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Dos testimonios con fuerte impacto emocional y escaso valor probatorio

Los dichos de Valentina y Facundo Macarrón frente a los jueces conmovieron al auditorio, aunque no dejaron elementos de pruebas para incriminar al empresario que ellos señalan como el principal sospechoso del crimen de su madre: Michel Rohrer

Los hijos de Nora Dalmasso, Valentina (31) y Facundo Macarrón (34), provocaron ayer un fuerte impacto emocional entre los que estuvieron en la sala de juzgamiento de la Cámara Primera del Crimen: cada uno con su impronta, hicieron público su apoyo incondicional a la postura defensiva de su padre y reiteraron el nombre de la persona que creen que mató a su madre.

El lunes, frente a los periodistas, habían adelantado que se reservarían ese momento -el de las declaraciones testimoniales- para llevarle al tribunal las pruebas y los indicios contra la persona a la que ambos señalan como el principal sospechoso de haber matado a su madre: el empresario Michel Rohrer, examigo de la familia.

Pero el objetivo pareció quedar a medio camino, pues ninguno de los dos testigos acercó nuevos elementos de juicio que puedan comprometer al empresario que en su momento fue investigado en la causa.

“Siempre se buscó al culpable dentro de la familia”, reprochó Valentina Macarrón, la mujer que tenía 15 años cuando asesinaron a su madre. A poca distancia de ella -sentado en una de las butacas destinadas al público- estaba su pareja y, más cerca aún, a escasos dos metros Marcelo Macarrón no cesaba de llorar.

Con esfuerzo, Valentina logró contener las lágrimas cuando le tomaron el juramento, el resto de su alocución se cumplió entre intervalos de llanto.

La licenciada en nutrición contó que estaba en un intercambio del Rotary Club en Chicago, cuando recibió la llamada de su padre que le pedía que tomara el primer vuelo a Argentina porque su madre había sufrido un accidente.

Evocó que en el aeropuerto la esperaban dos hombres para traerla a Río Cuarto, uno de ellos era Rohrer. “Cuando pregunté donde estaba internada mi madre, uno me dijo una clínica y el otro me dijo otra: ahí supe que algo malo había pasado”.

Las sospechas

La hipótesis de Valentina, más tarde refrendada por su hermano Facundo, es que El Francés -como apodan a Rohrer- estaba en Río Cuarto cuando mataron a Nora. Y narró una situación de asedio de Rohrer hacia su madre. “Ella era muy bonita y Rohrer la miraba mucho”.

Contó que cuando iban a la estancia Cacique Bravo, propiedad del empresario, Rohrer solía alzar a las mujeres y tirarlas a la pileta en forma brusca. “A una de las que tiraba era mi mamá, era como una forma de acoso, es una persona muy violenta, horrible, yo le tengo mucho miedo”, confió entre lágrimas.

Valentina
“Fuimos unidos como familia, esto nos destrozó a todos”, dijo Valentina Macarrón.

“Fuimos unidos como familia, esto nos destrozó a todos”, dijo Valentina Macarrón.

La hija de Nora agregó que a los seis meses del crimen de su madre, Rohrer vendió la costosa vivienda que tenía en el Country San Esteban y se marchó de Río Cuarto.

No lo volvió a ver por mucho tiempo y, ocho años después, su padre, ella y su hermano lo cruzaron nuevamente en la fiesta de cumpleaños de una tía. Fiesta a la que Rohrer habría irrumpido en forma “prepotente”.

“¡Pero mirá quiénes están acá, los Macarrón! -decía-. Fue una situación horrible, yo me largué a llorar. Para mí, estaba drogado, pasado de vuelta”, comentó.

Para ese entonces, el nombre de Rohrer ya había figurado en la causa judicial. Sin embargo, los hermanos Macarrón coincidieron en que nunca fue investigado en profundidad y hasta pusieron en entredicho la autenticidad de la prueba de ADN que le tomaron para cotejar con material obtenido en la escena del crimen.

Ayer, volvieron a colocar a Rohrer en el centro de las sospechas aunque sin pruebas ni indicios que puedan dar un vuelco al juicio.

Lo que sí lograron tanto Facundo como Valentina Macarrón fue generar en la sala la empatía frente al dolor por la pérdida de su madre y por el maltrato y la desconsideración que parte de la prensa le prodigó a la figura de Nora Dalmasso.

¿Encuentro secreto?

Si el testimonio de Valentina Macarrón estuvo marcado por la emotividad, el de su hermano lució más calculado y prolijo.

Por momentos, fue apuntalado por Marcelo Brito, con preguntas que lo ayudaban a mantener la coherencia y el hilo del relato.

El episodio con el que Facundo arrancó su testimonio sacudió al auditorio, pues dejó traslucir la sospecha de que su madre hubiera pactado un encuentro con Rohrer la noche que la asesinaron.

Contó que ese fin de semana pensaba regresar de Córdoba a la casa familiar pero su madre se mostraba renuente y por eso decidió que iría el fin de semana siguiente. “Eso fue algo que con los años me hizo ruido”.

El fiscal Julio Rivero, volvió a preguntarle sobre ese aspecto.

-¿Está diciendo que su madre pudo haber concertado un encuentro con Rohrer? - le preguntó.

-Sí, eso creo después de haberlo pensado todos estos años. -Reiteró el testigo.

Facundo dijo que con las mismas pruebas que hoy existen en la voluminosa causa, “tranquilamente podría ser Rohrer quien esté sentado en el banquillo de los acusados”.

“Nosotros veníamos teniendo sospechas contra él, es un empresario de mucho poder económico, muy machista, violento, asqueroso, muy prepotente”, enumeró.

Se mostró indignado porque estándo acusados -primero él y luego su padre- también debían cumplir el rol de investigadores. “Nos tuvimos que hacer cargo de buscar la verdad estando imputados”.

El episodio con el que Facundo arrancó su testimonio sacudió al auditorio, pues dejó traslucir la sospecha de que su madre hubiera pactado un encuentro con Rohrer la noche que la asesinaron.

Cómo lo hiciera Brito al comenzar el juicio, el mayor de los hermanos cargó contra los tres fiscales que imputaron a algún miembro de la familia: Javier Di Santo, Daniel Miralles y Luis Pizarro. “A estos fiscales se les permitió que nos hicieran bolsa”, afirmó.

El hombre que en la actualidad se desempeña en un rol diplomático en Bélgica confió que durante los 5 años que estuvo imputado en la causa sufrió un calvario. “No podía salir del país, no me detuvieron porque no tenían pruebas, pero no tuvieron piedad ni de mí ni de mi familia”, relató.

Cuando llegó el resultado de la prueba genética del FBI, Facundo Macarrón fue sobreseído. Pero el alivio entre los Macarrón duró un suspiro, al poco tiempo quien acababa imputado en la causa era Marcelo Macarrón.

“Nos cuestionan que no reclamamos Justicia y no es así. Teníamos que aportar las pruebas y a la vez defendernos. ¡Cómo pedir Justicia a los mismos que nos perseguían!”, se preguntó.

Sobre el final pidió: “nos humillaron como familia, necesitamos un poco de paz. Hacer el duelo por mi mamá. Curarnos”.

Radaelli: “Nora no se hubiera quedado quieta”

Los Radaelli y los Macarrón eran familias vecinas que siempre tuvieron una relación cordial. Por eso, cuando Nené Grassi les telefoneó preocupada por su hija, Pablo Radaelli no dudó en salir a inspeccionar la casa de la Calle 5 número 627.

Entonces se topó con la trágica escena.

El vecino que hoy tiene 87 años y una enfermedad neuronal no pudo declarar ayer -una junta médica evaluará si está o no en condiciones de evocar algo que sucedió hace años.

Quien sí lo hizo fue uno de sus hijos, Adrian Radaelli. Contó que cuando subió junto a un guardia le llamó la atención que “todo estaba demasiado ordenado” y otro cosa que generó suspicacias fue que la mujer que yacía con el doble lazo de un cinto de toalla en su cuello no mostrará signos de reacción frente al ataque.

“Conociéndola a Nora, ella se hubiera defendido, no se hubiera quedado quieta”, comentó Radaelli.