En un momento de la vida el campeonato de AFA tuvo su pequeña revancha. La llamada Superliga (no le queda mucho), ninguneada como siempre en las últimas décadas por River y Boca, si en el medio se juega la Libertadores y ellos participan, se encuentra esta semana con que Caracas y Liga de Quito en el arranque de la Copa pasan a un segundo plano debido a que xeneizes y millonarios pelean cara a cara el torneo local. River, un punto arriba, va por el título que le falta en la era Gallardo y Boca, que no disfrutó demasiado de los que ganó hace un tiempo, por aquello de la enfermedad copera, tratará de darse una alegría necesaria ante el rival de siempre, que en los últimos años torció la historia de víctima y victimario de la mano del Muñeco, un técnico de trofeos internacionales ganar.
Para que todo esto suceda hay un River que perdió muchos puntos en el Monumental y un Boca que sin brillar, antes con Alfaro y ahora con Russo, tiene un plantel importante e individualidades en el área rival que marcaron diferencias a lo largo de las más de 20 fechas que se llevan jugadas.
Boca, con mucho gol en las últimas jornadas, sometió a Atlético Tucumán en la Bombonera, a Central Córdoba en Santiago, Godoy Cruz en la Boca y Colón en Santa Fe, con arrebatos en los segundos tiempos que liquidaron a sus rivales de turno. River ganó un par de encuentros duros ante Unión y Estudiantes, pasó raspando a Banfield y se comió un baile en el primer tiempo en su casa ante Defensa y Justicia. La diferencia, se sabe, es de apenas un punto. Un pequeño y enorme punto a la vez.
La tendencia marca que Boca, que viene de atrás, tiene como rival al urgido Gimnasia, que, si bien ha levantado en los últimos partidos, no pareciera ser escollo para el equipo de Miguel Russo, que jugará con toda su gente y la radio en la oreja este sábado a las 21 horas. A esa hora River se medirá con el equipo de su “bestia negra” en la historia, el del Ruso Zielinski, que dirigía a Belgrano en la promoción que mandó al Millonario a la B. Atlético Tucumán, sin demasiado para perder, salvo el honor y las chances de arrimar a zonas coperas (no es poco en realidad), mientras espera la Sudamericana, que en la siguiente fase recién empezará en mayo, sabe que se convertirá en el verdugo del mejor equipo argentino de los últimos tiempos con sólo empatar en su cancha, siempre pensando en que Boca derrote a Gimnasia.
Una semana que hará continuar el morbo “Boca-River” de los últimos años, que tendrá grageas como esa de Zielinski y su historia ante River y la no menor de la presencia de Diego Maradona en la Bombonera, algo que ya hace unos días es motivo de todo tipo de comentarios de baja estopa y amarillismo barato.
River está ante una prueba dura. Ir a ganar a Tucumán ante este Decano es, aunque parezca exagerado, como viajar a definir una serie de copas en Brasil u otro país con la obligación de ganar de visitante.
River lo ha hecho pero la sensación es que en estos días, y mientras se da el viaje a Quito, Gallardo deberá barajar y dar de nuevo, ya que, seguramente, lo ocurrido ante el Halcón de Varela lo debe haber preocupado.
Queda en el camino el merecido recibimiento a Hernán Crespo, técnico de Defensa, en el Monumental. Un enorme goleador con una carrera extraordinaria por el mundo y con partidos enormes en la selección argentina, que si no fueron más se debió a ser contemporáneo a Gabriel Batistuta. De vuelta al pago, Banfield no le tuvo paciencia y en Florencio Varela trata de demostrar su valía como entrenador. Si es por lo del sábado, aprobó con creces. Pero no es el mejor de un día para el otro ni será un inútil apenas arrancar la profesión como pareció marcar su tiempo en el Taladro.
Pocas veces la Copa le queda incómoda a Boca y River en un mano a mano con AFA, al menos por una semana.
Como en los buenos viejos tiempos, es nuestro torneo la prioridad para ambos, siempre con la lamentable escenografía del fútbol argentino de ser un asunto para dos, si ellos quieren, sólo para dos. Como ha sido dicho en Puntal varias veces, esto del Boca-River permanente hace que los demás parezcan los curiosos que observan la contienda sin comerla ni beberla. Y algo de eso hay.