Romaneto: los sándwiches que salieron a la calle y terminaron siendo un furor en redes

Con acciones inesperadas en distintos puntos de la ciudad, una propuesta pensada para resolver el día a día y una comunidad que amplificó cada movimiento, la marca cordobesa logró posicionarse y proyecta su crecimiento con nuevas aperturas y un modelo de franquicias en desarrollo

 

Comer un sándwich nunca es solo una cuestión de hambre. Funciona como plan de emergencia y como excusa para juntarse: en un cumpleaños, en Navidad, en una noche improvisada o en una mañana apurada. En ese terreno cotidiano, donde lo simple sostiene lo esencial, Romaneto encuentra su lugar y lo lleva a otro nivel. Lo que empezó como una fiambrería de barrio se convierte en una marca que logra volverse viral en redes sociales y que hoy apuesta a expandirse con un modelo propio.

El proyecto nació en 2016 con la apertura de su primer local en barrio General Paz. En ese momento, la propuesta fue directa: vender fiambres de calidad a buen precio. Con el paso del tiempo, el crecimiento fue sostenido. Se sumaron productos, se amplió el espacio y la identidad del negocio empezó a transformarse. “Romaneto es una fiambrería con esteroides”, define Ramiro para explicar ese salto de escala.

En una segunda etapa, el desarrollo tomó forma como proyecto familiar. Entre 2020 y 2021, la incorporación de Sofía a la gestión marcó un punto de inflexión. Desde entonces, la marca impulsa con fuerza su línea gastronómica y potencia productos como los sándwiches de miga, las picadas y las ensaladas. Esa evolución mejora la variedad y la calidad, y permite posicionar a Romaneto en un lugar más competitivo dentro del rubro. El resultado es concreto: mayor elección del público, recomendación orgánica y apertura de nuevas sucursales, hasta alcanzar el formato actual con presencia en distintos puntos de la ciudad y un local gastronómico en el centro.

“Creo que el principal diferencial de Romaneto es que venimos de la fiambrería. No es que arrancamos directo con lo gastronómico, sino que ya teníamos esa base de producto y calidad”, explica Alexis Cárdenas Levrino, socio y gerente del proyecto. Esa base se traduce en una propuesta clara: resolver. “En el caso de los sándwiches y las picadas, el foco principal está en brindar soluciones prácticas sin dejar calidad de lado. Son productos pensados para el día a día, o sea, que vengas, compres y te vayas con algo que sabes que va a estar bien. Pero también para momentos especiales: como acompañar reuniones, cumpleaños o celebraciones”, agrega.

Actualmente, la marca cuenta con cuatro sucursales de supermercado y un local gastronómico en el centro, orientado a productos listos para consumir. La red incluye puntos en Ituzaingó 1040, Av. Colón 648, San Lorenzo 131, Av. 24 de Septiembre 1487 y E. Bodereau 9852. El objetivo es seguir creciendo y avanzar hacia un modelo de franquicias que permita escalar el negocio en el corto plazo.

En términos de consumo, no hay sorpresas: el sándwich de jamón y queso es el más vendido. “Es el clásico y no falla”, sostiene Cárdenas Levrino. Sin embargo, la marca también apuesta a innovar. Incorpora opciones como pollo con palta tipo reina pepiada, vitel toné en fechas especiales, cerdo braseado o milanesa. Parte de esas ideas surge de la propia comunidad. A través del “Mundial del sanguchitos”, los clientes proponen sabores y votan a sus favoritos. El de cerdo braseado, ganador de esa dinámica, se integra al menú y se mantiene como una de las opciones destacadas.

Pero el diferencial más visible aparece en la forma de comunicar. Con la apertura del local gastronómico, Romaneto lleva adelante un rebranding y conforma un nuevo equipo de marketing. La estrategia apunta a salir de lo tradicional. “No queríamos quedarnos solo con redes o con publicidad clásica, sino ir a donde está la gente y generar algo más directo”, explica el gerente.

A partir de esa premisa, la marca despliega acciones en la calle: reparte sándwiches en colectivos, interviene espacios como el Buen Pastor, recorre la ciudad con una furgoneta y megáfono, organiza inauguraciones con degustaciones, sorteos y juegos. También realiza acciones puntuales, como llevar comida a personas que están trabajando o a quienes se están recibiendo. “La idea es que la gente no solo vea la marca, sino que la viva. Que le pase algo con Romaneto, que se sorprenda, que lo comparta”, señala.

Esa lógica se extiende al entorno digital. Las acciones en territorio se transforman en contenido y logran amplificación en redes sociales, donde la marca gana visibilidad y posicionamiento. “No es solo publicidad, es generar experiencias y construir una comunidad alrededor de la marca”, resume.

El crecimiento, sin embargo, también plantea desafíos. “Más allá del contexto del país, que siempre influye, lo más difícil es sostener el nivel. Que la gente siga eligiendo, no quedarse atrás, seguir innovando”, indica Cárdenas. A eso se suma la complejidad de mantener estándares homogéneos en cada nueva apertura. “Cuando creces y abrís más locales, mantener la misma calidad y atención en todos” se vuelve un punto crítico.

En ese recorrido, el producto insignia mantiene su vigencia. Lejos de perder protagonismo frente a tendencias más sofisticadas, el sándwich de miga sigue ocupando un lugar central en la cultura local. “Para nosotros está infravalorado”, afirma. “Es algo que está en todos lados: cumpleaños, reuniones, juntadas, trabajo, recibidas. Lo come todo el mundo, no discrimina edad ni contexto. Está muy metido en la cultura argentina”.

La mirada apunta a resignificar ese clásico. “Muchas veces no se lo valora como corresponde. Queda como algo ‘simple’ o básico, cuando en realidad tiene un laburo atrás, calidad de producto, combinaciones y mucha tradición”, sostiene. Frente al auge de propuestas gourmet, Romaneto busca recuperar ese valor cotidiano. “Volver a darle protagonismo al sándwich de miga como algo bien nuestro, que está en los momentos importantes y en lo cotidiano. Que no sea solo algo más, sino algo que tenga identidad y valor”, concluye.