La familia frente a la enfermedad

"Una familia es una red vincular conformada por hilos entrecruzados", define la profesional y se pregunta; "¿es posible que, en cualquier red, algún miembro caiga sin que en su caída arrastre a otros?"

Cuando un miembro de una familia se enferma toda la red vincular, de una u otra manera, se mueve.

 

¿Qué cree usted que es la familia? Piense en la suya… no importa cuán compleja, funcional o disfuncional sea. Es como pudo, como puede… Nos detendremos en este punto.

Para poder hablar de la familia frente a la enfermedad, es necesario ponernos de acuerdo sobre el sentido de la palabra familia.

¿Cuáles son las imágenes de familia que circulan en nuestra sociedad? Si pensamos en la televisión, por ejemplo, varias han sido las series que tienen a distintos tipos de familias como protagonistas. De acuerdo con la edad que tengamos, recordaremos algunas más que otras: la familia Falcon, Bonanza, La Caldera del Diablo, los Ingalls, los Simpsons…

Vamos a detenernos en estas dos últimas, porque ambas alcanzaron un enorme éxito mostrando modelos de familia que son diametralmente opuestas.

La familia Ingalls

Durante cerca de una década (entre 1974 y 1983), la serie La familia Ingalls presentó la historia de un grupo humano capaz de salir airoso y sonriente de toda situación, por más difícil que esta pareciera. Ni los incendios, ni las muertes, ni la perdida de la cosecha, ni las enfermedades, ni la falta de comida lograban desunirlos. Y no solo eso: nada conseguía siquiera que perdieran la calma, la sonrisa, la dicha. Todos los capítulos alcanzaban el mismo final feliz: los Ingalls permanecían siempre juntos, aunque en el transcurso del episodio hubiera sucedido la peor de las tragedias.

Los adultos nunca mostraban sus flaquezas. Las respuestas sobre la educación de los hijos, el matrimonio, la economía, los distintos proyectos, y aun ante las situaciones inesperadas, eran siempre claras, confiables y consensuadas con la pareja. Los que seguíamos la serie admirábamos a esa familia, pero por momentos podíamos sentir esa historia demasiado alejada de la realidad de nuestras vidas.

Los Simpsons

En diciembre de 1989, algunos años después de que finalizara La familia Ingalls, se estrenó una serie de animación que se convirtió en uno de los más grandes éxitos de la historia de la televisión: Los Simpsons. Desde entonces, grandes y chicos se reúnen para seguir las peripecias de esta familia cuya existencia dista mucho de la apacible e idílica vida de los Ingalls. En ese sentido, podríamos pensar que los Simpsons muestran la conflictiva realidad familiar de un modo menos idealizado. Eso no quiere decir que sean el reverso, la cara negativa de la familia perfecta que representaban los Ingalls. Después de todo, Homero, Marge, Bart, Lisa y Maggie también consiguen al final de cada capítulo sobreponerse a las situaciones difíciles y mantenerse siempre unidos. Pero se trata, sin duda, de modelos muy distintos. Por un lado, la forma en que se desarrollan las historias en Springfield, la ciudad donde viven los Simpsons, se aleja mucho de lo que ocurría en la pequeña casa de la pradera de la familia Ingalls. Malos hábitos, malos tratos, malas palabras, malas acciones se suceden continuamente, aunque al final las cosas se arreglan y llegan a un final feliz. Por otro lado, en esta serie, las características de los miembros de la familia están divididas de acuerdo con el género. A los personajes masculinos, Homero (el padre) y Bart (el hijo mayor), se les atribuye un patrón de conducta desviado. Sus acciones suelen estar ligadas a lo grosero, lo inmoral, los vicios, lo alejado de la cultura y las buenas costumbres. Las mujeres de la familia, Marge (la madre) y Lisa (la hija), aportan la moral, la razón, el equilibrio. Ambas están interesadas en diversas expresiones artísticas y culturales, y son justas, honestas y solidarias con los demás.

Teniendo en cuenta esta breve presentación de las familias de estas dos series, si tuviéramos que elegir entre una y otra, ¿cuál diríamos que se parece más a la nuestra? Si lo pensamos detenidamente, con seguridad, responderemos que ninguna. No nos podemos ver reflejados en los Ingalls, donde todo parece siempre demasiado perfecto; ni en los Simpsons, donde los varones hacen todo mal y los conflictos son violentísimos y constantes. Estas familias televisivas pueden entretenernos, pero no constituyen un modelo con el que nos podamos identificar.

La familia como red

Nuestro “recorrido televisivo” no nos ha otorgado, entonces, una “definición” general de lo que es la familia. ¿Por dónde buscarla? El Diccionario de la Real Academia Española tampoco nos ayuda en este sentido. Afirmar que la familia es un “grupo de personas emparentadas que viven juntas”, no nos dice demasiado…

¿Sera acaso que no hay modelos para imitar, que cada familia es a su manera con un estilo original y propio? Efectivamente, podemos decir que la familia es una construcción particular, original y exclusiva. Como cada uno de los integrantes que la conforman. Y, sin perder de vista esta singularidad, proponemos nuestra definición: una familia es una red vincular conformada por hilos entrecruzados.

A partir de esta imagen, podemos hacernos algunas preguntas… ¿Es posible que, en cualquier red, algún miembro caiga sin que en su caída arrastre a otros? ¿Permitimos que nuestra familia funcione como red? Es importante plantearnos seriamente esta pregunta. ¿No somos muchas veces nosotros mismos quienes impedimos la distribución de las tareas? ¿Damos espacio al resto de nuestros familiares para que, a su modo y en la medida de sus posibilidades, colaboren con las actividades de la casa, o los cuidados de alguien que nos precisa? ¿Aprovechamos el tiempo en que delegamos la responsabilidad para relajarnos y distraernos un poco? O siempre nos quedamos para controlar que todo suceda como a nosotros nos parece.

En síntesis: cuando un miembro de una familia se enferma toda la red vincular, de una u otra manera, se mueve, se siente afectada. No hay forma de tensar el hilo de una red sin provocar movimientos en ella. PARA TENER EN CUENTA!

Por Silvina Ambrosini | Lic. en Trabajo Social MN 2425 | Psicooncóloga