Río Cuarto | Tribunales

Confirman la perpetua a Leiva por el crimen del hermano y la cuñada

Junto a su expareja liberaron la zona para que mataran a Jesús “Lee” Leiva y a su pareja, Diane Samidey. Fue el 14 de enero de 1999. Ahora, el Tribunal Superior ratificó la pena que le dieron en 2015
 
Jorge Juan Leiva, el riocuartense de 57 años que está cumpliendo condena por haber sido cómplice necesario de los crímenes de su hermano y su cuñada, tiene una larga pena por delante.



Así lo determinó recientemente el máximo tribunal de justicia de la provincia tras confirmar la condena a prisión perpetua que el 25 de febrero de 2015 le aplicara la Cámara Primera del Crimen.



El macabro episodio sucedió el 14 de febrero de 1999 en la vivienda de Leopoldo Lugones 1683 de esta ciudad. Allí convivían dos parejas: Jorge Leiva y su mujer, María Cristina Gutiérrez, junto a Jesús “Lee” Leiva y su pareja, la estadounidense Diane Samiday.



Esa noche, Lee y Diana fueron asesinados a sangre fría y durante largos años nada se supo de los autores de uno de los episodios más cruentos de Río Cuarto.



Fue el inesperado testimonio de la hija de María Cristina Gutiérrez, Paola Morlhiere -primero en la fiscalía de Javier Di Santo y luego frente a un tribunal- lo que destapó el caso y ayudó a desentrañarlo.



Morlhiere fue la testigo clave del juicio que dos años atrás le hicieron a Jorge Leiva y que terminó con prisión perpetua para él, pues con su concluyente testimonio demostró que su padrastro fue partícipe necesario de un plan urdido para eliminar a la pareja.



El recurso de casación de los abogados defensores de Jorge Leiva trató de destruir el valor de ese testimonio. Sostuvo que la sentencia no fundamentó correctamente la participación de Leiva en el plan criminal, lo que vulnera “las reglas de la sana crítica racional”.



Afirmó que de la prueba no se desprende que Jorge Leiva haya sido cómplice necesario, “sino que de ella sólo surge un encubrimiento a sus autores”. Consideraron, además, que el testimonio de Paola Morlihere fue falso y pusieron en duda que realmente haya estado en el lugar de los hechos porque, a criterio de los letrados, “no hay elementos de prueba independientes que puedan avalar su presencia en la escena del crimen como privilegiada testigo de lo investigado, siendo sólo ella prueba de su versión”.



Sin embargo, la Sala Penal a cargo de Aída Tarditti y los vocales Sebastián López Peña y María Marta Cáceres de Bollati respaldaron los dichos de Morlhiere y la decisión del tribunal riocuartense. Afirmó que en lugar de ofrecer una visión crítica sobre la totalidad de la prueba que analizó la Cámara Primera, los defensores basaron sus críticas en análisis parciales.



“Ello así, por cuanto denuncian que la conclusión condenatoria se basa exclusivamente en el testimonio de Paola Jorgelina Morlhiere, pero soslayan por completo las razones brindadas por el sentenciante en orden al cúmulo de elementos convictivos concordantes que avalan su versión dotándola de visos de veracidad”, aclaran los magistrados.



Para el Tribunal Superior, la declaración de Morlhiere se mostró “persistente” pues lo que la testigo narró por primera vez en la fiscalía de instrucción a cargo de Javier Di Santo no varió en absoluto con lo que dijo cuando la citaron a declarar en el juicio por jurado popular, “oportunidad en la que demostró evidente sinceridad e impactó en jueces técnicos y populares con uniforme impresión en cuanto a la veracidad de sus dichos”, recalca la decisión del TSJ.



Leiva, el único que fue juzgado y condenado por el doble crimen, continuará purgando la pena máxima,  y -aunque las chances de revertir el fallo condenatorio sean remotas-, podría llevar el reclamo a la Corte Suprema.



Morlhiere, la testigo que desentrañó un oscuro plan



Los que estuvieron esa mañana de febrero de 2015 en la sala de juzgamiento no olvidarán una de las escenas más dramáticas que se hayan registrado en los Tribunales locales.



La testigo Paola Morlhiere, una mujer que entonces tenía 37 años, recreó la matanza que se perpetró en la misma vivienda a la que ella había arribado por sorpresa para lavar ropa e incriminó a su madre y a su padrastro.



Mientras ella estaba descansando en una habitación, en la misma vivienda de calle Lugones 1683, tres personas que eran parte del entorno de su familia -el albañil Gustavo “Palito” Gallego y dos mujeres de nacionalidad chilena- montaron una carnicería con su tío postizo Jesús “Lee” Leiva y con la novia de éste, la ciudadana estadounidense Diane Samidey. Esa trágica noche, ella se enteraría de que quienes estaban tras la muerte de la pareja eran nada menos que su mamá y su padrastro, el hermano de “Lee”, Jorge Leiva.



“Se llevaban mal, no tanto por problemas de plata sino porque Lee se drogaba mucho y al final Jorge también empezó a drogarse. Habían puesto una parrilla juntos y se quedaban ahí hasta tarde o salían, y eso a mi mamá no le gustaba; las discusiones y las peleas eran cosa de todos los días”, contó la testigo.



Paola contó que en la casa estaban “Palito” Gallego y “dos chilenas”, una joven llamada Candy y la madre de ésta, cuyo nombre la testigo dijo no recordar.



Agregó que cuando entreabrió la puerta de su habitación pudo ver que desplomado en el piso estaba su tío Lee, “había quedado con el cuerpo inclinado contra las piernas como un sánguche”, graficó. “Diane salió corriendo de la habitación hacia el patio de luz gritando qué le habían hecho a Lee, y una de las chilenas aseguró la puerta y le dio una cuchillada en el cuello”.



La testigo relató que en un momento el hombre que le había disparado a Lee se comunicó por teléfono con su madre, María Cristina Gutiérrez, para confirmarle que habían concluido su faena. “Ya está, gorda”, le dijo.


Alejandro Fara

afara@puntal.com.ar