Entender los sentimientos contradictorios
Por Silvina Ambrosini (*)
CUIDAR no es fácil. No es un acto que se prende con un botón y funciona todo el día de manera automática, lineal, sin cambios.
CUIDAR es comprometerse, es aceptar los límites, es recordar minuto a minuto la dignidad y el respeto por el otro y por uno. Es amar a pesar de todo, y por sobre todo.
¿Quién no cuida alguna vez en la vida? ¿Quién puede decir que esto no tiene que leerlo porque jamás cuidará a alguien? Hijos, padres, hermanos, parejas, amigos, nosotros mismos: seres vulnerables que cuidaremos o seremos cuidados en algún momento de éste camino que nos toca compartir.
Y el acto de CUIDAR implica aceptarnos.
Aceptar y abrazar nuestro amor al hacerlo, pero también nuestras contradicciones.
Aceptemos, pues, todo lo que somos. Aceptemos nuestro lado derecho y nuestro lado izquierdo. Ambos componen la totalidad que nos constituye. Somos eso… lo que creemos bueno y, también, lo que creemos malo… Somos el que comprende y el que, por momentos, está lejos de poder hacerlo… Somos el que escucha y, también, el que pide a gritos ser escuchado… Somos el que cuida y el que, con desesperación, necesita ser cuidado… Somos el que se ubica en el lugar de la salud y la fortaleza y, a veces, el que se siente débil y enfermo… Todo eso es lo que somos.
Es importante, por lo tanto, que primero nos reconozcamos. Que entendamos todo lo que confluye en nuestro ser. Todo lo que convive en nuestra identidad. Que comprendamos que no dejamos de ser nosotros cuando lo que vemos no nos gusta, y que tampoco aquello que no nos gusta de nosotros es todo lo que somos.
También resulta importante reconocer que la familia, la comunidad y la sociedad nos sirven con su apoyo y sus reglas para contener y encauzar nuestros procesos existenciales. Nos dicen: hasta aquí sí, más de aquí no…
¡ENTENDERSE y DEJARSE AYUDAR! La clave para aquello que, si aún no nos ha tocado en ésta vida, seguramente en algún momento haremos: CUIDAR
(*) Lic. en Trabajo Social (MN 2425) y Psicooncóloga