El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció ayer que planea mandar "entre 2.000 y 4.000" miembros de la Guardia Nacional a la frontera con México y adelantó que "probablemente" se quedarán allí hasta que se complete la construcción del muro a lo largo de toda la frontera con México.
Casi en paralelo, el presidente de México, Enrique Peña Nieto, le pidió a su par en el vecino del norte que no vuelque su "frustración por asuntos de política interna" en su país y le recordó que está dispuesto a negociar, "pero siempre partiendo de la base del respeto mutuo", expresó en un video publicado por su oficina en las redes sociales.
"Si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos", sentenció.
Trump había firmado el miércoles una orden para desplegar "lo antes posible" un número no determinado de miembros de la Guardia Nacional en la frontera con México, en un intento por mostrar su lado más duro en lo que él llama la guerra contra la inmigración ilegal.
En declaraciones a periodistas en el avión que lo llevaba de vuelta a Washington desde Virginia Occidental, Trump dio ayer los primeros detalles de la decisión que tomó el miércoles y que desató una reacción de repudio inmediata en el país vecino.
Primero el Senado mexicano exigió a Trump respeto para el pueblo de México y solicitó al gobierno de Peña Nieto suspender la cooperación bilateral en materia de migración y delincuencia organizada hasta que el líder estadounidense "se conduzca con civilidad y respeto".
Ayer, la Cancillería mexicana se sumó a este rechazo, pero con más diplomacia.
En un comunicado, el ministerio aseguró que el Gobierno velará por la soberanía e intereses nacionales y dio detalles de una conversación entre el canciller Luis Videgaray y la secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen.
Según el texto, Nielsen explicó que la Guardia Nacional únicamente realizará tareas de apoyo al Departamento de Seguridad Interior y los militares no portarán armas ni realizarán funciones de control migratorio o aduanero.
"Si sus recientes declaraciones derivan de una frustración por asuntos de política interna, de sus leyes o de su Congreso, diríjase a ellos, no a los mexicanos", sentenció.
Trump había firmado el miércoles una orden para desplegar "lo antes posible" un número no determinado de miembros de la Guardia Nacional en la frontera con México, en un intento por mostrar su lado más duro en lo que él llama la guerra contra la inmigración ilegal.
En declaraciones a periodistas en el avión que lo llevaba de vuelta a Washington desde Virginia Occidental, Trump dio ayer los primeros detalles de la decisión que tomó el miércoles y que desató una reacción de repudio inmediata en el país vecino.
Primero el Senado mexicano exigió a Trump respeto para el pueblo de México y solicitó al gobierno de Peña Nieto suspender la cooperación bilateral en materia de migración y delincuencia organizada hasta que el líder estadounidense "se conduzca con civilidad y respeto".
Ayer, la Cancillería mexicana se sumó a este rechazo, pero con más diplomacia.
En un comunicado, el ministerio aseguró que el Gobierno velará por la soberanía e intereses nacionales y dio detalles de una conversación entre el canciller Luis Videgaray y la secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen.
Según el texto, Nielsen explicó que la Guardia Nacional únicamente realizará tareas de apoyo al Departamento de Seguridad Interior y los militares no portarán armas ni realizarán funciones de control migratorio o aduanero.

