¿Por qué la "tolerancia cero" no alcanza?: el problema del alcohol al volante en Río Cuarto
La Ley de Tolerancia Cero muestra sus límites: brecha entre norma y cultura del volante en Río Cuarto; y sentencias polémicas como la del caso Marcos Aguilar
Río Cuarto vive un contraste notorio. En el marco regulatorio, la Ley Provincial 10.181 de Tolerancia Cero —junto con la ordenanza de adhesión municipal— establece la prohibición absoluta de conducir con alcohol en sangre.
Sin embargo, en las calles, el alcohol al volante continúa siendo un factor recurrente en los accidentes de tránsito: algunos fatales. Desde la Costanera y el macrocentro hasta las esquinas de barrios como Alberdi o Banda Norte, la conducta urbana muestra una brecha preocupante entre lo que exige la legislación y lo que ocurre al conducir.
El debate se intensifica tras sucesos puntuales, como la resolución judicial por la muerte de Marcos Aguilar, el joven de 18 años fallecido tras ser embestido en la esquina de Pedro Goyena y Liniers.
El caso no es el único en los últimos meses que tuvo un desenlace trágico. Puntualmente se juzgó al conductor por circular sin licencia, cruzar en rojo y bajo los efectos del alcohol, cristaliza una tragedia repetida: la sanción punitiva o la sentencia penal llegan cuando el daño es irreversible. Por este hecho, Luis Mancinelli (el acusado) recibió 4 años y 6 meses de prisión, más 8 años de inhabilitación.
Frente a esta realidad, surge una pregunta central para la seguridad vial local: ¿por qué la prohibición legal de alcoholemia cero no alcanza para frenar los siniestros viales?
La paradoja entre la ley y la cultura
Existe un desfase estructural entre la norma sancionatoria y los hábitos de la población. La ley prohíbe la presencia de alcohol en sangre al manejar, pero el problema excede los controles de tránsito nocturnos y se asienta en cómo se consume alcohol en la sociedad.
Así lo explica a Puntal Verónica Delgado, psicopedagoga especializada en consumos, docente de la UNRC y coordinadora del dispositivo territorial de SEDRONAR en Río Cuarto, organismo que opera bajo los lineamientos de la Ley Nacional de Salud Mental.
"El alcohol es la sustancia legal de mayor prevalencia e impacto sociosanitario en nuestra comunidad, pero su consumo está profundamente naturalizado", advierte la especialista.
Desde la labor asistencial comunitaria, se identifican pautas marcadas según la edad: entre los jóvenes el consumo sería intensivo y concentrado en los fines de semana (episódico o binge drinking), asociado a la nocturnidad y eventos festivos. En cambio en adultos, sería de progresión diaria, frecuentemente en solitario y combinado con psicofármacos sin prescripción médica.
El punto crítico para la siniestralidad vial radica en cómo se distorsiona la percepción del peligro al ingerir bebidas alcohólicas.
"Esa misma naturalización del alcohol es la que anula la percepción del riesgo. Al no registrarse el peligro, disminuyen las prácticas de cuidado y eso impacta de lleno en la siniestralidad vial", remarca la coordinadora de SEDRONAR.
Consumo problemático: intervenir antes del colapso
Desde el dispositivo SEDRONAR Río Cuarto señalan que abordar los accidentes de tránsito requiere pasar de un enfoque puramente represivo a una estrategia amplia de Reducción de Riesgos y Daños. Este paradigma asume que los consumos existen en la sociedad actual y prioriza la prevención sobre la sola prohibición.
"Trabajamos desde la reducción de riesgos y daños partiendo de una premisa: los consumos existen. No se trata de prohibir ni de negar, sino de problematizar. Un episodio de violencia o conducir bajo los efectos del alcohol son situaciones de consumo problemático, y no requieren que exista una adicción diagnosticada para que debamos intervenir", señala Verónica.
El obstáculo principal es que la consulta preventiva es escasa. De acuerdo con el registro del centro territorial, las personas rara vez acuden por una autorreflexión temprana; las solicitudes de ayuda se desencadenan ante situaciones de colapso: crisis o ruptura de los vínculos familiares, episodios de violencia, accidentes de consecuencias significativas, descompensaciones agudas de salud mental o deterioro físico.
Más allá de las multas
La experiencia en el territorio confirma que la tolerancia cero al alcohol es una herramienta valiosa pero insuficiente si funciona aislada de otras políticas públicas.
Para cerrar la brecha entre la norma y lo que sucede en la calle, se destaca que existen medidas de corto plazo que resultan efectivas para intervenir de forma directa sobre la problemática:
- Controles de tránsito dinámicos: Implementar operativos aleatorios en horarios críticos y zonas periféricas para romper con la previsibilidad de los puestos fijos y aumentar la efectividad disuasiva.
- Alternativas de transporte nocturno seguro: Garantizar opciones de movilidad nocturna de madrugada, cuya escasez actual empuja a muchos conductores a utilizar vehículos particulares tras consumir alcohol.
- Reeducación y trabajo comunitario obligatorio: Acompañar las sanciones económicas o la inhabilitación del carnet con instancias formativas sobre consumos problemáticos y seguridad vial, evitando que la pena sea un mero trámite administrativo.
- Fortalecimiento del tejido comunitario: Promover espacios de participación activa para jóvenes y herramientas de cuidado colectivo que ayuden a reconstruir la percepción del riesgo en el ámbito social.
La ley fija el límite en los papeles; la reducción de los siniestros viales exige transformar la conducta cultural. Mientras el consumo de alcohol al volante no sea abordado de manera integral y comunitaria, la distancia entre la legislación y la calle continuará cobrándose vidas en la ciudad.