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El bosque animado

Ensamble de Percusión formado por músicos de la Orquesta Académica del Teatro Libertador San Martín (Córdoba) y del Conservatorio Superior de Música Julián Aguirre (Río Cuarto) ofreció un concierto cuya calidad expresa la riqueza de los trabajos de intercambio, tan poco habituales.

La sala, que había permanecido iluminada a pleno y a telón abierto, con todo el instrumental de percusión a la vista, se oscurece de pronto. Y lentamente, a medida que se evidencian focos lumínicos diseminados por distintos rincones, los sonidos se apoderan del ambiente.

Son sonidos dispersos, casuales, casi onomatopéyicos, si es que esta palabra puede asociarse al lenguaje de la música. Y el espectador queda atrapado por una sensación rara y profunda, como si desde el más intenso silencio emergieran los sonidos indefinibles de la noche.

Pero esas primeras sensaciones no quedan allí sino que, cuando se hace la luz plena nuevamente, y a medida que se suman los músicos al escenario, esos fragmentos se transforman en un corpus de potencia inusitada y delicada sutileza.

Con Anibal Borzone en la batuta, cuando el Ensamble interpreta “Woven Tales”  una obra de Jared Spears, uno de los grandes compositores contemporáneos para percusión, aquel aparente desorden estremecedor se integra en un sonido envolvente y compacto.

Una formación instrumental pocas veces visto en la ciudad, hace estallar las vibraciones múltiples de una pieza que permite el desarrollo de ese corpus que va envolviendo a la platea con su originalidad y su enjundia.

En ese desarrollo compacto aparece la riqueza de esta conjunción musical que rompe los moldes, aunque hace rato que la percusión dejó de ser relleno, y que se puntualizará, avanzado el concierto, con las presentaciones episódicas de grupos pequeños.

En adelante, tras los aplausos, la aparición de esas pequeñas formaciones servirán para da cuenta de piezas breves piezas a través de las cuales de los instrumentos puedan dimensionarse en su particularidad gracias a la desenvoltura y el talento de los intérpretes.

Empezando por “Engine Room” de James Campbel para percusión solista, pasando por la fineza de “Orgel”, la potencia de “Tri-go!” de David Tarin Díaz e incluyendo en un apartado especial, “Table music”, de la serie creada por Therry de Ney que resultó particularmente descollante por su explosión minimalista. 

Segmento protagonizado plenamente por artistas nuestros, esa música que surge de la nada, devuelve a un espacio de la niñez, con algo así como tres niños (que no lo son ya Daniela Gallo, Rafael Pereno y Julio Escudero) utilizando sus manos para jugar.

Claro que ese juego, genera un entramado de rasgueos y golpes, gestos fragmentarios que van construyendo desde la más absoluta sencillez de recursos una magistral exploración de los lugares secretos en los que lo informe se hace música, como si se estuviese de nuevo en el comienzo del concierto.

A esa sucesión de pequeños entremeses de fino gusto, se le cuela un nuevo protagonismo de ese factótum del desarrollo de la percusión en esta ciudad que es Julio Escudero, cuando se hace cargo de la batuta para propulsar una intensa y colorida versión de la conocida y bella “Suite popular brasileira” de Ney Rosauro.

De modo tal que cuando regresa el maestro Anibal Borzone (quien sembró la primera semilla en el Julián Aguirre) ya todo está clavado y plantado para que una ovación cierre el concierto al compás de la versión para percusión de la “Sabre Dance”, la “Danza del Sable” de Aram Kachaturian.

Con la interpretación de ese famoso ‘ostinato’, movimiento del acto final del ballet “Gayaneh” que evoca la habilidad de los sablistas armenios, la oscuridad inicial se ha transformado en pura luz gracias a la música, que transformó aquella espesura en un bosque animado, y rutilante.

Para destacar

Dos cosas para destacar en el contexto de ese excelente concierto, especialmente la

singularidad de este intercambio, (con la figura de Hadrián Ávila Arzuza como impulsora) que pone en contacto distintas formaciones institucionales del ámbito provincial y local (a las que debe sumarse la participación de la Fundación por la Cultura local) y que deviene en una argamasa de singular riqueza no sólo por la calidad del trabajo sino por la interrelación que permite entre músicos, casi todos ellos muy jóvenes, en la perspectiva de un desarrollo que ojalá no se detenga en este encuentro.

El otro subrayado con los nombres de los integrantes del elenco: Rodrigo Martinez, Paula Marino, Romina Rivarola, Maximiliano Federice, Agostina Spoto, Abril Besso Pianetto, Daniela Gallo, Jesús Palacios, Flavia Oviedo, Maximiliano Busquet, Laura Gonzalez, Rafael Pereno, Mariana Bellandi, Iván Giuliano, Santiago Tonda, Enzo Cabana,  Octavio Gazal, y Leandro Reartes, y de la participación de Veronica Baldasarre (piano), cuya interpretación hizo posible la belleza musical surgida del encuentro.

Ricardo Sánchez. Especial para Puntal