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"Las consecuencias de volver a encerrarnos serían irreparables; para pacientes y familiares"

Susana Strumia es licenciada en psicopedagogía, se formó en neuropsicología para tratar siempre con adultos mayores, fundamentalmente, en el diagnóstico de demencias

“A mí me gustaba mucho la educación y la psicología, dentro de las posibilidades que ofrecía la Universidad Nacional de Río Cuarto, la psicopedagogía era una carrera que me resultaba atractiva ante mi vocación. En quinto año, el Dr. Víctor Lovell, neurólogo, me sugiere hace una formación en la especialidad de neuropsicología, en aquel momento la carrera de psicopedagogía estaba orientada a niños y adolescentes, no estaba la psicología evolutiva de la tercera edad y tampoco estaban tan orientada a salud, parecía bastante utópico pensar que mientras hacíamos practicas con niños, el Dr. Lovell me invitaba a una formación para diagnosticar las patologías de trastornos cognitivos, la mayoría demencias”, empieza contando Susana Strumia, Lic. en psicopedagogía (MP 221561).

Emprende su capacitación en Buenos Aires donde realiza su residencia en el Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (Cemic) con el Dr. Ricardo Alegre y con varios neurólogos de diferentes lugares. Además bajo sugerencia también del Dr. Lobel se acerca al grupo ALMA (Asociación de Lucha contra el Mal de Alzheimer) para conocer a las familias y al paciente, “desde ahí comencé un camino muy genuino porque todo lo que uno leía en la teoría lo podía corroborar con las familias y sus testimonios, confirmé que esto me gustaba”.

¿Cuáles son los trastornos cognitivos y qué busca la valoración?

Los trastornos cognitivos tienen que con muchas otras patologías más allá de la demencia, hablamos también de trastornos de orden psiquiátrico, ACV, esclerosis múltiple, Parkinson, no solo supone acompañar un deterioro sino también la rehabilitación cognitiva. Cuando vuelvo a Río Cuarto, empecé a hacer lo que hace 21 años que estoy haciendo que es valoración neurocognitiva, rehabilitación, estimulación cognitiva y el asesoramiento a las familias.

La valoración tiene por objetivo determinar el estado cognitivo actual de la persona entonces con distintos test, que evalúan memoria, atención, lenguaje, orientación en tiempo y espacio, funciones ejecutivas, capacidad de tomar decisiones, uno logra una evaluación. Esos resultados se comparan con una escala de acuerdo a la edad y el nivel educativo para poder determinar si le deterioro es propio de la edad, y eso marca un perfil neurocognitivo normal, o tenemos que hablar de un rango patológico leve, moderado o severo. Siempre me dediqué a adultos, yo me formé en eso y fui pionera acá en Río Cuarto, creo que no podría, ni sabría cómo trabajar con niños.

¿Cuáles son las señales de olvido a las que prestar atención?

Sabemos que los olvidos forman parte de la vida cotidiana, están presentes y son poli-causales, podemos tener 20 años y tener olvidos, a los 40 también por la multitarea y las exigencias de la vida diaria, o estar en los 60 y estar empezando a tener olvidos. Lo que tenemos que prestar atención es si esos olvidos interfieren en el desempeño de la vida cotidiana, me puedo olvidar dónde dejé los anteojos, me puedo olvidar el nombre de un actor, una fecha, pero cuando ya hay un impacto en la funcionalidad, por ejemplo, me olvidé a mi hijo en el colegio, me olvidé un pago importante; son significativos e interfieren en la vida cotidiana.

Susana Strumia, Lic. en Psicopedagogía

Ese es el concepto de la demencia cuando el déficit tiene que ser lo sufrientemente importante para impactar en lo laboral, en lo familiar, en lo social, estar atentos a eso. Cuando ya no puedo seguir siendo la mamá que era, la profesional que era, la esposa que era, la amiga, entonces eso es a lo que más tenemos que estar atentos, cuando el olvido trasciende lo cotidiano. Y es importante la frecuencia de ese olvido.

¿Cuánto evoluciona tu especialidad y te implica capacitarte?

La evolución y la capacitación, como en todos los ámbitos de la salud, está avanzando muchísimo y las neurociencias avanzan día a día. Primero porque no sabíamos cómo un virus, como este, impactaba en cuadros antes conocidos y además porque la tecnología avanza día a día. En niveles de rehabilitación nos exige también una capacitación permanente.

¿Cómo fue ese impacto del Covid en tus pacientes?

Nos hemos cuidado tanto del virus que hemos descuidado todo lo NO Covid. Puntualmente en mi ámbito tenemos consecuencias directas por pacientes que han sufrido la enfermedad y tienen consecuencias neurológicas. La niebla mental, la pérdida de memoria, la pérdida de atención, la lentitud han impactado en la velocidad de procesamiento de la información, esta fatiga y este cansancio que se siente a nivel físico también se siente a nivel cognitivo, hay dificultades para dar respuesta y para reaccionar en los pacientes Covid directamente.

A nivel no Covid, en cuanto lo psiquiátrico, las consecuencias son muy importantes, encontramos trastornos de ansiedad, de sueño y depresiones; en cuanto a lo neurológico la estimulación cognitiva ecológica que es el encontrarse con los otros, con los pares, con la familia, ir a determinado lugar, manejar el cajero, ver qué ropa me pongo para ir a determinado lugar, la compra de farmacia, todo eso que era la ejercitación en la vida cotidiana de repente se tuvo que anular para cuidarnos del virus y esto significó un avance en patologías que venían siendo diagnosticadas y en otras patologías solapadas aun no diagnosticadas que el aislamiento provocó.

¿Qué pasaría si tuviésemos que volver a una fase 1 de total encierro?

Ruego que no nos vuelvan a encerrar, mas allá de una decisión de salud pública, nos ha costado mucho volver a reincorporar las terapias, que los cuidadores domiciliarios y los acompañantes terapéuticos vuelvan a las casas, que se abrieran los centros de rehabilitación, nos costó mucho que se crearan las medidas de bioseguridad para volver a tener todos esos espacios. Además los adultos mayores ya están vacunados, por eso espero y deseo que no se vuelva a cerrar todo porque las consecuencias son irreparables, en el paciente y en la familia.

Para una familia esto implica todo un reaprendizaje, hemos visto familiares que se han enfermado y han fallecido porque el paciente con demencia, con un deterioro moderado o severo, no entendió lo que pasaban, no sabe para qué sirve el barbijo, el alcohol, el distanciamiento, al tenerlos encerrados implicó que se escapen por la ventana, se enojaban, sin tener noción del riesgo.

El familiar llegó a niveles de estrés muy elevados porque no venían los cuidadores, ni las empleadas domésticas, y todas las ayudas se cortaron, el nivel de estrés de la familia ha sido muy grande. Creo que tenemos que aprender a convivir con este virus, espero que se reabran los centros de recreación, talleres socio-recreativos, sería lo ideal para promover la salud mental y la salud física cuidando al paciente y la familia.

¿Existen tabúes respecto de tener un familiar con esta condición?

Creo que se está evolucionando favorablemente, antes sí había mucho más tabúes. Había un encierro, tapar, no decir, vergüenza, cómo lo voy a llevar; ahora la familia entiende que los amigos son núcleo de contención, son un soporte para todo esto, entonces que el amigo sepa que se olvida, que te va a preguntar de nuevo, que no se va a comportar como lo hacía antes.

Poder hablar con amistades, grupos, vecinos realmente es muy liberador para la familia y se dan cuenta que pueden volver a distintos lugares, antes sí era de mucho tabú, daba mucha vergüenza, pero ya no.