Espectáculos Semana-de-la-cultura |

Vendaval de sensaciones

El desarrollo de nuevas ediciones del Festival “Narrapalabra” y de la Semana de la Cultura obliga a un repaso a mano alzada que reconozca el vigor y la riqueza de ambas realizaciones.

Esta etapa del año que estamos viviendo, entre la despedida de agosto y la llegada de septiembre, ha sido, es y será un vendaval de actividades artísticas que, más allá de despertar el lamento por su inusitada concentración, que hace difícil disfrutar de todas ellas, viene a demostrar la palmaria falacia del repetido sonsonete “en Río Cuarto nunca hay nada”.

Despejando el hecho de que los artistas locales producen durante todo el año y realizan actividades dignas de ser disfrutadas, aunque no siempre logran que el público sea partícipe activo de ese disfrute, vale subrayar esta capacidad de gestión grupal que distintos elencos ponen en evidencia por estos días.

Palabras narradas

Por un lado, la nueva edición del notable “Narrapalabra” vino a ratificar que el encantamiento que produce un buen relato bien dicho en voz alta, resulta todavía un recurso arrasador de los preconceptos acerca de que, hoy por hoy, tan sólo se presta atención a aquello que suena altisonante, y se sirve de la tecnología, a cada paso más sofisticada.

Una veintena de voces, con la particularidad de sus acentos, la referencialidad especial de sus historias, el entramado diverso de su estilo, tejieron otro año más esa red de complicidades que se esconde y se desborda del despojado pero sensible hecho de contar en voz alta, y acariciaron los oídos y el alma de un montón de riocuartenses de todas las edades. 

Fue un placer reverdecido para espíritus atentos, y por suerte los hubo muchos. Tantos que, como viene sucediendo año tras año desde que se realiza en la ciudad, el Festival de Contadores de Historias se transformó en un reducto curiosamente explosivo, por el nivel de las emociones que se desbordaron con cada relato.

Intensa semana

Algo similar, y con tantas aristas que resulta difícil resumirlas, se produjo a lo largo de la programación de la Semana de la Cultura, desde el mismo momento en el que un puñado de bombos anticipó el homenaje a Vitillo Ábalos, como símbolo de una historia, la que construyó con sus hermanos, recogida con fina sensibilidad en el film que abrió la muestra.

Ese encuentro abrió una Caja de Pandora inversa, que el único conflicto que desató tuvo que ver con la dificultad de disfrutar de toda la oferta, comenzando por la visita de figuras magistrales como escondidas: tal el caso del arte de Micaela Chauque, deshaciendo en misterio esa música que interpreta con los instrumentos de su tierra.

A su hora, brillaron el retornado joven pianista Matías Martino, acompañado por Javier Acevedo, dando un paso adelante de su condición de acordeonista acompañante de Jairo, para mostrar una creatividad envolvente, y la revelación del correntino Trío Tayi, que entre muchos otros temas dejó el “must” de una versión del tema  “Ricarda raíz”.

Al día siguiente fue el turno de “Luna de arrabal”, con Damiana Zanini y Julieta Sueiro, piano y voz para recrear el tango con cosas tan bellas como sus versiones de “La Cantina” y “De Buenos Aires morena”, por citar dos delicadezas, que vinieron a rematar el desempeño potente del guitarrista mendocino Pablo Budini, que tocó Tárrega pero también Piazzolla.           

El jueves, Natalia Berasategui y Lucrecia Longarini trajeron “Mujeres de la llanura”, un compendio de la música que hace la criatura frente a  la inmensidad de la pampa, con lindezas impactantes como dos de Omar Moreno Palacios: la que singulariza el título del trabajo y la entrañable “De Nosedonde”.  Prólogo de la fiesta con perfume santiagueño que presentó “Guadal”, el muy buen ensamble folklórico de la UNVM.

Un acento que recuperó, el viernes, aunque con una mirada musical más desarrollada, el potente trabajo integral “Las cuatro estaciones santiagueñas”, para recibir un aplauso merecido pero que además se benefició de la gran asistencia de público que forjó la identificación con la figura y la obra de José Luis Aguirre, ratificando talento y “chucaneando” con gran imaginación, entre “rarezas” como su tema “Pinto birra” y la emocionante y bella obra que expresa su admiración por Doña Jovita. 

El cierre fue el fin de semana con elencos del Instituto y el Coro Delfino Quírici.

Pero hay más

Por estas horas están viajando hacia Adelia María las siete delegaciones de otros tantos países que se reúnen por estos días en la 25a Muestra Internacional de Danzas por Parejas, cuya organización ha asumido, con esa potencia incólume, con esa creatividad desafiante, con esa pasión integradora, Abriendo Surcos.

Estarán tres días en la localidad vecina sacudiendo escenarios y tramando identidades, para beneplácito de un pueblo que ha sabido de la importancia de cobijarlos y de disfrutar de sus danzas y sus voces, y de regreso a Río Cuarto impondrán la revitalización de ese ritmo creativo que se ha apoderado de los escenarios de la ciudad desde hace diez días.

Inevitablemente volverán a aparecer en estas páginas, a través de las diversas actividades programadas, para certificar que con su arte han venido a potenciar ese verdadero vendaval de sensaciones que se disparado entre quienes han tenido el tino de atender a la impactante oferta artística de estos días.