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"Firmenich todavía habla como si el tiempo no hubiera pasado"

La periodista María O´Donnell contó a Puntal cómo fue su encuentro con el exlíder de Montoneros en España. A pocos días de haber publicado "Aramburu", el libro en el que aborda el origen de la agrupación guerrillera, aseguró que no tiene dudas de que la organización fue la encargada de secuestrar y ejecutar al dictador.
La periodista María O´Donnell contó a Puntal cómo fue su encuentro con el exlíder de Montoneros en España.  

Después de cuatro años de investigación, la periodista María O´Donnell publicó “Aramburu, el crimen político que dividió al país”, donde aborda el origen de Montoneros, la organización guerrillera que en 1970, hace 50 años, secuestró y asesinó a Pedro Eugenio Aramburu, el expresidente de facto que fue uno de los responsables del golpe contra Juan Domingo Perón en 1955, bajo la autodenominada “Revolución Libertadora”. En diálogo con Puntal, la autora de uno de los libros con mayor repercusión del momento señaló que el exlíder de la agrupación, Mario Firmenich, “todavía habla como si el tiempo no hubiera pasado” y brindó detalles sobre cómo fue el encuentro que mantuvieron en España.

-Aunque se trata de una historia que la mayoría de la población registra (la aparición de Montoneros a través del secuestro y asesinato del dictador), en su libro abordó algunos puntos que no eran tan conocidos, ¿cómo fue el trabajo para llegar a “Aramburu”?

-Fue todo un desafío porque es una historia cuyo final se conoce perfectamente. Hay una generación que la vivió y hay nuevas generaciones que, mínimamente, tienen una idea respecto a que Montoneros nació con el secuestro y el crimen de Aramburu (presidente de facto entre 1955 y 1958). Darle actualidad y dimensión al hecho fue un trabajo que me llevó mucho tiempo. También me llevó tiempo encontrar a los protagonistas de entonces, algunos de los cuales están vivos, o a los familiares (de los que ya no están), como el caso del hijo de Aramburu. Me pareció atractivo que el libro cabalgara entre el pasado, con una reconstrucción de la época, y el presente.

-Al leer el libro, da la sensación de que las personas que entrevistó, a excepción de Firmenich, tenían necesidad de expresarse y dar su versión sobre lo ocurrido, ¿lo notó de esa manera?

-En el día a día de la actividad periodística se trabaja más urgido por los tiempos. En este caso, me tomé cuatro años de investigación para el libro. En ese tiempo, uno tiene la posibilidad de volver a consultar fuentes. Incluso, yo consulté varias veces a las fuentes durante el libro. Es decir, al arrancar, al avanzar (ante alguna duda) y también después de haber escrito. Por eso, esa disponibilidad le da otra capa, porque se pudo profundizar más.

-¿Qué le pasó con Mario Firmenich (exlíder de Montoneros)?

-Viajé a Barcelona (España) y pude compartir un almuerzo con él. Por un lado, Firmenich es el único testigo vivo que conoce los sucesos ocurridos en La Celma (la estancia ubicada en Timote, provincia de Buenos Aires, donde asesinaron a Aramburu tras un “juicio revolucionario”), por lo que su palabra es importantísima. Y, por el otro, es alguien muy reticente, que hace más de 20 años que vive recluido en España. A Firmenich le cuesta mucho salir de esa situación porque tiene mucho repudio de parte de la población (en Argentina). Él se aferra mucho a las cosas que ya dijo. Todavía habla de una manera como si el tiempo no hubiera pasado. Verlo y conocerlo fue muy impactante. Físicamente está muy parecido a quien fuera en su juventud. Aunque más canoso, se lo reconoce fácilmente.

-En algún punto parece enojado con su realidad. Reniega del lugar que le ha dado la historia y de los que lo buscan para obtener su testimonio…

-Claro, Firmenich no quiere seguir hablando del pasado, él quiere que lo consulten para hablar del presente, algo raro. Él fue el único jefe de Montoneros desde 1972 hasta su disolución, por lo que es alguien que tiene muchísimo para contar sobre su historia, cosa que, hasta ahora, he hecho muy selectivamente. Es decir, le ha dado algunos reportajes a Felipe Pigna. En su momento, cuando fue indultado (por Carlos Menem) y salió de la cárcel en los 90, brindó algunos reportajes, pero hay muy poco sobre Firmenich. Incluso, se ha negado a escribir sus memorias. Es alguien que se aferra mucho a lo que ya contó en su momento, que no quiere revisar aquello y que pretende que lo inserten en el debate actual, cosa que no pasa.

-Sobre el crimen de Aramburu se han dicho muchas cosas en estos 50 años. Una de las teorías es que el gobierno del entonces presidente de facto Juan Carlos Onganía estuvo detrás del secuestro y asesinato…

-Yo no encontré evidencias para sostener la sospecha que tiene un importante sector del entorno de Aramburu que asegura que hubo una complicidad desde la dictadura de Onganía, con la intervención de los servicios de inteligencia del Ejército. Yo no encontré ninguna evidencia sólida en ese sentido. Sin embargo, en el relato de Firmenich sí encontré ciertas inconsistencias o piezas que faltan. Es decir, no está claro que Fernando Abal Medina (quien fue ultimado a los pocos meses del crimen del dictador) haya sido el único que le disparó a Aramburu en el sótano de La Celma. Ahora, no tengo dudas de que los montoneros fueron los que secuestraron y ejecutaron a Aramburu.

-Otra de las cuestiones que aborda el libro es el intercambio de cuerpos (de Eva Perón y de Pedro Eugenio Aramburu), algo bastante particular en la historia argentina…

-Sí, que las luchas se proyecten sobre los cuerpos habla del nivel de los enfrentamientos. (Mientras estuvo secuestrado) Aramburu quiso convencer a Montoneros de que él había salvado el cadáver de Eva Perón (que fue secuestrado en 1955). Aramburu dijo que los sectores más antiperonistas de la “Revolución Libertadora” pretendían deshacerse del cadáver y que él lo rescató al llevarlo a Italia para sepultarlo con otro nombre. Más allá de eso, Montoneros mató a Aramburu y tuvo la intención de guardarse su cadáver para exigir un intercambio con el de Eva Perón. La agrupación quería forzar a Onganía para que lo devolviera. Sin embargo, el cadáver de Aramburu fue hallado (por los investigadores). Por eso, en 1974, Montoneros robó el cajón con los restos de Aramburu (del cementerio de la Recoleta) y exigió (al gobierno de Isabel Perón) que el cadáver de Eva, que ya había sido entregado a Perón en Madrid, regresara a la Argentina (hecho que terminó sucediendo).

-Usted también se refiere a que el de Aramburu fue un crimen que dividió al país, algo que parece difícil de arreglarse en el presente…

-A veces uno cree que las divisiones en nuestro país son de este tiempo. Sin embargo, si uno va más allá, se da cuenta que no. El país ya estaba divido (en 1970), debido a que hacía 15 años que el peronismo estaba prohibido. Por eso, el crimen de Aramburu fue celebrado por un sector de la resistencia peronista que sintió el hecho como una venganza, al entender que Aramburu debía pagar por lo que les había hecho al peronismo, a los peronistas y al cadáver de Eva Perón.

-¿Ha tenido repercusiones entre las personas que entrevistó una vez que el libro salió publicado?

-Sobre el final del libro aclaro que ninguno de los que hablaron es responsable de la línea que yo tomé a la hora de escribir, para liberarlos de cualquier sospecha. Más allá de eso, a excepción de Firmenich, a quien estoy intentando enviarle un libro a España a través de su mujer, tanto Ignacio Vélez Carrera (exmontonero) como Eugenio Aramburu (hijo del dictador asesinado) me agradecieron y me dijeron que sentían que había hecho un trabajo honesto y un esfuerzo por recrear la época, con lo que quedé reconfortada por eso.

Síntesis

En la sinopsis del libro de María O´Donnell publicado por Planeta se cuenta que el 29 de mayo de 1970, un grupo de jóvenes de “veintipocos años” se presentaron “a plena luz del día disfrazados de militares en la casa de Pedro Eugenio Aramburu”.

“Uno de ellos, Fernando Abal Medina, le dice: ‘General, usted viene con nosotros’. Aramburu no ofrece resistencia: cree que, en el Día del Ejército, lo buscan sus camaradas. Tres días más tarde, en una quinta de Timote, provincia de Buenos Aires, esos jóvenes, constituidos en tribunal revolucionario, lo sentencian a muerte por el golpe de 1955 contra Juan Domingo Perón, por la prohibición del peronismo, por los fusilamientos de civiles y militares y por el robo del cadáver de Eva Perón”, agrega.

“Lo ejecutan y guardan su cuerpo: no lo entregarán hasta que aparezca el de Evita. Así nace Montoneros, una organización de la que nadie había oído hablar, que pondría en jaque el poder cívico-militar de esos años”, concluye el resumen de “Aramburu”.