En su casa de barrio La Cava, donde vive con su mujer y cinco hijos, Sergio Palma combate el frío con una estufa hogar. La imagen del humo que sale de su chimenea se repite por los techos de todo el barrio, donde la leña se impone como el principal medio de calefacción.
Sergio cobra una pensión por ser discapacitado, y no por casualidad trabaja en la venta de leña, ya que muchos de sus clientes son sus vecinos. Sin embargo, la madera no es barata, y los 200 kilos que hacen falta para pasar una semana cuestan alrededor de 600 pesos.
La ayuda no llega
Cuando le falta trabajo o dinero, se dedica a la venta de arena para las obras de construcción y, desde que le fue amputado un brazo, cobra una pensión por discapacidad. Sin embargo, no recibe ayuda alimentaria de ningún tipo, de ningún estamento del Estado.
Por otro lado, aunque el frío cale los huesos como en estos días, no hay más remedio que los chicos vayan y vuelvan caminando al Ipem 29 de barrio Las Quintas, donde tienen clases.
En barrio Salto de Malvinas, Roxana Barrera y sus tres hijas se valen del gas envasado para atenuar el frío. Usa una estufa eléctrica para calentar la pieza de las nenas, y una pantalla para el resto de la casa, pero la garrafa de 10 kilos le dura apenas 3 días.
"El precio de la garrafa de 10 kilos estaba a 170 pesos el año pasado, este año la vendían a 200 y el sábado, cuando fui a buscar esta última, ya costaba 220 pesos", explica la mujer. Con esto, destina alrededor de 2.000 pesos por mes sólo para calefacción.
Casualmente, para ahorrar dinero, optó directamente por construir una estufa hogar.
Roxana hizo el trámite para cobrar el programa Hogar de la Anses en abril, pero hasta ahora no le depositaron el dinero.
Sus hijas, que también van al colegio Bernardino Rivadavia de barrio Las Quintas, vienen zafando hasta ahora de las enfermedades invernales. "¡Las abrigo tanto que cuando vienen del colegio parecen ekekos, de tanta ropa que tienen! No se me pueden enfermar, porque los remedios están carísimos", explica.
Sostén de familia, Roxana se las ingenia para generar ingresos sin un trabajo fijo. Hoy se dedica a la venta de ropa, después de haber buscado trabajo durante largo tiempo. “Te diría que no hay nada para mí, porque busqué por todos lados y no me llamaron nunca", confiesa.
Viviendas precarias
La casa de Roxana es de buena construcción y el interior mantiene una temperatura confortable.
Sin embargo, a metros de allí, hay una vivienda por de más humilde que no tiene puerta. En su lugar, han puesto una larga manta que llega hasta el suelo, pero es difícil imaginar que pueda ofrecer algo de reparo.
No es la única, por cierto. A lo largo de la cuadra, y en toda la costa del río Cuarto se repetirán imágenes muy similares: aberturas mal colocadas, con una luz de varios centímetros; ventanas sin vidrios o cubiertas con plásticos; techos distanciados de las paredes por donde se cuela el frío.
Vecina del barrio Islas Malvinas, Elena Carranza vive con su marido y seis hijos en la costa del río.
Para calentarse usan leña y gas envasado, y por suerte cobran el subsidio del Plan Hogar, que les acredita el importe de una recarga de 10 kilos por mes. No obstante, necesitan al menos 3 garrafas por mes.
"Usamos principalmente la estufa a leña. Nos conviene porque la busca mi marido y la trae él. El invierno es duro para los pobres. Por ejemplo, la ropa de abrigo para los chicos cuesta el doble que la de los grandes", comenta Elena, quien también tiene una copa de leche en su casa, cerca de la zona de las areneras.
"Yo soy ama de casa y mi marido hace changas con el carro, pero aflojó mucho el trabajo y más ahora con este frío. Hay varios vecinos que están muy complicados con el frío. A algunos de ellos les he entregado frazadas y muchas veces también vienen a buscar ropa de abrigo", comenta la mujer.
Epidemia de bronquiolitis
Las malas condiciones de hábitat atentan directamente contra la salud en épocas como éstas.
Según la opinión del médico del dispensario número 5 de Villa Dalcar, Javier Bertola, “la falta de una temperatura adecuada en la casa, al igual que la falta de cuidados de higiene personal, como lavado de manos y ventilación de los ambientes, favorecen la aparición de enfermedades respiratorias".
En el dispensario 5, que atiende a los pacientes de buena parte de la costa del río, cada día tienen 7 consultas por este tipo de afecciones en pacientes adultos. En el caso de los niños, reciben un promedio de 6 pacientes con afecciones respiratorias por día, principalmente, por bronquiolitis.
Por su parte, la médica Ingrid Waisman, de Neoclínica, indicó que también al sector de la salud privada llegó la “epidemia de bronquiolitis”, con una veintena de niños internados y en aislamiento.
“Los niños y adultos mayores son más sensibles a las enfermedades, y las viviendas y las condiciones de vida precarias predisponen a contraer estas enfermedades. Lo mismo ocurre con el hacinamiento, y sería deseable que a ningún ciudadano le toquen estas desventajas”, reflexionó la profesional.
Miles de familias vulnerables
Los datos estadísticos indican que una gran parte de la población carece de los beneficios del gas natural y, además, no tiene acceso a otros medios de calefacción.
El último relevamiento territorial de la ONG Techo (2016) señala que Río Cuarto tiene 1.640 familias -o unas 6.800 personas- viviendo en asentamientos informales, sectores de la ciudad donde la mayoría de los pobladores no tiene título de propiedad de la tierra ni acceso regular a los servicios básicos.
Un dato que viene al caso es que, allí, el 87,5 por ciento de los hogares usa leña o carbón para calefaccionarse.
Leonardo Brochero