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San Cayetano: Uriona presidirá la misa central a las 16 en Bimaco

Desde muy temprano, se advierte la afluencia de fieles al renovado templo. Ofician misas a cada hora.

Con misas cada hora durante todo el día y la misa central con procesión a las 16 horas, en el renovado templo de San Cayetano de barrio Bimaco, Río Cuarto honrará al Santo Patrono del Pan y del Trabajo, con la presencia del obispo monseñor Adolfo Uriona.

El padre Gustavo Juárez destacó en Buen Día Río Cuarto la devoción por este santo que se ve sintetizada más allá de la vida religiosa.

En Buenos Aires, la vigilia popular por el día de San Cayetano, el santo del pan y el trabajo, comenzó ayer en las calles aledañas al santuario ubicado en el barrio porteño de Liniers, con miles de peregrinos que hacían fila para comenzar a entrar a la medianoche al templo, mientras que los organizadores esperaban más de 150 mil fieles en ese santuario. 

El arzobispo de Buenos Aires, cardenal primado de la Argentina, Mario Aurelio Poli, presidirá la misa central hoy a las 11 y luego bendecirá a los fieles que van a pedir gracias al santo.

Este año, el lema es "Querido San Cayetano, como pueblo y familia, ayúdanos a ver a Cristo vivo en cada hermano".



La fiesta anual se comienza a preparar con una jornada de servidores y cada grupo propone un lema para la fiesta patronal que es votado en sucesivas instancias.

Grupos de familias se turnaban  en carpas desde hace días para reservar los primeros lugares en la cola que reúne a miles de fieles de San Cayetano, que desde el primer minuto de hoy ingresarían a la iglesia del barrio porteño de Liniers para agradecer y pedir por pan, paz y trabajo.

“Somos varias familias, nos conocimos hace años haciendo la cola, y desde mayo nos turnamos y venimos dos días a la semana cada uno para guardar el lugar”, explicó a Télam Raquel Fernández, de 75 años y desde hace 40 una fiel devota del santo.

La mujer, que vive en la localidad bonaerense de Temperley, aseguró que para ella es “un ritual” participar de la vigilia, y consideró que acercarse año tras año a la puerta del templo “es una cuestión de fe que no cualquiera puede entenderla”.







“Vengo a pedir por todos esos chicos que hoy están sin trabajo, veo muchachos que tiran de un carro para poder comer; yo soy jubilada y no puedo ayudarlos mucho. Es muy triste lo que se ve”, consideró la mujer con lágrimas en los ojos.

A su lado, y dentro de la misma carpa, María Isabel interrumpió el diálogo y aseguró que “la situación está muy difícil. Este año más que nunca me toca venir a pedir trabajo por gente cercana, aunque también vengo a agradecer que tengamos salud y la posibilidad de venir hasta acá”.