Río Cuarto
Sergio Medina, al banquillo por el crimen de Muñoz
Tres jueces técnicos y doce jurados populares empezarán a evaluar si hay pruebas suficientes para condenarlo por el asesinato de la comerciante riocuartense que recibió 33 puñaladas. Un caso complejo, con final abierto.
A dos años y medio del crimen de Claudia Muñoz, llegó la hora de la justicia. Desde hoy y, seguramente, hasta el próximo viernes un tribunal integrado por tres jueces técnicos de la Cámara Primera del Crimen (Virginia Emma y los “debutantes” en el cargo, Natacha García y Daniel Vaudagna) deberán analizar junto con un jurado popular si hay elementos de prueba para condenar a Sergio Medina.
En otras palabras tendrán la ardua responsabilidad de repasar las pericias y el resto de la prueba reunida para así definir si el albañil de Las Albahacas es un femicida que mató con frialdad a una mujer infligiéndole más de treinta puñaladas, o como sostienen familiares y vecinos del detenido, se trata de un perejil que está pagando el “pecado” de haber estado en el momento y en el lugar equivocados.
El horizonte de un juicio que es esperado con igual expectativa por quienes acusan y por quienes defienden a Medina abre una opción de hierro: la absolución o la cadena perpetua para el hombre de 49 años que estará sentado en el banquillo. Esas parecen ser las posibilidades a priori, en una causa que divide a la opinión pública.
Sorpresiva detención
Claudia Muñoz, una comerciante de 51 años, fue asesinada la tarde del 9 de mayo de 2017 en su lugar de trabajo, la pilchería Mil Sol, ubicada sobre uno de los accesos a la ciudad. En ese local de la calle San Martín encontraron su cuerpo con múltiples heridas provocadas por un cuchillo.
Después de semanas de total incertidumbre, la causa se vio sacudida por la detención de un hombre del que hasta entonces nadie había oído hablar una palabra: un cliente de la región que solía visitar esporádicamente el comercio de Claudia.
Sin una prueba directa que lo incriminara, el fiscal de Instrucción Fernando Moine se valió de un cúmulo de indicios para ordenar su detención y finalmente enviarlo a juicio. La declaración de un testigo que lo vio la tarde del crimen salir caminando a paso sostenido, detrás del auto de Muñoz y la cámara de vigilancia de un comercio vecino que habría captado al sospechoso, en dirección al local donde mataron a la mujer.
En medio de ese largo proceso que se extendió durante dos años y medio, hubo manifestaciones a favor y en contra de Medina: mientras el esposo de Claudia Muñoz, Juan Carlos Debia, y su cuñada se mostraron en sintonía con Moine y aseguran que la Justicia encontró al asesino; en la otra vereda, familiares y allegados al albañil no dudan en tildarlo de perejil.
Así lo afirmaron y lo repitieron en la marcha que organizaron la semana pasada para insistir en su inocencia.
Un día antes de esa marcha, el viudo y la hermana de Claudia Muñoz citaron a medios de prensa para insistir en la convicción de que el asesino no es otro que Sergio Medina. En esa ocasión incorporaron un dato que hasta el momento no había trascendido: dijeron que Medina conocía a la víctima desde hacía largos años e insinuaron que se habría obsesionado con ella.
¿Cómo se define?
Más allá de las sospechas y las expresiones que se oyen desde una y otra vereda, la tarea del tribunal será recabar la prueba objetiva que al finalizar la semana les permita votar por la culpabilidad o la inocencia.
La percepción de los jurados populares será crucial porque ocho de los doce ciudadanos comunes tendrán derecho a voto, en tanto que sólo votarán dos de los tres jueces técnicos.
Únicamente, en caso de que exista un empate, votará la presidenta del tribunal, Virginia Emma.
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En otras palabras tendrán la ardua responsabilidad de repasar las pericias y el resto de la prueba reunida para así definir si el albañil de Las Albahacas es un femicida que mató con frialdad a una mujer infligiéndole más de treinta puñaladas, o como sostienen familiares y vecinos del detenido, se trata de un perejil que está pagando el “pecado” de haber estado en el momento y en el lugar equivocados.
El horizonte de un juicio que es esperado con igual expectativa por quienes acusan y por quienes defienden a Medina abre una opción de hierro: la absolución o la cadena perpetua para el hombre de 49 años que estará sentado en el banquillo. Esas parecen ser las posibilidades a priori, en una causa que divide a la opinión pública.
Sorpresiva detención
Claudia Muñoz, una comerciante de 51 años, fue asesinada la tarde del 9 de mayo de 2017 en su lugar de trabajo, la pilchería Mil Sol, ubicada sobre uno de los accesos a la ciudad. En ese local de la calle San Martín encontraron su cuerpo con múltiples heridas provocadas por un cuchillo.
Después de semanas de total incertidumbre, la causa se vio sacudida por la detención de un hombre del que hasta entonces nadie había oído hablar una palabra: un cliente de la región que solía visitar esporádicamente el comercio de Claudia.
Sin una prueba directa que lo incriminara, el fiscal de Instrucción Fernando Moine se valió de un cúmulo de indicios para ordenar su detención y finalmente enviarlo a juicio. La declaración de un testigo que lo vio la tarde del crimen salir caminando a paso sostenido, detrás del auto de Muñoz y la cámara de vigilancia de un comercio vecino que habría captado al sospechoso, en dirección al local donde mataron a la mujer.
En medio de ese largo proceso que se extendió durante dos años y medio, hubo manifestaciones a favor y en contra de Medina: mientras el esposo de Claudia Muñoz, Juan Carlos Debia, y su cuñada se mostraron en sintonía con Moine y aseguran que la Justicia encontró al asesino; en la otra vereda, familiares y allegados al albañil no dudan en tildarlo de perejil.
Así lo afirmaron y lo repitieron en la marcha que organizaron la semana pasada para insistir en su inocencia.
Un día antes de esa marcha, el viudo y la hermana de Claudia Muñoz citaron a medios de prensa para insistir en la convicción de que el asesino no es otro que Sergio Medina. En esa ocasión incorporaron un dato que hasta el momento no había trascendido: dijeron que Medina conocía a la víctima desde hacía largos años e insinuaron que se habría obsesionado con ella.
¿Cómo se define?
Más allá de las sospechas y las expresiones que se oyen desde una y otra vereda, la tarea del tribunal será recabar la prueba objetiva que al finalizar la semana les permita votar por la culpabilidad o la inocencia.
La percepción de los jurados populares será crucial porque ocho de los doce ciudadanos comunes tendrán derecho a voto, en tanto que sólo votarán dos de los tres jueces técnicos.
Únicamente, en caso de que exista un empate, votará la presidenta del tribunal, Virginia Emma.
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