“La tecnología no es neutral, implica decisiones políticas”, sostiene la especialista Verónica Xhardez. Antropóloga y doctora en Ciencias Sociales, advirtió que los datos del Estado no están seguros con el software privado porque los fabricantes pueden disponer de ellos para lo que sea sin rendir cuentas de nada.
Xhardez emplea el concepto de soberanía tecnológica para entender la política informática oficial: si los gobiernos son dueños o no de su propia información y la de la población.
“La soberanía tecnológica es la capacidad de los Estados de entender y controlar por completo qué hace la tecnología que está utilizando. La única forma de acceder a esto, en el caso de la tecnología, es a través del software libre. El software libre permite tener acceso al código fuente y tener control sobre la seguridad y auditabilidad de la tecnología”, asegura la especialista.
Xhardez, que dio una charla en el marco del Diplomado en Economía Social que se dicta en la UNRC y abordó los puntos de contacto entre el modelo cooperativista y el del software libre, se mostró crítica con las políticas que se llevan adelante desde el gobierno nacional.
Avances y retrocesos
Si bien admite que “hay avances en el uso de software libre de parte de algunos municipios, o la propuesta de software liberado para resolver algunos problemas de gestión, que van de la mano de iniciativas puntuales de grupos de personas que están dentro del Estado, como por ejemplo la iniciativa de los datos abiertos y que usa el software libre”.
Por otro lado, manifiesta que hay retrocesos como el achicamiento de programas como Conectar Igualdad, que incluía la entrega de computadoras con software libre. “O contrataciones de empresas multinacionales gigantes, que se contraponen a estas líneas de software libre y ponen en riesgo la soberanía tecnológica. Lo he visto en diferentes ministerios”.
¿Implica un riesgo sobre el manejo de datos el hecho de tener software privado?
Cualquier software privado que gestiona datos puede usarlos para cualquier finalidad, sin que sepamos cuál es su destino. El poder que tiene el que controla el software lo ejerce también sobre los datos. Hubo casos recientes en los que grandes empresas estuvieron implicadas en escándalos por el uso ilegal de datos. Esto, referido a la gran cantidad de datos que los millones de usuarios de las redes sociales cargan habitualmente. Por el otro lado, está la perspectiva de los datos abiertos de gobierno y sobre eso hay iniciativas sobre las que se va avanzando. Tal vez los datos que se están abriendo no sean los más oportunos, pero hay una definición. Allí intervienen actores que no son los gobiernos, que algunos llaman infomediarios y que tienen que ver con estas organizaciones públicas y privadas, ONG, espacios políticos que utilizan los datos abiertos para mostrarlos a la ciudadanía y transformarlos en información y conocimiento para mejorar las políticas públicas.
Datos personales
¿Los usuarios particulares de internet pueden tener certezas de qué destino van a tener los datos que suben?
Hay leyes que dicen que los datos no pueden ser utilizados para un fin distinto del cual fueron otorgados. Pero esto es realmente imposible de que se cumpla, porque los permisos que les vamos a dando a las aplicaciones sólo nos informan de lo que van a hacer esas aplicaciones. No creo que sea algo que se puedan controlar a nivel masivo, sino que las leyes se van a ir acomodando a los usos prácticos de las nuevas tecnologías. Las regulaciones siempre llegan tarde. En lo individual, uno tendría que poder elegir las mejores aplicaciones, o ir al extremo y no usar dispositivos tecnológicos que rastreen y que elaboren perfiles de usuarios a espaldas de éstos. Esto no se puede controlar desde el Estado. En lo personal, creo que hay que educar a las personas sobre cómo utilizar las tecnologías, cómo nos las apropiamos y las controlamos. Pero, como todo cambio cultural, esto llevará tiempo.
¿Qué rol deberían asumir los Estados?
La tecnología no es neutral y las decisiones que toma un gobierno sobre el software que usa tampoco; son decisiones políticas y no tecnológicas. Desde mi perspectiva, hay un acuerdo en que los Estados tienen que ser proactivos en el uso de software libre, por muchos motivos. Desde la seguridad hasta la perennidad de los datos, la apropiación real de las tecnologías. La soberanía tecnológica es una más entre los derechos que se consagraron en favor de los ciudadanos, como por ejemplo la soberanía alimentaria, energética y otras.
¿Qué puntos de contacto hay entre cooperativismo y software libre?
Los valores de la solidaridad, la reciprocidad, el trabajo en redes, la búsqueda del bien común, la meta de que el trabajo beneficie a las sociedades que los rodean. Estos movimientos hacen contribuciones en materia de soberanía tecnológica, de independencia tecnológica, de construcción colectiva del conocimiento, de desarrollo.
“La soberanía tecnológica es la capacidad de los Estados de entender y controlar por completo qué hace la tecnología que está utilizando. La única forma de acceder a esto, en el caso de la tecnología, es a través del software libre. El software libre permite tener acceso al código fuente y tener control sobre la seguridad y auditabilidad de la tecnología”, asegura la especialista.
Xhardez, que dio una charla en el marco del Diplomado en Economía Social que se dicta en la UNRC y abordó los puntos de contacto entre el modelo cooperativista y el del software libre, se mostró crítica con las políticas que se llevan adelante desde el gobierno nacional.
Avances y retrocesos
Si bien admite que “hay avances en el uso de software libre de parte de algunos municipios, o la propuesta de software liberado para resolver algunos problemas de gestión, que van de la mano de iniciativas puntuales de grupos de personas que están dentro del Estado, como por ejemplo la iniciativa de los datos abiertos y que usa el software libre”.
Por otro lado, manifiesta que hay retrocesos como el achicamiento de programas como Conectar Igualdad, que incluía la entrega de computadoras con software libre. “O contrataciones de empresas multinacionales gigantes, que se contraponen a estas líneas de software libre y ponen en riesgo la soberanía tecnológica. Lo he visto en diferentes ministerios”.
¿Implica un riesgo sobre el manejo de datos el hecho de tener software privado?
Cualquier software privado que gestiona datos puede usarlos para cualquier finalidad, sin que sepamos cuál es su destino. El poder que tiene el que controla el software lo ejerce también sobre los datos. Hubo casos recientes en los que grandes empresas estuvieron implicadas en escándalos por el uso ilegal de datos. Esto, referido a la gran cantidad de datos que los millones de usuarios de las redes sociales cargan habitualmente. Por el otro lado, está la perspectiva de los datos abiertos de gobierno y sobre eso hay iniciativas sobre las que se va avanzando. Tal vez los datos que se están abriendo no sean los más oportunos, pero hay una definición. Allí intervienen actores que no son los gobiernos, que algunos llaman infomediarios y que tienen que ver con estas organizaciones públicas y privadas, ONG, espacios políticos que utilizan los datos abiertos para mostrarlos a la ciudadanía y transformarlos en información y conocimiento para mejorar las políticas públicas.
Datos personales
¿Los usuarios particulares de internet pueden tener certezas de qué destino van a tener los datos que suben?
Hay leyes que dicen que los datos no pueden ser utilizados para un fin distinto del cual fueron otorgados. Pero esto es realmente imposible de que se cumpla, porque los permisos que les vamos a dando a las aplicaciones sólo nos informan de lo que van a hacer esas aplicaciones. No creo que sea algo que se puedan controlar a nivel masivo, sino que las leyes se van a ir acomodando a los usos prácticos de las nuevas tecnologías. Las regulaciones siempre llegan tarde. En lo individual, uno tendría que poder elegir las mejores aplicaciones, o ir al extremo y no usar dispositivos tecnológicos que rastreen y que elaboren perfiles de usuarios a espaldas de éstos. Esto no se puede controlar desde el Estado. En lo personal, creo que hay que educar a las personas sobre cómo utilizar las tecnologías, cómo nos las apropiamos y las controlamos. Pero, como todo cambio cultural, esto llevará tiempo.
¿Qué rol deberían asumir los Estados?
La tecnología no es neutral y las decisiones que toma un gobierno sobre el software que usa tampoco; son decisiones políticas y no tecnológicas. Desde mi perspectiva, hay un acuerdo en que los Estados tienen que ser proactivos en el uso de software libre, por muchos motivos. Desde la seguridad hasta la perennidad de los datos, la apropiación real de las tecnologías. La soberanía tecnológica es una más entre los derechos que se consagraron en favor de los ciudadanos, como por ejemplo la soberanía alimentaria, energética y otras.
¿Qué puntos de contacto hay entre cooperativismo y software libre?
Los valores de la solidaridad, la reciprocidad, el trabajo en redes, la búsqueda del bien común, la meta de que el trabajo beneficie a las sociedades que los rodean. Estos movimientos hacen contribuciones en materia de soberanía tecnológica, de independencia tecnológica, de construcción colectiva del conocimiento, de desarrollo.

