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Liliana, la restauradora de la locomotora de Mackenna

La vecina de la localidad es la encargada, junto con dos compañeros, de recuperar la máquina del tren, que data de 1911. La tarea es parte de un proyecto de la Secretaría de Obras Públicas

Apenas asoma el sol, pasadas las 6 de la mañana, Liliana Giacomelli junto con sus dos compañeros arrancan con la ardua tarea de restaurar la antigua máquina del tren de la estación de Vicuña Mackenna. El trabajo es intenso y en la temporada de verano con escasa sombra se vuelve arduo; sin embargo, los tres están decididos a volver a hacer brillar la locomotora como cuando llegó por primera vez a la población el siglo pasado.

La restauradora -quien es decoradora de eventos y se reconoce como una apasionada por el arte- comparte labores con Gastón Macio y Ángel Longo y desde el mes de octubre los tres se encargan de despintar a cero la máquina que data del año 1911.

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Este proyecto para la puesta en valor de la locomotora es impulsado por la Secretaría de Obras Públicas del Municipio.

“En el año 77 la máquina se colocó acá a un costado del predio del ferrocarril como monumento. Y desde esa época nadie más la tocó pero ni siquiera en ese entonces le hicieron una limpieza tan profunda como nosotros, que llegamos a la capa de pintura original”, contó Liliana a Puntal.

- ¿Cómo se dio lo de la restauración de la locomotora?

-Primero, antes de esta restauración, me llamaron de la Municipalidad -gracias a un pintor conocido- para ver si me animaba a restaurar y pintar las estatuas de la plaza. Eran San Martín y Sarmiento y yo dije que sí. Esas estatuas no se habían tocado nunca y para mí era algo fantástico. Las restauré y quedaron muy lindas, incluso las placas. Después de eso empecé a hacer unos trabajos de albañilería porque a mí me encanta todo lo que sea arte y trabajo manual. Luciana Campi (secretaria de Obras Públicas) me dio la oportunidad. Se terminó la plaza y sabía lo del tren, que iban a empezar a mejorar el lugar, y le dije a Luciana que quería restaurar la máquina del tren. Me dijo que sí, así que con el grupo que trabajo, que son dos chicos más, empezamos. Yo ya había visto que para restaurar las estatuas de la plaza necesitaba removedores y conseguí unos. Así me traje las ideas para despintar la máquina y vamos muy bien. Me encanta el trabajo y mis compañeros también son muy buenos con esto.

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-¿Cuándo empezaron con las tareas?

-Empezamos el 14 de octubre. Es un trabajo bastante arduo pero nadie nos apura porque todos saben que es bastante bravo, incluso hay chapas que están picadas, que hay que cambiarlas, también maderas. Ya comenzamos a pintar la parte de adentro para acomodarla un poco. De todos modos, tengo entendido que cuando se finalice le van a poner rejas afuera porque buscan que no la dañen, porque lamentablemente mucha gente rompe y no le da el valor histórico que tiene.

-¿Cómo son las dimensiones de la máquina?

-Tiene unos veinte metros, casi. Es una máquina del año 1911, es un patrimonio histórico. Cuando vine me emocioné y les dije a los chicos lo importante que era esto porque acá arrancó nuestro pueblo con la estación de tren, acá comenzó nuestra historia. Y para mí esto no es un trabajo, porque estar haciendo lo que a uno le gusta es algo increíble. Además siento que nuestra tarea es hermosa porque este lugar tiene muchísima importancia y hay que dársela.

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-¿Cómo sigue el trabajo una vez que limpien la locomotora?

-Ahora estamos con lo más difícil, que es despintarla, porque tiene la pintura original y arriba la han pintado. Tiene varias capas de pintura porque nunca la despintaron realmente, solo la pintaban por arriba. Y esto nos llevará al menos hasta finales de enero. Después hay que hacer el tema reparación de las chapas, que en tal caso también se podrían reemplazar con fibra de vidrio. También hay que reparar maderas en el frente y después recién viene la pintura como parte final para dejarla muy linda.

- ¿Siempre te gustó el tema de restaurar?

-Yo soy decoradora de eventos. En cuanto a restaurar comencé con algunos faroles antiguos, yo soy bastante corajuda y me animo a recuperar lo que sea. Y por eso también me animé a restaurar las estatuas de la plaza. Mi marido me trajo unas fotos de las estatuas de 1948, que en esa época estaban ya oxidadas y las pude limpiar. Yo fui la primera persona que intervine esas estatuas, eso fue algo reemocionante para mí. Y con la máquina del tren pasa lo mismo, nadie la despintó a cero como nosotros, estamos viendo los colores originales. Es realmente un patrimonio y hay muchísimas cosas que se pueden guardar para el museo, las maderas, partes de la pintura original. Es un trabajo hermoso y además de trabajar nosotros tres, muchas veces viene mi marido y también nos ayuda mi hija. En los tiempos libres que tienen se vienen y también aportan. Es algo que te da una adrenalina muy linda, esto no es como pintar una senda peatonal como hicimos en la zona de la plaza. Esto es ser parte de la historia, es un trabajo de artesano que me encanta. El arte para mí va desde la albañilería hasta la pintura, conociendo nuevos materiales y técnicas.

-¿Qué pensás restaurar después?

-Mi idea es expandir esto de recuperar locomotoras en otros lugares, en otros pueblos, plantearlo en varias municipalidades. Es algo increíble, es parte del amor y el respeto a lo que tenemos, a nuestra historia. Para mí este no es un trabajo más.

Luciana Panella. Redacción Puntal