El agónico gol de la victoria funcionó como una mecha: en un abrir y cerrar de ojos, una marea humana vestida de celeste y blanco inundó el centro de la ciudad, trepándose a los semáforos, revoleando banderas al viento y transformando el asfalto en un auténtico corsódromo improvisado.
Bocinazos, abrazos y festejos en el centro de Córdoba
Los bocinazos ensordecedores se multiplicaron en una sinfonía de puro alivio por las avenidas Colón, General Paz y Emilio Olmos, mientras los abrazos eufóricos entre perfectos desconocidos se volvieron ley en cada esquina.
La explosión fue total en las calles de la capital. Desde los balcones de Nueva Córdoba y el centro bajaba el eco ensordecedor del “¡Muchachos!” mezclado con los acordes del mejor cuarteto, coronando una tarde donde la gente pasó del sufrimiento absoluto al delirio popular en una ráfaga de 11 minutos.
La fiesta de la Docta se expandió por toda la provincia
Nadie quería quedarse adentro; los comercios bajaron las persianas para sumarse a la batucada y las banderas argentinas coparon absolutamente todo el paisaje urbano.
Pero la fiesta de la Docta no se quedó encerrada en los límites de la ciudad. Como un reguero de pólvora, la imagen de las calles colapsadas por la alegría se replicó de inmediato en cada rincón de la geografía provincial.