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Sampacho despidió a Alberto Sanni, el canillita y amigo de todo el pueblo

El fallecimiento de este vecino que durante más de 30 años vendió el diario en la puerta de bancos y el Santuario conmovió a la comunidad. "Fue uno de esos personajes que dejan una huella"

Estaba siempre parado en la puerta del banco. Y en sus manos sostenía los diarios que ofrecía a cuanto vecino transcurría por aquella vereda.

Hoy ese rincón quedó vacío, tras fallecer Alberto Miguel Sanni, el canillita de Sampacho y amigo de todos. Para algunos, un personaje entrañable y su sorpresiva muerte conmovió a toda la comunidad, que lo despidió por redes o recordando alguna anécdota.

De sus 63 años, más de 30 dedicó a ser canillita, vendiendo diario Puntal y hasta el desaparecido diario La Calle. Tras haber estado internado en un centro asistencial de Río Cuarto, finalmente falleció y en Sampacho todos notan su ausencia diaria. En el Santuario La Consolata se realizó el velatorio.

Era el canillita de Sampacho, el que daba la primicia al lector. Y buscaba ese gesto de complicidad y amistad.

Guillermo Bustos, quien por varios años trabajó en una radio local y es actualmente relator de fútbol y básquet, recordó a Alberto Sanni con un emotivo escrito que compartió con Puntal.

“¿Habrá diarios en el cielo? Me resulta difícil creerlo, es que allí se sabe todo según dicen, pero estoy seguro de que si existieran vos te encargarías de llevárselos a cada uno de tus clientes, como siempre, como cada día. A pesar del frío, la lluvia, la moto que no arranca, la bici pinchada, el interminable dolor de espalda, las noches en vela por el dolor o por soñar despierto con ese amor que nunca te correspondió. De la dolorosa soledad, aunque cuando salía el sol por un nuevo día, tu pesada humanidad abrazaba con hidalguía el trabajo. Muchas cosas no las veías igual a todos, pero sí entendiste el significado de la dignidad, sin dudas lo más valioso del ser humano. Tu mente de niño hizo que nunca dejaras de soñar”, escribió Bustos.

Recalcó además su fe inquebrantable y el amor a la Virgen de La Consolata.

De este canillita también destacó su sinceridad. “Si pensabas algo, lo decías, no era cuestión de guardarse nada. Mejor que no te enojes, Alberto”.

Y definió a Alberto Miguel Sanni como un alma pura y de enorme corazón. “De lágrimas rápidas por su vida dura, durísima, pero sin quejas ni reproches. Tan grande es el Creador que pone en nuestras vidas seres como Alberto, para que valoremos lo que por momentos hacemos miserable a pesar de la abundancia”.

“En mi tristeza, recuerdo los mejores momentos vividos, de risas, de canciones con letras inventadas, de gritos de una esquina a otra, de la cerveza en la pizzería con el More, el Chupa y el Alfredo y tantas cosas”, concluyó.

Devoción por La Consolata

También el padre Osvaldo Leone recordó a Sanni y señaló que fue en el Santuario donde se dispuso su velatorio y donde además se le rindió un homenaje.

“Un hombre muy querido, muy humilde, muy sencillo. Los domingos a la mañana siempre estaba en la puerta del Santuario vendiendo el diario Puntal. Participaba de la misa a la mañana o a la tarde, comulgaba, rezaba, un hombre de fe, amaba mucho La Consolata también, teníamos largas charlas en las que también compartía, contaba sus penas, sus dolores, sus angustias. También sus esperanzas, sus enfermedades, sus necesidades. Muy querido por la comunidad”, señaló el sacerdote.

Fue el domingo de Pascua que falleció y un nutrido grupo de vecinos se unió para acompañar a Sanni hasta su última morada.