Teresa Corral (Techi) tenía un sueño, cual era visitar Medjugorje, la ciudad de Bosnia-Herzegovina que reúne a fieles católicos de todo el mundo que van a venerar a la Virgen de la Paz. Y pudo cumplir su cometido.
Pero el viaje que inició con varios obstáculos luego se convirtió en una sucesión de milagros, según asegura Teresa, quien vive en Reducción. En el patio de su casa construyó una ermita en la que colocó la escultura de la Virgen que trajo desde aquel país y es visitada por los vecinos y llevada a peregrinaciones y retiros.
Fue en el año 2013 cuando Teresa junto con amigas viajaron a aquel país para conocer el lugar donde aseguran se dan las apariciones de la Virgen. Su objetivo, además, era traer una imagen para colocar en su casa.
Pero desde el inicio del viaje ocurrió una serie de acontecimientos que parecía que iba a hacer naufragar el objetivo.
“Mi gran sueño era ira a Medjugorje para traerme una imagen de la Virgen. Tuve un accidente a una hora de viajar. Cuando me estaban asistiendo, una mujer me puso una estampita en la mano. Yo dije: ‘Si ella (la Virgen) me trajo hasta acá, me va a llevar hasta su casa’”.
“Yo soy muy católica. Compartí mucho tiempo con el padre (Víctor) Pugnatta y una vez viajé con él a Jerusalén, hace ya muchos años.Yo siempre había tenido el sueño de viajar a Medjugorje, pero cuando él falleció yo dije: ‘No voy más’”.
Una invitación de amigas y la posibilidad de peregrinar hacia la tierra de la Virgen de la Paz revivieron ese sueño.
Y el 2 de marzo de 2013, junto con amigas, dos sacerdotes y un seminarista, Teresa partió desde Córdoba e hicieron escala en Buenos Aires para seguir el viaje al exterior.
El accidente antes de partir
Fue en el Aeropuerto de Buenos Aires donde un accidente puso en riesgo su partida.
“Yo en Córdoba subía a las escaleras mecánicas sin problemas. Pero en Buenos Aires me pasó algo fuerte, que no puedo explicar. No me animaba a subir. Pedía un ascensor y me decían que no había”, comienza a detallar Techi.
Con el tiempo que apremiaba, y tomada de la mano de una amiga, comenzó a ascender para llegar a abordar el avión. Pero empezó a caminar hacia atrás y cayó por la escalera. “La gente que estaba arriba decía: ‘Se mata’, porque mi cuerpo y cabeza golpeaban por todos lados. Un muchacho que iba con su esposa gritó que paren la máquina y saltó, poniéndose en riesgo él también y, como soy flaquita, me levantó en el aire y me subió”.
En medio, aparecieron médicos para asistirla y, al observar los golpes, solicitaban su traslado a algún centro sanitario, al tiempo que le prohibían viajar.
Una desconocida y la estampita
“Faltaba una hora para subir al avión. Apareció una mujer corriendo y me puso algo en la mano. Yo estaba con tanto dolor que no miré. Escuché que me dijo: ‘No sé si la conocés’. Mientras los médicos me atendían y me repetían que no podía viajar, abro la mano y veo que tenía la estampita de la Virgen de la Paz”.
Es ahí cuando dice Teresa que ocurrió el primer milagro. “Yo les dije a los médicos: ‘Ella me trajo hasta acá y me va a llevar hasta su tierra”.
Luego de firmar los papeles responsabilizándose de su decisión, tomó el consejo de los profesionales de hacerse atender cuando llegara a Bosnia.
“En el avión estuve dolorida, pero llegué allá y, aun llevando una maleta pesada, nunca me dolió más nada. Anduve 12 días. Subí al monte donde se dan las apariciones de la Virgen. Y nunca me dolió nada”, asegura la mujer.
Y señala que Medjugorje es “el cielo en la tierra”, por la paz que allí se respira y el ambiente cálido de su comunidad.
Un viaje milagroso
Al regreso al país, y tras ir al médico, le detectaron dos vértebras desplazadas. “El médico me dijo que no podía creer que yo hubiese viajado y no sufriera dolores. Fue la Virgen”, asegura.
Y para esta mujer de fe este también fue un milagro.
Mientras estuvo en Medjugorje recorrió la ciudad y se alojó en la casa de una de las videntes. “Nos atendían con su familia, yo no puedo explicar con qué amor y dedicación”.
“Ese fue otro milagro. Fue todo mágico, maravilloso”, reitera Techi, tal como la conocen sus amigos en Reducción.
Su viaje tenía como misión traer una imagen de la Virgen y colocarla en una ermita en su casa de Reducción.
“Un amigo mío me dice: ‘Mirá, Techi, cuando bajés del avión decile a la Virgen que te elija a vos, no vos a ella. Porque te vas a volver loca con todas las imágenes que verás’. Y así fue, salíamos a recorrer y era una, tras otra, pero ninguna era. Hasta que el día anterior de regresar salimos con mis amigas. En un negocio chiquito estaba paradita ella. Yo caí de rodillas a sus pies, llorando. Llamé a mis amigas, que me dijeron que era esa la imagen que tenía que traer. Me la bendijo un sacerdote español y me señaló que ‘no la mezquinara con nadie’”.
Es por ese consejo que la escultura, además de estar en la ermita construida en el hogar de Corral, también es llevada al templo de Reducción, en ocasión de novenas o retiros. “Ha estado hasta en la Rural de Río Cuarto. El padre Daniel (Gallardo) la llevó dos veces. Y yo no la mezquino porque la Virgen es de todos”.
La escultura dañada
Otro capítulo fue el viaje de regreso al país.
Es que la escultura no fue embalada, sufrió y llegó “rota”. Así como Techi, que sin saberlo tenía su columna golpeada.
“Cuando llegamos a Buenos Aires, la Virgen estaba rota, pero nadie me lo decía. Ya en Reducción, el padre Daniel no me la dejó ver. La llevó a la Iglesia y la puso arriba del campanario”.
Toda dañada fue restaurada por el artista local Gastón Liberto y su esposa.
Luego de un tiempo fue ubicada en una ermita.
La mujer, que vive con una hermana con síndrome de Down, señala que todos los vecinos cuando pasan por allí se persignan y hasta se arrodillan.
“Hubo unos días en que la Virgen no estaba en casa porque mi sobrina Analía Capello la llevó para hacerle algunas restauraciones. La gente se acercaba y me preguntaba por qué no estaba”, continúa detallando Teresa.
Por estos días la escultura se encuentra en el santuario de Reducción, a pedido del sacerdote.
Es la primera vez que Teresa Corral comparte lo ocurrido en aquel viaje de 2013 a Medjugorje. “Solo unos pocos sabían de la historia. No me animaba a compartirla, por temor a lo que pensaran”.
Y si de coincidencias o milagros se trata, recuerda que cuando regresaba del viaje -ya en el tramo en colectivo- se enteraban de que Francisco había sido elegido Papa.
“Antes de ir a Medjugorje estuvimos un día en Roma y le decía a mis amigas: ‘Mirá, de esa ventanita va a salir el Papa nuevo’. Nunca pensábamos que era un argentino”, detalló.
Para Teresa Corral este viaje fue “un milagro tras otro”. “Que no me matara cuando caí de las escaleras, que los médicos casi no me dejan viajar, que una mujer me puso justo la estampita de la Virgen de la Paz en la mano”.
Y concluye: “Volvimos rotas: ella y yo. Y ahora yo no tengo nada y la Virgen está hermosa”.
Patricia Rossia. Redacción Puntal

