La siembra directa perdió el 13% del área agrícola en los últimos 8 años
Un informe de Aapresid lanzó un llamado de atención para la sustentabilidad del sistema agrícola. El control de malezas es el principal motivo que conduce a la labranza
Un estudio de la Red de Manejo de Plagas de Aapresid revela que la superficie bajo siembra directa (SSD) volvió a retroceder en Argentina. La caída observada sobre las 31,71 millones de hectáreas relevadas es de 2 puntos porcentuales (80,6% en 2025/26 respecto del 82,6% registrado en 2024/25), y se corresponde con una tendencia que no es nueva.
La tecnología que cambió el cómo y dónde hacer agricultura en Argentina evidencia una caída paulatina pero sistemática desde su máximo pico en 2017/18, donde alcanzó el 93% del área agrícola; es decir que acumula un retroceso de 13 puntos porcentuales en 8 años.
Los datos del relevamiento se obtuvieron consultando a referentes de los 204 partidos y departamentos, que estiman e informan qué proporción de la superficie agrícola de su zona se condujo bajo siembra directa y cuál recibió labranza, y qué relevancia tuvo cada motivo.
“El dato no pone en discusión la tecnología, sino las condiciones que hoy están dificultando sostenerla. Malezas, restricciones de uso de fitosanitarios, esquemas de alquiler y compactación aparecen entre los factores que empujan a volver a remover el suelo”, explicó el trabajo de Aapresid.
Un fenómeno que exige abordaje regional
El informe advierte que San Luis, Buenos Aires, La Pampa y Chaco, son las provincias que mayor retroceso de la siembra directa declararon. Sin embargo, en Entre Ríos, Santiago del Estero y Santa Fe la superficie se incrementó. En el caso de Córdoba, pasó del 89% al 88% en el último año.
Otra conclusión del relevamiento de la REM cuando se analiza el fenómeno localmente es que no hay una única causa o explicación del avance de la labranza. Incluso, el peso de cada motivo cambia de una provincia a otra, y también entre departamentos y partidos de una misma provincia.
Las malezas siguen siendo la principal excusa a la labranza
Por segundo año consecutivo, el relevamiento pone al control de malezas como el principal motivo que conduce a la labranza, explicando el 48,5% de la superficie laboreada a nivel nacional.
Este dato también amerita un análisis local: en Salta, La Pampa, Centro y Norte de Buenos Aires y Entre Ríos, la labranza para controlar malezas adquirió mayor peso respecto del relevamiento anterior (2024/25), “lo que a priori puede sugerir un agravamiento de la problemática de malezas en estas zonas, aunque esta hipótesis deberá ser estudiada en detalle”, explicó el informe.
En tanto, el 26% de la superficie laboreada —1,60 millones de hectáreas— responde a “otras causas”. Dentro de esta categoría aparecen cuestiones que exceden las decisiones estrictamente agronómicas y que están marcadas, en muchos casos, por un contexto que impide la planificación de mediano y largo plazo: cultivos que exigen laboreo para su cosecha, restricciones de uso de fitosanitarios, en especial en zonas periurbanas, esquemas contractuales de arrendamiento anuales o aumentos en los costos de los insumos, entre otras.
En este contexto, la decisión de labrar no necesariamente surge de desconocer los beneficios de la siembra directa, sino que puede ser consecuencia de un sistema productivo que no siempre ofrece las condiciones necesarias para sostener sus principios en el tiempo.
Por eso, “recuperar superficie bajo SD también implica discutir esas condiciones. Si la agricultura necesita pensar a largo plazo para cuidar el suelo, pero buena parte de las decisiones se toman bajo horizontes productivos mucho más cortos, existe una tensión que no puede resolverse solamente desde la recomendación agronómica”, indica el trabajo de Aapresid.
Compactación: una causa en sí misma
La compactación representa el tercer motivo declarado de labranza, con 1,57 millones de hectáreas, equivalentes al 25,6% de toda la superficie laboreada.
En Entre Ríos y Catamarca la compactación se situó incluso por encima del control de malezas como principal causa de labranza (16,5% y 6,1% del área agrícola provincial, respectivamente), mientras que en Córdoba, la compactación y el control de malezas se declaran como motivos de relevancia similar.
La labranza no resuelve el problema de fondo
La siembra directa no sólo posicionó a la Argentina como líder en prevención de la erosión (reduciendo su riesgo en un 33%), sino que además mejoró la eficiencia en el uso del agua y permitió producir en zonas áridas donde antes era impesado.
Potenciada por la biotecnología y los nuevos conocimientos en técnicas como la fertilización y el manejo de cultivos, la siembra directa habilitó un salto productivo sin precedentes: el país cuadruplicó su producción entre 1970 y 2012, pasando de 20 a 90 - 100 millones de toneladas anuales para los principales cultivos extensivos (mientras la superficie cultivada se duplicó).
A esto se suman beneficios clave en un contexto marcado por el cambio climático, como es el incremento en la captura de carbono en el suelo - comparable en algunos casos a la de la vegetación nativa -, y la reducción en emisiones GEI.
Frente a este escenario, la REM asegura que concluir que la SD “no funciona” y que la labranza vuelve a ser necesaria, es echar por tierra años de evidencia científica”.