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Un albañil destina sus ahorros para festejar el Día del Niño en su barrio

Carlos Gómez tiene frescos los recuerdos de su infancia y por eso hace un par de años que optó por organizar una celebración para que todos los chicos de la ciudad puedan pasar un buen momento

Se acerca el Día del Niño y los chicos empiezan a revolotear alrededor de la casa de la familia Gómez. “Don, ¿va a hacer el festejo?”, le preguntan de pasada a Carlos, el albañil que el año pasado organizó una fiesta al frente de su casa a la que asistieron 1.200 chicos.

“Tuve una infancia muy pobre. Hemos sido 13 hermanos, yo era el segundo de los mayores. Veía que para Navidad, Reyes o el Día del Niño otros chicos tenían un juguete y nosotros no”, recuerda Carlos.

“Eran muy humildes ellos y como él era el mayor, desde los 8 tuvo que trabajar para los hermanitos. Siempre los chicos le gustaron”, agrega Norma, su esposa. 

Hace 38 años que están casados, tienen cuatro mujeres y un varón. A sus hijos nunca les faltó un regalo para las fechas especiales. Y a sus tres nietos, tampoco. Por eso, a este hombre que casi desde la cuna le tocó trabajar  (fue panadero, canillita, ordeñó vacas, limpió cocinas y peló papas, por nombrar algunas actividades) se le ocurrió destinar una parte de sus ahorros para armar una gran celebración para los más pequeños. 

La fiesta que está organizando va a ser similar a la del año pasado. En la calle Trejo y Sanabria, entre Mártires Riocuartenses y Sadi Carnot, se arman metegoles, castillos inflables, arcos de fútbol, que se suman a los habituales juegos de la plaza -cuya instalación también estuvo a cargo de Gómez- para que los chicos tengan un agasajo especial. Además, hay música, una banda en vivo y un sorteo con premios en juguetes.

“A todos les damos un número para que participen de un sorteo por los juguetes, y una bolsita de golosinas”, explica Carlos. También entregan una merienda. “Todavía no la tenemos definida, nos está faltando”, añade Norma. El año pasado consiguieron una donación pero para este festejo no pueden contar con ella. 

“No soy de pedir. Pero este año está más duro. Hubo menos trabajo”, precisa Gómez. “Ya vamos a ver cómo nos arreglamos”, afirman con su mujer.

-¿Cómo hacen? 

-Carlos: Voy ahorrando. Yo alquilo maderas para hacer el encofrado de los techos, uno me debía un puñado de plata por acá y otro por allá, y dije: "Esto lo cobro y es para el regalo de los chicos".

-Norma: Es todo idea de él. Yo hago todo desde atrás. El que hace y deshace es él. Y este año con las chicas le decíamos: “¿Lo vas a hacer?” “Sí. Salga el sol por donde salga. Lo ahorramos”. Él se siente bien con eso.

Ni bien termina agosto, Carlos ya empieza a ahorrar para el año siguiente. El mes pasado, junto a sus hijas, viajó a Córdoba para comprar en jugueterías mayoristas. Hasta el momento, hay más de 300 juguetes, entre robots, muñecas, juegos de té, autos, motos y entre otras opciones. “Voy a tener que seguir comprando”, afirma el hombre. Además, hay 1.000 bolsitas de golosinas armadas, pero aseguran que van a faltar 1.000 más. “Aunque sea una cosita, todos se llevaron algo”, cuenta Norma. 

La familia estima que el año pasado había más de 1.200 chicos en la calle festejando el Día del Niño. 

Los vecinos se arriman y ofrecen colaborar con la organizacion del evento. El domingo 5 de agosto, las actividades comenzarán a las 14 y continuarán hasta las 18. En caso de mal tiempo, se suspende el festejo. 

-¿Cómo se enteran los niños?

-Carlos: Hicimos folletos y repartimos. Y de boca en boca. También voy a colgar un  pasacalles el domingo que dice: "Bienvenidos. Les deseo feliz Día del Niño". Eso llama la atención.

-¿Creen que la gente es solidaria en general?

-C: Sí. Pero creo que hace falta que un poco más abran su corazón.  

-N: No la gente que es más humilde, pero sí la que más tiene, porque es la que menos da. No te creen, tenés que presentar notas y justificar por qué estás haciendo eso... en cambio la más humilde capaz ni te pregunta. 

-C: También es cierto que es muy politizado el tema de dar. Yo no dejo poner ninguna bandera ni nada que sea para sacar provecho de los chicos. Ni en el pasacalles está mi nombre. 



El festejo de cumpleaños



En la esquina de Trejo y Sanabria y Sadi Carnot, Carlos está construyendo un salón de fiestas. 

“Quiero apurarme para llegar al día del festejo”, confiesa. Si bien el lugar está pensado para ponerlo en alquiler, Carlos tiene otra idea que va de la mano: ponerlo a disposición de los niños del barrio para que puedan celebrar su cumpleaños de manera gratuita. Por eso, durante la celebración va a realizar un sorteo para que desde septiembre hasta agosto, una vez al mes, una niña y un niño puedan hacer uso del salón sin costo alguno.