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Entra el Francés, sale Macarrón

El tribunal que preside Daniel Vaudagna volvió a dar muestras de parcialidad al consentir una posible maniobra del imputado Marcelo Macarrón para ausentarse del juicio justo cuando declare su (¿ex?) amigo Miguel Rohrer, citado para hoy a primera hora, posiblemente junto con su esposa, Valeria. El dato lo sabían el abogado defensor de Macarrón, Marcelo Brito, y el fiscal de Cámara Julio Rivero. Ambos se reunieron a primera hora en el despacho del fiscal para consensuar el planteo que llevarían a la Cámara del Crimen.

Una funcionaria judicial corroboró el estado de salud de Macarrón y se cercioró de que el viudo consintiera que Brito lo represente en su ausencia. La única preocupación del tribunal fue ocultar al periodismo lo que sucedía mientras defensor y acusador avalaban con su habitual sincronización que las audiencias de esta semana se desarrollen sin la presencia del imputado.

Ayer los policías Dellamea, Yobstraibizer, Oyarzábal y Pereyra aportaron su cuota de intrascendencia a un proceso oral y (no tan) público que avanza en forma zigzagueante, a instancias de los caprichos de Brito, la anuencia del fiscal –devenido en insólito auxiliar- y la inconsistencia de un tribunal incapaz de conducir el debate en alguna dirección.

Las consecuencias están a la vista: el proceso se reinició recién al mediodía, sin Macarrón, con la fila de butacas destinada a sus familiares completamente vacía y solo nueve de los 16 jurados populares que iniciaron el proceso.

Comprensivo uno, compungido el otro, Rivero y Brito volvieron a mentir a coro, como ya lo habían hecho ante la primera convocatoria fallida de Miguel Rohrer, que finalmente declararía hoy. Consintieron evitarle a Macarrón el mal rato de escuchar a escasos metros cómo su (¿ex?) amigo se defiende de las acusaciones que lo tuvieron como blanco predilecto de su familia Macarrón. El propio viudo lo acusó lisa y llanamente de ser el homicida de su esposa.

El tribunal convalidó con su habitual permisividad el pedido de Brito y procuró dificultar el trabajo de los periodistas. La voz monocorde de la secretaria –un poco alterada por su indisimulado nerviosismo- leyó un breve comunicado en el que se evitó mencionar que Macarrón estaba internado en el Instituto Médico y no se precisó cuál era su diagnóstico. Horas después, ante la insistencia del periodismo, fue el propio Instituto Médico el que aclaró que Macarrón tuvo una “reagudización de patología coronaria preexistente”, ante lo cual se le realizó un “tratamiento hemodinámico intervencionista”.

Dos médicos consultados por este diario coincidieron en que el parte médico es tan escueto como inespecífico. “El diagnóstico no define si tuvo lesión de miocardio, si le han puesto un stent o le hicieron un by-pass. El juez debería pedir un informe completo y un informe hemodinámico del paciente”, advirtió uno de ellos, que aclaró: “De lo poco que dice el parte se deduce que no hubo infarto y el estado de las coronarias son propias de un paciente que está bajo una situación de estrés”. “No hay un diagnóstico preciso ni dice qué le hicieron ni qué medicación le suministraron. Es un informe muy incompleto”, coincidió otro profesional.

Permisivos

Si Macarrón está mal, si sufrió una crisis cardíaca, si está o no en condiciones de continuar asistiendo al juicio debería definirlo un estudio serio, específico y multidisciplinar. Como el que el tribunal, a pedido de Brito, solicitó para la testigo que más lo compromete en la causa. Ese estudio debería ordenarlo el tribunal, que bien podría haber dispuesto un cuarto intermedio hasta resolver la situación. Con su actitud permisiva a la jugada de Brito, consentida por Rivero, el tribunal contribuye a aumentar el descrédito en un proceso que cabalga al límite del absurdo por no citar al único amante acreditado que tuvo Nora Dalmasso, que compartió el viaje con Macarrón a Punta del Este y fue la última persona que intercambió mensajes de texto con la víctima; que no citó a Arturo Pagliari, el golfista que podría confirmar o desmentir por qué el viudo no aparece en la foto de los golfistas el sábado del crimen de su esposa –Macarrón dijo que estaba practicando con él-; que dejó declarar al vocero Daniel Lacase y a su exnovia Silvia Magallanes sin hacerles una sola pregunta que los incomodara; que no hizo ningún careo, ni siquiera entre Nidia Modesti y Daniel Zabala, que discreparon sobre la presencia del semen de Marcelo Macarrón en la escena del crimen y el cuerpo de la víctima; que no citó a los autores de la autopsia psicológica de Nora, el documento más sólido que tiene el expediente, producido por expertos a solo nueve meses de la investigación. En cambio, citaron a amigos, amigas y hasta empleadas domésticas del viudo sin ninguna relación con el homicidio; a policías que no tuvieron otro contacto que levantar la barrera de ingreso a Villa Golf, trabajadores de una hipótesis desechada –la del “perejil”- o profesionales que reprodujeron los chimentos infundados sobre los supuestos amantes de Nora.

Con estos antecedentes, sin Macarrón sentado en el banquillo, hoy Brito se podría dar el lujo de no interrogar a Rohrer. Y dejar –como hizo con Subirachs- que sea su inesperado coequiper quien haga las preguntas. Total, el fiscal no parece saber dónde está parado, ni cuál es su rol, ni qué hipótesis abrazar para justificar su triste papel (ón) en este juicio que ya superó las previsiones más pesimistas sobre el funcionamiento del Poder Judicial de Río Cuarto.

Hernán Vaca Narvaja. Especial para Puntal