Con barbijo y una máscara que le cubre todo el rostro, el guardián apostado en la entrada del ala civil de los Tribunales provinciales intimida a los que acuden a uno de los dos accesos habilitados desde ayer.
Roza el metro noventa de estatura, lleva un delantal descartable celeste y en una de las manos enguantadas sostiene una “pistola” láser que apunta directo a la frente de los visitantes y, en segundos, marca la temperatura corporal.
Debajo del traje de “eternauta” se oculta el psiquiatra forense Gustavo Zanlungo, pero para constatarlo hace falta tenerlo a corta distancia y escuchar su voz.
-¿Trajo turno? Ahí el policía se lo revisa -dice Zanlungo sin abandonar el trato amable.
Es que, desde ayer, el salvoconducto que deben acreditar los abogados que acuden a los Tribunales es el turno que los habilita a movilizarse por los despachos un tiempo máximo de una hora y media, el tapaboca o barbijo y un tercer requisito inexcusable: su temperatura no debe superar los 37.5 grados. “Ese es el punto de corte, todo aquel que supere esa temperatura, no puede ingresar”, aclara el psiquiatra.
Una vez sorteado el primer retén, hay que seguir un estricto protocolo de circulación para evitar los acercamientos corporales. A primer golpe de vista, los pasillos señalizados, los carteles en las paredes y los despachos y las mamparas de vidrio que separan las barandillas de atención al público abruman y generan una sensación opresiva.
Flechas amarillas seguidas de líneas de puntos del mismo color explican que los que ingresan a los pasillos -tanto del ala civil como del ala penal- deben hacerlo por el flanco izquierdo; de esa manera evitan chocarse con los que salen del edificio, que deben moverse por el lado contrario.
Si se complica, vuelven atrás
La escena futurista será cotidiana a partir de ahora y es difícil prever hasta cuándo. “Ya es una frase gastada, pero esto es un día a día. En un primer momento, la restricción de actividades fue casi absoluta, luego fuimos evolucionando y entiendo que en las próximas semanas seguiremos en esa dirección, pero todo depende de la pandemia”, dijo el superintendente, Carlos Lescano Zurro. Y aclaró que si los casos de coronavirus hicieran que del status de zona blanca se pasara a zona roja, eso trastocaría el panorama y obligaría a retroceder con las medidas de apertura.
Es el escenario que todos quieren evitar, por eso el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) diseñó un estricto protocolo que incluye la desinfección de calzados y manos de todo aquel que ingrese a los Tribunales.
El cupo de personas que circulan por cada ala es clave para el COE, por eso la Superintendencia consensuó con el Colegio de Abogados de Río Cuarto y con el área de infraestructura del Poder Judicial que por turno no circulen más de 60 personas al mismo tiempo, en cada cuerpo del polo judicial.
“Hasta ahora todo se viene dando con bastante normalidad”, coincidieron en el mediodía del lunes Losano Zurro y el presidende del Colegio de Abogados, César Avendaño.
Hacia el interior de las barandillas, cada dependencia volvió a instalar la atención al público, con el mínimo de personal indispensable.
Esa fue la consigna que bajó desde el Tribunal Superior: que se retome el servicio presencial pero con el menor número de empleados posible.
Así, en los Tribunales de Río Cuarto Lescano Zurro estimó que concurrirá un 50 por ciento de la plantilla total de empleados.
“Algunas oficinas decidieron que irán rotando el personal, otras no. Pero en todos los casos, se fijó el número de gente indispensable para que no se resienta la actividad, y el resto seguirá trabajando en forma remota”, explicó.
Con este panorama, una de las funciones que más podrían resentirse es la de los notificadores, porque la mayoría de ellos se encuentra dentro de las edades de riesgo. “Es probable que el diligenciamiento de las cédulas nos vaya a llevar más tiempo”, reconoció el superintendente.

