Regionales
Una familia laboulayense recorre Latinoamérica en un camión del 70
Hace más de un año que los Masceratta decidieron emprender la aventura de conocer otras culturas y adaptarse a una vida nómade. Los seis viajan a bordo de un Mercedes Benz 608.
Lucas Masceratta y su esposa Eloísa, ambos de Laboulaye, siempre acunaron el sueño de viajar a otras latitudes, conocer personas, nuevas culturas y bellos paisajes. De a poco la idea fue tomando forma hasta que un día lograron adquirir un camioncito Mercedes Benz frontal modelo 608 del año 70. Y así la pareja decidió emprender el desafío de recorrer Latinoamérica, travesía que comenzó en 2018.
Para los conocedores, la máquina es todo “un fierro” y así resultó en realidad, porque el día en que decidieron “levar” anclas de Laboulaye, pusieron todas las cosas en el camioncito y con sus 4 hijos: Ona, Ciro, Galo y Benito, se lanzaron a la maravillosa aventura de viajar.
A partir de ese momento el camioncito se convirtió en la casa de los Masceratta con seis butacas y detrás los colchones, cacharros de cocina y bolsos con ropa.
En Brasil, conocieron a un uruguayo, que es carpintero, que se convirtió en un buen amigo y cuando vio el interior del vehículo les dijo: “Ustedes no pueden viajar así”.
Con una sonrisa, Lucas recuerda que el hombre los llevó a su casa en Porto Alegre, donde estuvieron unos 20 días y, en base a ingenio, trabajo y más trabajo, les ayudó a transformar el interior en algo así como un motorhome.
-¿Cuáles fueron las primeras experiencias de todo esto?
-Días normales no hay. Todos los despertares son distintos, siempre son diferentes, sea porque nos encontramos en otras regiones, porque no es el mismo sitio que estábamos ayer o por lo que fuera. Pero te digo que es una maravillosa sensación de cosas nuevas cada día.
La pareja se desempeña como docente en la localidad y tiene sus familiares radicados allí.
Después de un periplo por países limítrofes, para las fiestas retornaron a su lugar de origen a visitar los familiares. Cuando los brindis cesaron, el “Merceditos” frontal volvió a poner primera y a beber el viento del camino. Así llegaron a Achiras, la primera gran fiesta que encontraron.
En el lugar desplegaron las artesanías que venden para poder afrontar el viaje. Incluso los chicos que aún están en edad escolar colaboran.
“Somos sociables y eso nos permite cosechar nuevas amistades en todos los sitios donde llegamos”, expresa Eloísa, quien a cada palabra esboza una sonrisa.
En un sintético repaso de los destinos que han visitado, Lucas manifestó que han estado en Uruguay, al que recorrieron en toda su extensión, Paraguay y el gigantesco Brasil.
La educación de los chicos
Ante la consulta sobre cómo avanza la educación de los chicos, Lucas manifestó que Argentina tiene un programa denominado Sead (Sistema Educativo a Distancia). Los niños estudian y rinden a través de internet; cada dos o tres meses hacen una prueba, de ahí van estudiando y aprobando por módulos.
De todos modos, deben estar al menos dos meses escolarizados en el país en que ocasionalmente se encuentren.
-¿Se pasan necesidades en estos viajes?
-(Lucas) Depende de las ambiciones de cada uno. Pero si se refiere a que podamos padecer hambre en algún momento le digo que no. Nunca nos faltó, además que el latinoamericano es muy solidario. Y la aventura de esta vida radica en que hay que levantarse cada mañana ante el desafío de continuar esta hermosa experiencia que hemos elegido. Por supuesto que se siente el calor, la humedad y en algún momento cierta incomodidad; pero eso sucede en la vida diaria de todas las personas que están radicadas en sus casas.
A lo largo del viaje hicieron varias cosas para poder trabajar mientras avanzaban y así fue que empezaron a hacer atrapasueños, pulseras, alfajores, pan relleno, estatuas vivientes, entre otras cosas, algunas que ya sabían hacer y otras que aprendieron en el camino.
Los últimos proyectos implementados son el de los atriles (para que los niños y niñas pinten con temperas y luego se lleven los dibujos a casa) y churros rellenos con dulce de leche.
“Sentimos que lo que más nos resultó fue lo que ya sabíamos hacer antes de salir”, dicen los viajeros, Eloísa se encarga del arte (atriles) y Lucas de la comida (churros), obviamente, recibiendo la ayuda de los demás integrantes de la familia.
“En este último tiempo aprendimos muchas cosas sobre las ventas, los productos que se vendían más y los que menos, cómo organizar el paño de ventas, que días rinde más el trabajo y cuando menos, etc. Vamos adquiriendo conocimientos de todo tipo en el viaje y eso para nosotros es muy valioso”, asegura el jefe de familia.
- ¿Esta libertad tiene costos?
- Sí, todo cuesta, todo se hace por dinero. Hay gente muy buena y hay países que nos marcan algunas diferencias como Brasil, por ejemplo. Pero sí. La libertad también tiene sus costos.
- ¿Cuál es el próximo destino de la familia?
-La idea es ir a Colombia y seguramente tendremos la posibilidad de seguir recorriendo estos países tan singulares como los latinoamericanos. Por suerte, salvo el norte y otras partes de Brasil, el idioma no es una barrera. Y eso nos permite también sentirnos integrados a los lugares donde llegamos”.
Héctor Domingo Amaya. Redacción Puntal
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Para los conocedores, la máquina es todo “un fierro” y así resultó en realidad, porque el día en que decidieron “levar” anclas de Laboulaye, pusieron todas las cosas en el camioncito y con sus 4 hijos: Ona, Ciro, Galo y Benito, se lanzaron a la maravillosa aventura de viajar.
A partir de ese momento el camioncito se convirtió en la casa de los Masceratta con seis butacas y detrás los colchones, cacharros de cocina y bolsos con ropa.
En Brasil, conocieron a un uruguayo, que es carpintero, que se convirtió en un buen amigo y cuando vio el interior del vehículo les dijo: “Ustedes no pueden viajar así”.
Con una sonrisa, Lucas recuerda que el hombre los llevó a su casa en Porto Alegre, donde estuvieron unos 20 días y, en base a ingenio, trabajo y más trabajo, les ayudó a transformar el interior en algo así como un motorhome.
-¿Cuáles fueron las primeras experiencias de todo esto?
-Días normales no hay. Todos los despertares son distintos, siempre son diferentes, sea porque nos encontramos en otras regiones, porque no es el mismo sitio que estábamos ayer o por lo que fuera. Pero te digo que es una maravillosa sensación de cosas nuevas cada día.
La pareja se desempeña como docente en la localidad y tiene sus familiares radicados allí.
Después de un periplo por países limítrofes, para las fiestas retornaron a su lugar de origen a visitar los familiares. Cuando los brindis cesaron, el “Merceditos” frontal volvió a poner primera y a beber el viento del camino. Así llegaron a Achiras, la primera gran fiesta que encontraron.
En el lugar desplegaron las artesanías que venden para poder afrontar el viaje. Incluso los chicos que aún están en edad escolar colaboran.
“Somos sociables y eso nos permite cosechar nuevas amistades en todos los sitios donde llegamos”, expresa Eloísa, quien a cada palabra esboza una sonrisa.
En un sintético repaso de los destinos que han visitado, Lucas manifestó que han estado en Uruguay, al que recorrieron en toda su extensión, Paraguay y el gigantesco Brasil.
La educación de los chicos
Ante la consulta sobre cómo avanza la educación de los chicos, Lucas manifestó que Argentina tiene un programa denominado Sead (Sistema Educativo a Distancia). Los niños estudian y rinden a través de internet; cada dos o tres meses hacen una prueba, de ahí van estudiando y aprobando por módulos.
De todos modos, deben estar al menos dos meses escolarizados en el país en que ocasionalmente se encuentren.
-¿Se pasan necesidades en estos viajes?
-(Lucas) Depende de las ambiciones de cada uno. Pero si se refiere a que podamos padecer hambre en algún momento le digo que no. Nunca nos faltó, además que el latinoamericano es muy solidario. Y la aventura de esta vida radica en que hay que levantarse cada mañana ante el desafío de continuar esta hermosa experiencia que hemos elegido. Por supuesto que se siente el calor, la humedad y en algún momento cierta incomodidad; pero eso sucede en la vida diaria de todas las personas que están radicadas en sus casas.
A lo largo del viaje hicieron varias cosas para poder trabajar mientras avanzaban y así fue que empezaron a hacer atrapasueños, pulseras, alfajores, pan relleno, estatuas vivientes, entre otras cosas, algunas que ya sabían hacer y otras que aprendieron en el camino.
Los últimos proyectos implementados son el de los atriles (para que los niños y niñas pinten con temperas y luego se lleven los dibujos a casa) y churros rellenos con dulce de leche.
“Sentimos que lo que más nos resultó fue lo que ya sabíamos hacer antes de salir”, dicen los viajeros, Eloísa se encarga del arte (atriles) y Lucas de la comida (churros), obviamente, recibiendo la ayuda de los demás integrantes de la familia.
“En este último tiempo aprendimos muchas cosas sobre las ventas, los productos que se vendían más y los que menos, cómo organizar el paño de ventas, que días rinde más el trabajo y cuando menos, etc. Vamos adquiriendo conocimientos de todo tipo en el viaje y eso para nosotros es muy valioso”, asegura el jefe de familia.
- ¿Esta libertad tiene costos?
- Sí, todo cuesta, todo se hace por dinero. Hay gente muy buena y hay países que nos marcan algunas diferencias como Brasil, por ejemplo. Pero sí. La libertad también tiene sus costos.
- ¿Cuál es el próximo destino de la familia?
-La idea es ir a Colombia y seguramente tendremos la posibilidad de seguir recorriendo estos países tan singulares como los latinoamericanos. Por suerte, salvo el norte y otras partes de Brasil, el idioma no es una barrera. Y eso nos permite también sentirnos integrados a los lugares donde llegamos”.
Héctor Domingo Amaya. Redacción Puntal
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