Teatro: reseña 2018
Con desniveles, estrenos locales muy destacados y cuatro o cinco excelente creaciones venidas de otros rumbos, cierra un año teatral que deja como saldo, además, la posibilidad de un desarrollo a futuro y la confirmación de algunos trabajos fecundos que trascienden de puertas adentro, como los del grupo “Las hijas de Susú” y otros que afirman su calidad andando caminos como los de Kika Producciones.
-“Tres cajas para Pandora”. Presentada en un contexto ad hoc, la obra adquirió una persistencia relevante, pero no sólo en términos de desarrollo dramático de una militancia, sino también, y acaso especialmente, por el desarrollo de una mordiente singularmente expresiva.
La pieza genera un mecanismo dramático homogéneo y movilizador que grita rebeldía sin otro énfasis que la expresión de tres mujeres que son todas las mujeres; y que abren cajas, tres, para recoger los dones que durante siglos les han sido negados. Lo interesante, además de la reivindicación histórica que implanta, es la potente dramaturgia que consiguen generar Jorge Varela y Daniela Fuentes, quien además es una de las tres poderosas intérpretes: ese entramado desgarrador de distintos fragmentos que dejar poderosa constancia de un poner el cuerpo eminentemente femenino.
-“Funeral, qué solos se quedan los muertos”, creación del grupo Malditos Teatro con texto y dirección de Miguel Romano pivota sobre ese limbo que sucede en los velorios, en los que nunca se sabe si hablar sobre la muerte o sobre la vida, sobre lo trivial o lo trascendente. Aunque el título lo sugiera la obra no desarrolla ni por asomo una perspectiva “Becquer”, sino más bien todo lo contrario: no se trata de un desgarramiento romántico sino de una mirada irónica desarrollada desde el realismo.
Tres personajes, sólidamente interpretados por Luisina Vergnano, Gisela García y Luciano Ciriliano, que representan diferentes relaciones con el muerto y su familia, perfilan miradas que generan una graciosa y a la vez inquietantee laxitud, nacida de la capacidad de tomar distancia de la tragedia inevitable, a partir del humor.
-“La resiliencia, (cantata de los “perejiles”) no es una pieza para salirse de rositas, sucede en un clima de profundo desasogiego, rozando el desconsuelo, ya que hunde su mirada, y el resto de los sentidos, en el terreno del desquicio, allí donde nuestro ‘estar en el mundo’ parece una pendiente irreversible, atrapado en una maquinaria cuyos engranajes sólo se lubrifican con el sojuzgamiento.
Hernesto Mussano crea esta como un maremágnum de voces que se solapan y acumulan, que tiene la apariencia de un espectáculo de feria, con varios quiosquitos esperpénticos y que tiene la forma de un panóptico, donde todo parece estar encerrado y en disolución, con acentos de pesadilla. Y a esa percepción responden las desligadas interpretaciones de Susu Abella, María Gatica y Pachi Falcatti, absolutamente acordes con esas criaturas que, encerradas y conducidas por un corredor estrecho con un final incierto y en el que todos estamos espiados.
"Fedra en Karaoke"
En una de las varias visitas del grupo Teatro del Bardo, ese magnífico proyecto teatral desarrollado desde Paraná, Entre Ríos, trajo esta pieza basada en el mito de Fedra, recogido por Eurípides en su obra “Hipólito” sobre el que provoca un giro expresivo desgarrador y de imponente impacto dramático. Lo hace presentando el tema en medio de Fiesta Karaoke, y a través de un personaje travestido que, en ese contexto, verbaliza los vericuetos trágicos de la obra original, con una perspectiva que se abre paso desde la caricatura, y se expresa en los márgenes del kitch. Eso genera una expresión potente y particularmente corrosiva, surgida del contraste entre el tópico de la representación trágica y el marco de referencia elegido en este caso. Con una actuación imponente de Juan Kohner, la puesta de Valeria Folini expresa una aguda y despiadada mirada acerca del encapsulamiento de los procederes morales y de las relaciones de poder, en acuerdo con las identidades sexuales.
“Misa murguera”
Especie rara de comedia musical, género propio con fuentes acendradamente teatrales, la murga estilo uruguayo debe incluirse en este apartado por eso aquí se celebra la visita de la “Falta y Resto” con sus figuras emblemáticas y seis voces de mujer dándole sentido a esta nueva celebración de su liturgia arrabalera y rebelde, volviendo a Momo por otro camino. Haciéndolo mujer, llamándolo Juana provoca una inversión de sentido y logra ir más allá de las apariencias y de las acusaciones acerca de una “conversión estratégica”. En esta misa hay una liturgia nueva, con perfume de mujer, que emociona y penetra hasta los huesos, respetando la rebeldía original de la murga, que nunca de calla, que cala cuando incomoda, que desnaturaliza los discursos sociales y da un paso adelante para reclamar por una de las tantas justicias que nos faltan.
“Cóctel”
El excelente titiritero argentino Manu Mansilla trajo esta pieza que aborda temas como la identidad, la libertad y la muerte de una manera libre, osada y deslenguada, que se perfila con intensidad muy diferente, aunque casi siempre de acusada mordacidad, desde historias que son narrada en diálogos punzantes, divertidos y estremecedores entre el titiritero y sus personajes. Luis, Nelly, Papelín, y La muerte, convertidos en vehículos de una imponente combinatoria de diversas técnicas del teatro de objetos, que el talento de Mansilla abre de las formas preestablecidas, desarrollando una apabullante libertad dialógica en la que cada respuesta del público resuena en la actitud de los personajes.
“Bufón”
Otra de las grandes piezas del año, sostenida por una imponente actuación de Julieta Daga, interpretando a una bufona de lengua filosa, inmersa en un singular traje que juega como vestuario, escenografía e identificación visual del personaje y de su situación. Desde allí, jugando recursos actorales de notable maleabilidad, la actriz va ejecutando un crescendo dramático que se intercala con observaciones humorísticas, con alguna canción (la interpretación de “Flor de fango”, a media voz, tipifica el desgarro general de la pieza) en un despliegue a través del cual la realidad se desgrana y se cae en pedazos en cada una de las interpelaciones dirigidas directamente al público como un arma arrojadiza, destripando la función tópica del bufón, en una vuelta de tuerca poderosa y atrevidamente diseñada por la dramaturgia de Luciano Delprato. con un resultado inquietante, teatralmente poderoso y abrumador.
“Bilis negra”
Una mujer desnuda y en lo oscuro, yacente. Un sonido reticular que destruye el silencio sepulcral que parece aconsejar la situación. Con eso se encuentra el espectador que ingresa a la sala. Esa figura transpone a Fedra. La figura de la tragedia clásica que, despojada “in extremis”, habla (y hablará), aunque está muerta, ejecutando ella misma el acto que por lo general hacen otros sobre los cuerpos yertos: practica su propia sólo que en lugar de vísceras lo que expone son emociones, rastros de una persistente melancolía. Apoyado en la oscura puesta en escena de Daniela Martín y en la interpretación poderosa de Maura Sajeva, la pieza despliega un “streptease” que reemplaza el temblor de lo sexual por otro temblor, acaso vecino, que es el de la definitiva angustia ante la muerte, frente al vaciamiento del cuerpo.
Para chicos y no tanto
-“Cómicos del 900”. La Compañía de Títeres El Chonchon pauta esta pieza de teatro de títeres para adultos, como un homenaje al cine mudo y lo desarrolla con apabullante simpleza, y con gran sensibilidad. Utiliza la técnica de títeres de guante y con la ayuda de un trabajo de luces que entrelaza la puesta, representan a Carlitos, a “El gordo y el flaco”, a “Cantinflas”, y otros ícono del cine de la época, con una destreza que no sorprende dados los antecedentes del dúo que conforma la compañía, pero que abreza con su despliegue de recursos despojados que remiten a la máxima pureza del género.
-El año fue rico en expresiones teatrales específicamente dedicadas al público infantil, no sólo por la programación habitual de las vacaciones de invierno sino porque hubo durante el año, especialmente dentro del ciclo A Puro Teatro, varias funciones de ese calibre. Y algunas muy destacadas, por caso: "Soltando los Pajaritos de la Cabeza", “Polen un héroe hecho de Flores", "Sin Salabín El Mago Draculín", “La Andariega",“En un lugar muy cercano", con presencias internacionales no siempre disfrutadas por el público que merecían.
-Destacada y diferentes expresiones circenses: “El circo del más acá” y la aventura interior de payaso Pericoloso; “Encuentro”, la visita de la Compañía La Class Excéntricos que trajo de nuevo a su ciudad natal a Marcelo Luján, acompañado por la brasileña Daniela Rocha, un relato sobre las relaciones de amistad; “¿Me llevás”. El grupo C.U.A.C., surgido del taller de artes del circo de la UNRC presentó un espectáculo digno de ser subrayado por la búsqueda de un desarrollo que entrelaza las suertes habituales con una búsqueda de expresión argumental y las excelentes presentaciones del 12° Festival Internacional de Circo.
En recuadro
-La creación del grupo taller “Barraca teatral”, por impulso de la presencia de Patricio López Tobares, un hombre de teatro con vasta y rica experiencia, fue una de las grandes noticias teatrales del año. Hacía tiempo que no existía una convocatoria abierta de este tipo, que viniera a sumar una nueva perspectiva de enseñanza y producción. Más allá de los desniveles de su primera puesta, acaso apresurada en el tiempo, vale saludar esta iniciativa y promover decididamente su continuidad.
-Este año, además de la programación, con sus desniveles habituales y un aceptable protagonismo de elencos locales, hubo algunos cursos y seminarios que abren una nueva perspectiva.
En especial el que tuvo como figura referencial a Ariel Dávila, sobre dramaturgia, que se desarrolló durante dos meses y que ha abierto una perspectiva singular en el sentido de contar, en adelante, con textos dramáticos de autores locales que además traten tema ligados de la cotidianeidad y referenciados en nuestro entorno. Queda abierta la expectativa.
-El crecimiento de los trabajos unipersonales: por un lado la multiplicación de los trabajos de stand up, prohijados por el trabajo de Cuca Luján y que dejó un racimo de nuevos cultores y algunas figuras emergentes destacadas, como Jazmín Mosquera; y en ra especialidad, la ratificación de condiciones del joven mago Angus Molina, que hizo reverdecer una práctica que parecía desparecida entre nosotros y mostró una particular capacidad para conectarte en la cercanía del público.
-La permanencia de un estilo en dos expresiones diferentes pero con puntos de contacto en su apuesta por la comedia: por un lado la incursión de Bravo Compañía Artística en ese ámbito con títulos de su propia creación, con un costado musical como “A calzón quitado” y más convencional como “Un taxi por favor”; y por el otro la continuidad de las producciones de los elencos ligados a la dirección y creación dramática de Daniel Provens.
-La persistencia protagónica de los narradores orales, con mucha actividad durante todo el año, y especial a través de la edición 2018 de Narrapalabra Festival internacional de contadores de historias, que revivió la maravilla del simple acto de contar a través de la gran capacidad de narradores de España, Cuba, Bolivia, Perú, Venezuela, Colombia, Brasil y del gran aporte de los nuestros y tuvo expresiones individuales destacada "La Caja de los Cuentos Voladores 2", de la riocuartense “Pequitas” acerca de los vericuetos de la memoria, y de la persistencia emocional que procuran los relatos como su reservorio natural.
La pieza genera un mecanismo dramático homogéneo y movilizador que grita rebeldía sin otro énfasis que la expresión de tres mujeres que son todas las mujeres; y que abren cajas, tres, para recoger los dones que durante siglos les han sido negados. Lo interesante, además de la reivindicación histórica que implanta, es la potente dramaturgia que consiguen generar Jorge Varela y Daniela Fuentes, quien además es una de las tres poderosas intérpretes: ese entramado desgarrador de distintos fragmentos que dejar poderosa constancia de un poner el cuerpo eminentemente femenino.
-“Funeral, qué solos se quedan los muertos”, creación del grupo Malditos Teatro con texto y dirección de Miguel Romano pivota sobre ese limbo que sucede en los velorios, en los que nunca se sabe si hablar sobre la muerte o sobre la vida, sobre lo trivial o lo trascendente. Aunque el título lo sugiera la obra no desarrolla ni por asomo una perspectiva “Becquer”, sino más bien todo lo contrario: no se trata de un desgarramiento romántico sino de una mirada irónica desarrollada desde el realismo.
Tres personajes, sólidamente interpretados por Luisina Vergnano, Gisela García y Luciano Ciriliano, que representan diferentes relaciones con el muerto y su familia, perfilan miradas que generan una graciosa y a la vez inquietantee laxitud, nacida de la capacidad de tomar distancia de la tragedia inevitable, a partir del humor.
-“La resiliencia, (cantata de los “perejiles”) no es una pieza para salirse de rositas, sucede en un clima de profundo desasogiego, rozando el desconsuelo, ya que hunde su mirada, y el resto de los sentidos, en el terreno del desquicio, allí donde nuestro ‘estar en el mundo’ parece una pendiente irreversible, atrapado en una maquinaria cuyos engranajes sólo se lubrifican con el sojuzgamiento.
Hernesto Mussano crea esta como un maremágnum de voces que se solapan y acumulan, que tiene la apariencia de un espectáculo de feria, con varios quiosquitos esperpénticos y que tiene la forma de un panóptico, donde todo parece estar encerrado y en disolución, con acentos de pesadilla. Y a esa percepción responden las desligadas interpretaciones de Susu Abella, María Gatica y Pachi Falcatti, absolutamente acordes con esas criaturas que, encerradas y conducidas por un corredor estrecho con un final incierto y en el que todos estamos espiados.
"Fedra en Karaoke"
En una de las varias visitas del grupo Teatro del Bardo, ese magnífico proyecto teatral desarrollado desde Paraná, Entre Ríos, trajo esta pieza basada en el mito de Fedra, recogido por Eurípides en su obra “Hipólito” sobre el que provoca un giro expresivo desgarrador y de imponente impacto dramático. Lo hace presentando el tema en medio de Fiesta Karaoke, y a través de un personaje travestido que, en ese contexto, verbaliza los vericuetos trágicos de la obra original, con una perspectiva que se abre paso desde la caricatura, y se expresa en los márgenes del kitch. Eso genera una expresión potente y particularmente corrosiva, surgida del contraste entre el tópico de la representación trágica y el marco de referencia elegido en este caso. Con una actuación imponente de Juan Kohner, la puesta de Valeria Folini expresa una aguda y despiadada mirada acerca del encapsulamiento de los procederes morales y de las relaciones de poder, en acuerdo con las identidades sexuales.
“Misa murguera”
Especie rara de comedia musical, género propio con fuentes acendradamente teatrales, la murga estilo uruguayo debe incluirse en este apartado por eso aquí se celebra la visita de la “Falta y Resto” con sus figuras emblemáticas y seis voces de mujer dándole sentido a esta nueva celebración de su liturgia arrabalera y rebelde, volviendo a Momo por otro camino. Haciéndolo mujer, llamándolo Juana provoca una inversión de sentido y logra ir más allá de las apariencias y de las acusaciones acerca de una “conversión estratégica”. En esta misa hay una liturgia nueva, con perfume de mujer, que emociona y penetra hasta los huesos, respetando la rebeldía original de la murga, que nunca de calla, que cala cuando incomoda, que desnaturaliza los discursos sociales y da un paso adelante para reclamar por una de las tantas justicias que nos faltan.
“Cóctel”
El excelente titiritero argentino Manu Mansilla trajo esta pieza que aborda temas como la identidad, la libertad y la muerte de una manera libre, osada y deslenguada, que se perfila con intensidad muy diferente, aunque casi siempre de acusada mordacidad, desde historias que son narrada en diálogos punzantes, divertidos y estremecedores entre el titiritero y sus personajes. Luis, Nelly, Papelín, y La muerte, convertidos en vehículos de una imponente combinatoria de diversas técnicas del teatro de objetos, que el talento de Mansilla abre de las formas preestablecidas, desarrollando una apabullante libertad dialógica en la que cada respuesta del público resuena en la actitud de los personajes.
“Bufón”
Otra de las grandes piezas del año, sostenida por una imponente actuación de Julieta Daga, interpretando a una bufona de lengua filosa, inmersa en un singular traje que juega como vestuario, escenografía e identificación visual del personaje y de su situación. Desde allí, jugando recursos actorales de notable maleabilidad, la actriz va ejecutando un crescendo dramático que se intercala con observaciones humorísticas, con alguna canción (la interpretación de “Flor de fango”, a media voz, tipifica el desgarro general de la pieza) en un despliegue a través del cual la realidad se desgrana y se cae en pedazos en cada una de las interpelaciones dirigidas directamente al público como un arma arrojadiza, destripando la función tópica del bufón, en una vuelta de tuerca poderosa y atrevidamente diseñada por la dramaturgia de Luciano Delprato. con un resultado inquietante, teatralmente poderoso y abrumador.
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Una mujer desnuda y en lo oscuro, yacente. Un sonido reticular que destruye el silencio sepulcral que parece aconsejar la situación. Con eso se encuentra el espectador que ingresa a la sala. Esa figura transpone a Fedra. La figura de la tragedia clásica que, despojada “in extremis”, habla (y hablará), aunque está muerta, ejecutando ella misma el acto que por lo general hacen otros sobre los cuerpos yertos: practica su propia sólo que en lugar de vísceras lo que expone son emociones, rastros de una persistente melancolía. Apoyado en la oscura puesta en escena de Daniela Martín y en la interpretación poderosa de Maura Sajeva, la pieza despliega un “streptease” que reemplaza el temblor de lo sexual por otro temblor, acaso vecino, que es el de la definitiva angustia ante la muerte, frente al vaciamiento del cuerpo.
Para chicos y no tanto
-“Cómicos del 900”. La Compañía de Títeres El Chonchon pauta esta pieza de teatro de títeres para adultos, como un homenaje al cine mudo y lo desarrolla con apabullante simpleza, y con gran sensibilidad. Utiliza la técnica de títeres de guante y con la ayuda de un trabajo de luces que entrelaza la puesta, representan a Carlitos, a “El gordo y el flaco”, a “Cantinflas”, y otros ícono del cine de la época, con una destreza que no sorprende dados los antecedentes del dúo que conforma la compañía, pero que abreza con su despliegue de recursos despojados que remiten a la máxima pureza del género.
-El año fue rico en expresiones teatrales específicamente dedicadas al público infantil, no sólo por la programación habitual de las vacaciones de invierno sino porque hubo durante el año, especialmente dentro del ciclo A Puro Teatro, varias funciones de ese calibre. Y algunas muy destacadas, por caso: "Soltando los Pajaritos de la Cabeza", “Polen un héroe hecho de Flores", "Sin Salabín El Mago Draculín", “La Andariega",“En un lugar muy cercano", con presencias internacionales no siempre disfrutadas por el público que merecían.
-Destacada y diferentes expresiones circenses: “El circo del más acá” y la aventura interior de payaso Pericoloso; “Encuentro”, la visita de la Compañía La Class Excéntricos que trajo de nuevo a su ciudad natal a Marcelo Luján, acompañado por la brasileña Daniela Rocha, un relato sobre las relaciones de amistad; “¿Me llevás”. El grupo C.U.A.C., surgido del taller de artes del circo de la UNRC presentó un espectáculo digno de ser subrayado por la búsqueda de un desarrollo que entrelaza las suertes habituales con una búsqueda de expresión argumental y las excelentes presentaciones del 12° Festival Internacional de Circo.
En recuadro
-La creación del grupo taller “Barraca teatral”, por impulso de la presencia de Patricio López Tobares, un hombre de teatro con vasta y rica experiencia, fue una de las grandes noticias teatrales del año. Hacía tiempo que no existía una convocatoria abierta de este tipo, que viniera a sumar una nueva perspectiva de enseñanza y producción. Más allá de los desniveles de su primera puesta, acaso apresurada en el tiempo, vale saludar esta iniciativa y promover decididamente su continuidad.
-Este año, además de la programación, con sus desniveles habituales y un aceptable protagonismo de elencos locales, hubo algunos cursos y seminarios que abren una nueva perspectiva.
En especial el que tuvo como figura referencial a Ariel Dávila, sobre dramaturgia, que se desarrolló durante dos meses y que ha abierto una perspectiva singular en el sentido de contar, en adelante, con textos dramáticos de autores locales que además traten tema ligados de la cotidianeidad y referenciados en nuestro entorno. Queda abierta la expectativa.
-El crecimiento de los trabajos unipersonales: por un lado la multiplicación de los trabajos de stand up, prohijados por el trabajo de Cuca Luján y que dejó un racimo de nuevos cultores y algunas figuras emergentes destacadas, como Jazmín Mosquera; y en ra especialidad, la ratificación de condiciones del joven mago Angus Molina, que hizo reverdecer una práctica que parecía desparecida entre nosotros y mostró una particular capacidad para conectarte en la cercanía del público.
-La permanencia de un estilo en dos expresiones diferentes pero con puntos de contacto en su apuesta por la comedia: por un lado la incursión de Bravo Compañía Artística en ese ámbito con títulos de su propia creación, con un costado musical como “A calzón quitado” y más convencional como “Un taxi por favor”; y por el otro la continuidad de las producciones de los elencos ligados a la dirección y creación dramática de Daniel Provens.
-La persistencia protagónica de los narradores orales, con mucha actividad durante todo el año, y especial a través de la edición 2018 de Narrapalabra Festival internacional de contadores de historias, que revivió la maravilla del simple acto de contar a través de la gran capacidad de narradores de España, Cuba, Bolivia, Perú, Venezuela, Colombia, Brasil y del gran aporte de los nuestros y tuvo expresiones individuales destacada "La Caja de los Cuentos Voladores 2", de la riocuartense “Pequitas” acerca de los vericuetos de la memoria, y de la persistencia emocional que procuran los relatos como su reservorio natural.