Diciembre de 2001 para los argentinos es una fecha difícil de olvidar, cuando la democracia se llevó esas semanas de tensión, disgusto, saqueos y muerte por lo que se vivía con la salida del presidente De la Rúa.
Se cumplen 20 años de esos sucesos tan trágicos que marcarían generaciones de argentinos y el cierre de un plan económico que llevaría al colapso a nuestro país.
En lo deportivo, Boca era campeón de América por segunda vez consecutiva con Carlos Bianchi y venía de perder en noviembre la final ante el Bayern Munich de la Copa Intercontinental.
Y en nuestro torneo Clausura, Racing Club de Avellaneda, en Liniers, cortaba su sequía de 35 años sin títulos de la mano de Mostaza Merlo en un certamen que fue disputado cabeza a cabeza con River dirigido por Ramón Díaz.
San Lorenzo también cortaría una sequía logrando su primer título internacional. En su tiempo la Copa Libertadores de 1960 había sido “regalada” cediendo una localia ante Peñarol de Montevideo que pareció ser una maldición para los de Boedo en cada participación siguiente.
La Mercosur 2001 sería la continuación de una dinastía que comenzaría en ese año con la obtención del torneo Clausura de la mano de un hasta entonces desconocido Manuel Pellegrini. Chileno, ingeniero y un auténtico docente del futbol que construiría un equipazo, con la mezcla perfecta de experiencia y juventud.
Los éxitos seguirían en 2002 ya de la mano de Rubén Darío Insúa y la obtencion de la Copa Sudamericana, primera edición con el nombre que actualmente lleva.
La crisis de 2001 impidió que se jugara el partido de vuelta entre San Lorenzo y Flamengo. La ida fue en el Maracaná el 12 de diciembre con empate sin goles y la vuelta se tuvo que disputar el 24 de enero de 2002, cuando la situación social estaba un poco más aquietada.
Aldo Paredes era el histórico lateral derecho de ese equipo y marcó sin dudas con su personalidad y perfil bajo una figura muy querida por el hincha azulgrana. En diálogo con El Deportivo, recuerda lo que fue ese título icónico para el mundo sanlorencista destacando la importancia del mismo.
“Era algo muy importante para un grupo de jugadores que querían ganar algo antes de irse de un club como San Lorenzo. Ese era el gran anhelo de los que estábamos en ese grupo, ganar por si después te toca dejar la institución, fue algo muy bueno para el grupo de compañeros que así los sentíamos, fue importante para nosotros y el club”, resalta.
-Enfrente, un coloso como Flamengo, con varias figuras. ¿Cómo lo recordás?
-Primero, llegar a una final con un equipo como Flamengo, con toda la historia que tiene detrás, fue una experiencia importantísima, definir con equipo así, jugar el primer partido de la final en el Maracaná, un lugar que solo lo conocía por fotos y por la historia que tiene. Fue algo muy grande que después de mucho tiempo uno de se da cuenta de lo que habíamos hecho, cómo lo habíamos hecho y con la circunstancias sociales que había. Fue de película.
-El país estaba en llamas, la definición, que iba a ser en diciembre de 2001, se pospuso para febrero de 2002. A la distancia, ¿cómo fueron esos días?
-Fue difícil para todos, me parece que este país tiene estas cosas, cada tantos años te pegan un sacudón así. En ese tiempo fue muy difícil, afectó los contratos que teníamos, nos hizo tener que cambiar muchas cosas, había muchos contratos en dólares, por ejemplo, que se habían pesificado, se trató de cobrar algo, AFA se hizo cargo de varias cosas. A nivel país era todo un desastre y a nivel deportivo todos lo sentimos, sea jugadores y club, fue algo muy malo.
-Ese equipo era dirigido por un joven Manuel Pellegrini. ¿Qué clase de entrenador era en ese entonces?
-Llegó con esa tranquilidad con la que se lo ve hoy. Para nosotros era un desconocido, se hablaba de un ingeniero chileno y fue uno de los entrenadores más completos que tuve en mi carrera. He pasado por Menotti, Basile, Ruggieri, Cai Aimar, Tabárez, pero para mí él es el más completo. Tenía un poco de todos ellos, muy de la línea de Menotti, pero muy completo, en todo sentido, manejo de grupo, planificación. Yo escucho muchos técnicos que hoy hablan de muchas cosas que en esos años Manuel ya las trabajaba, no me sorprende la carrera que hizo.
-¿Cómo vivía el hincha de San Lorenzo la oportunidad de conseguir su primer título internacional?
-Fue algo muy grande para el club, por todas las cosas que habían pasado. Recuerdo que la recaudación nunca apareció o algo raro pasó, se agitó todo, había muchos condimentos que tuvo la final, cómo se ganó, lo que tardó Diego Capria en patear el último penal, la gente pensó que había terminado y se metió a la cancha y todavía faltaba que patee Diego. Fue algo de película, después de un par de años nos juntamos y nos acordamos de lo conseguido, sobre todo ganar algo en un club. Siempre lo digo: sea cual sea el torneo te marca para siempre.
-Ese San Lorenzo fue una suerte de dinastía, venían de ganar el Clausura 2001 arrasando y lo coronan con la Copa Mercosur y la Sudamericana 2002. ¿Cómo se gestó esa mística?
-Se arrancó con el deseo de ganar algo. Tanto para los referentes como el Beto Acosta, Ameli, Tuzzio, Michelini como para los buenos jóvenes que había, muy rico técnicamente con Romagnoli, Erviti, Morel Rodríguez, Guillermo Franco. Si tenés jugadores completos se hace mucho más fácil y era nuestro caso. Si te fijás los nombres, te das cuenta y a eso sumale el deseo de ganar, que es clave.
-Finalmente, vengo al presente: ¿cómo ves estos futbolísticos tiempos en la Argentina?
-Ganó el mejor equipo. River viene trabajando con una idea y un objetivo encabezado por Marcelo Gallardo, que sale a ganar, que tiene una idea de juego y lo hace cambiando piezas y reformulándose, sumado al hambre de ganar cosas, me parece que eso en esos últimos años lo pudo conseguir con los planteles que tuvo, marcó una gran diferencia en esta etapa.

