fue Osvaldo "El Flaco" Bassino, de Bulnes, y también recordó con nostalgias al "Negro" Bataglino, conocido vecino de Chaján.
Nuevamente las Singer se ponen en marcha. Y los sentidos son despertados con los aromas del cuero, que se mezclan con el fuerte olor de los pegamentos.
Mirando en una de las paredes laterales, se pueden apreciar las distinciones que obtuvo "El Gallego" en su larga trayectoria. Premio del Centro Comercial en 2004. También una plaqueta otorgada por la Municipalidad, que lo ha distinguido con el título de "Vecino destacado" en mayo de 2011.
El orgullo es grande, no es para menos. Tres generaciones trabajando y un apellido al que hacerle honor: son “los Diez”.
Héctor Domingo Amaya

