Este año se conmemoran 50 años de la peor tragedia aérea registrada en la ciudad y la zona. Aunque para muchos es un hecho casi desconocido, fue un suceso que, por su magnitud, sacudió a Río Cuarto y Las Higueras.
Ocurrió el 5 de mayo de 1969, cuando un avión Douglas C-47 matrícula TC 28 bimotor que partió desde el Aeroparque de Buenos Aires se precipitó en el Área de Material Río Cuarto. El saldo fue 11 víctimas fatales (5 tripulantes y 6 pasajeros), entre civiles y militares.
Se trató de un siniestro desgarrador, debido a que entre los fallecidos había un matrimonio (el piloto y su mujer) y padres y madres de familia, por lo que muchos niños quedaron huérfanos.
El hecho tuvo lugar en la tarde de un día lunes, a las 17.45 horas. De acuerdo a la crónica del diario La Calle de aquel entonces, la aeronave, que estaba afectada al servicio del viejo Taller Regional, capotó y estalló cuando estaba aterrizando en la base.
Los testigos del hecho indicaron que la aeronave sobrevoló la pista con uno de los motores humeando y que, tras realizar una maniobra desesperada, terminó capotando en las proximidades del aerobar de Aerolíneas Argentinas, donde estalló y se incendió.
Quienes estaban esperando la llegada del avión nada pudieron hacer para evitar la pérdida de tantas vidas humanas. Una única mujer, la esposa de un oficial del taller, logró sobrevivir al ser despedida antes del impacto. Sin embargo, falleció horas después en un centro de salud de Río Cuarto.
Los trabajos para rescatar los cuerpos carbonizados se extendieron durante varias horas.
Al principio, la información sobre lo sucedido fue algo confusa. Nadie ajeno a la unidad militar y a la correspondiente investigación pudo acceder a la zona de la tragedia. En ese marco, circuló todo tipo de informaciones.
El artículo periodístico publicado el día después del accidente por el diario La Calle, conservado en la actualidad en el Archivo Histórico Municipal, dio cuenta de esa situación y aportó una noción del nivel de dramatismo con el que se vivieron aquellas horas.
“Se vivían instantes de hondo dramatismo en todo el ámbito del Taller Regional. Grupos de curiosos, con la gravedad reflejada en sus rostros, permanecían en las inmediaciones de la portada principal de acceso a la unidad sobre la ruta a Villa María, en las afueras de Las Higueras. El movimiento de vehículos, incluyendo varias ambulancias, era muy intenso. La guardia se tuvo que reforzar”, reza uno de los párrafos de la crónica.
El resto de los ciudadanos se fueron conmocionando a medida que la noticia se fue conociendo. Es que la mayoría de las víctimas eran personas que residían en la ciudad y en la zona. Además, se encontraban vinculadas a los diversos círculos de actividades.
En el Casino de Oficiales de la unidad militar se montó la capilla ardiente, donde se despidió a algunas de las víctimas.
En tanto, algunos de los fallecidos fueron trasladados al Cementerio de la Concepción.
De alguna manera, la ciudad se paralizó para acompañar a los familiares de los muertos. De hecho, los comercios cerraron en señal de duelo.
Aunque posteriormente hubo otros accidentes aéreos, ninguno fue tan grave como el ocurrido en 1969.
Nicolás Cheetham
Redacción Puntal
Se trató de un siniestro desgarrador, debido a que entre los fallecidos había un matrimonio (el piloto y su mujer) y padres y madres de familia, por lo que muchos niños quedaron huérfanos.
El hecho tuvo lugar en la tarde de un día lunes, a las 17.45 horas. De acuerdo a la crónica del diario La Calle de aquel entonces, la aeronave, que estaba afectada al servicio del viejo Taller Regional, capotó y estalló cuando estaba aterrizando en la base.
Los testigos del hecho indicaron que la aeronave sobrevoló la pista con uno de los motores humeando y que, tras realizar una maniobra desesperada, terminó capotando en las proximidades del aerobar de Aerolíneas Argentinas, donde estalló y se incendió.
Quienes estaban esperando la llegada del avión nada pudieron hacer para evitar la pérdida de tantas vidas humanas. Una única mujer, la esposa de un oficial del taller, logró sobrevivir al ser despedida antes del impacto. Sin embargo, falleció horas después en un centro de salud de Río Cuarto.
Los trabajos para rescatar los cuerpos carbonizados se extendieron durante varias horas.
Al principio, la información sobre lo sucedido fue algo confusa. Nadie ajeno a la unidad militar y a la correspondiente investigación pudo acceder a la zona de la tragedia. En ese marco, circuló todo tipo de informaciones.
El artículo periodístico publicado el día después del accidente por el diario La Calle, conservado en la actualidad en el Archivo Histórico Municipal, dio cuenta de esa situación y aportó una noción del nivel de dramatismo con el que se vivieron aquellas horas.
“Se vivían instantes de hondo dramatismo en todo el ámbito del Taller Regional. Grupos de curiosos, con la gravedad reflejada en sus rostros, permanecían en las inmediaciones de la portada principal de acceso a la unidad sobre la ruta a Villa María, en las afueras de Las Higueras. El movimiento de vehículos, incluyendo varias ambulancias, era muy intenso. La guardia se tuvo que reforzar”, reza uno de los párrafos de la crónica.
El resto de los ciudadanos se fueron conmocionando a medida que la noticia se fue conociendo. Es que la mayoría de las víctimas eran personas que residían en la ciudad y en la zona. Además, se encontraban vinculadas a los diversos círculos de actividades.
En el Casino de Oficiales de la unidad militar se montó la capilla ardiente, donde se despidió a algunas de las víctimas.
En tanto, algunos de los fallecidos fueron trasladados al Cementerio de la Concepción.
De alguna manera, la ciudad se paralizó para acompañar a los familiares de los muertos. De hecho, los comercios cerraron en señal de duelo.
Aunque posteriormente hubo otros accidentes aéreos, ninguno fue tan grave como el ocurrido en 1969.
Nicolás Cheetham
Redacción Puntal
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