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"Estados Unidos está experimentando una de las peores crisis de su historia"

El sociólogo Agustín Lao-Montes, de Massachusetts, y la antropóloga Rachel Galen, de California, analizaron la crítica situación por la que atraviesa el país norteamericano con una dura realidad económica, el impacto del Covid-19 y las manifestaciones antirracistas

Resultan impactantes las imágenes que llegan a nosotros desde Estados Unidos, con manifestaciones en contra del racismo tras la muerte de George Floyd en manos de un agente de la Policía. Cientos de miles de ciudadanos salieron a las calles a pedir justicia, a reclamar contra la discriminación, a dejar en claro que no importa el color de piel ni la condición socioeconómica, todos somos iguales.

Los puños en alto, las pancartas contra el nazismo y el KKK, hombres y mujeres marchando en inmensas colas de movilizaciones que llegaron a los principales puntos del país, dieron de qué hablar, se escuchó una voz que desde años permanece silenciada, luego de una terrible muerte que quedó registrada en las cámaras y pronto fue viralizada, y en un contexto preocupante en materia económica y de salud pública.

En este marco, Puntal se puso en contacto con dos pensadores estadounidenses para analizar estas manifestaciones. El sociólogo Agustín Lao-Montes, de la Universidad de Massachusetts, y la antropóloga Rachel Galen, de California, brindaron su mirada en relación a lo que consideran una de “las peores crisis de la historia” de Estados Unidos.

Lao-Montes es miembro del Comité Político de la Articulación Regional Afrodescendiente en las Américas y el Caribe (Araac) -su libro más reciente se titula: “Contrapunteos Diaspóricos: Cartografías Políticas de Nuestra Afroamérica”, publicado en 2020 por la Universidad del Externado en Colombia-, indicó que en este momento funcionan en el país norteamericano muchos grupos que trabajan en la defensa de los derechos de las minorías, y con una larga historia. “En este momento surgen muchas coaliciones que integran una multiplicidad de luchas: de inmigrantes, mujeres, latinos, afroamericanos, trabajadores, pobladores urbanos, LGTBQ, estudiantes, en contra la derecha extrema representada por Donald Trump”, indicó y explicó que se expresó poderosamente “en la campaña de Bernie Sanders”.

- Más allá de lo que nosotros podemos ver que se reproduce desde los medios internacionales, ¿cuál es el clima que se vive en estos momentos en Estados Unidos?

- Estados Unidos está experimentando una de las peores crisis en su historia. La pandemia del Covid-19 catalizó una crisis económica que ya se iba profundizando, con altos índices de desempleo, pobreza, desamparo y deterioro de los servicios básicos de salud, educación y vivienda, sobre todo en los sectores más vulnerables, debido a la desigualdad económica, la marginación política, el racismo y el poder patriarcal. Esto se da en medio de una creciente depresión económica, a lo cual se sumaron las frustraciones del mal llamado aislamiento social, alimentadas por la combinación de la depresión provocada por el miedo y el encerramiento, junto con el aumento de las desigualdades traídas cada vez más al relieve por el comportamiento totalmente negligente y errático del peor presidente que ha tenido el país. El asesinato de George Floyd fue la gota que colmó la copa. Ese dramático acto magno de violencia racial estatal vino a condensar una acumulación de injurias, y por eso la explosión de protestas en todo el país, a la cual tanto las fuerzas policíacas locales como el Ejecutivo Federal respondieron con más violencia y que ahora está en espiral.

Lao-Montes consideró que también es importante “reconocer que tanto la violencia racial de todo tipo, ya sea la policial, de la mal llamada sociedad civil, económica, política o simbólica, como los movimientos antirracistas, tienen un largo historial en los Estados Unidos, que data el menos al siglo XIX”, y agregó: “Hay una larga historia de motines causados por violencia racial, muchos de ellos debido a crímenes de policías blancos contra personas negras. Esto data al menos de los albores del siglo XX. Un ejemplo importante de una ola de motines fue en abril del 1968, cuando a partir del asesinato de Martin Luther King Jr, hubo levantamientos en alrededor de 167 ciudades del país”.

- ¿Qué moviliza a tantas personas a salir a la calle de un modo tan unido, más allá de su raza o condición socioeconómica?

- Es una combinación de injurias desde el incremento de las desigualdades económicas y el deterioro del pacto democrático-liberal que cada vez significa no mucho más que el voto en elecciones cada cuatro años, hasta el entramado de discriminaciones (racismo, xenofobia, misoginia, heteropatriarcado, clasismo) encarnados en las políticas y en la corporalidad misma del Ejecutivo de turno.

- ¿Inciden las duras posturas del presidente Trump en el descontento de la ciudadanía?

- Sí, tanto desde un cierto apoyo popular a la extrema derecha, que también se relaciona a las frustraciones, tanto de la clase obrera como de sectores marginados blancos, y, por otro lado, de un amplio bloque popular que se opone al sentido común racista, patriarcal e imperialista representado por el presidente.

- ¿Cree que habrá algún tipo de respuesta positiva por parte del Estado a una manifestación de tal magnitud?

- Rotundamente no. La respuesta del Ejecutivo es claramente el aumento de la violencia estatal como muestra de “buen gobierno”, por eso culpa a los gobernadores de ser débiles, cuando es sólo a niveles estatales (en el sentido de los Estados en contraste al gobierno federal) y locales que se ha lidiado de alguna manera con la grave crisis de la pandemia, que ha convertido a los Estados Unidos en el peor país donde estar en el mundo en este momento.

En este sentido, el sociólogo consideró que este contexto podría complicar la continuidad de Trump como presidente, al menos de obtener una reelección: “Esperamos que así sea, aunque él tiene su base de apoyo y los resultados son impredecibles”, reflexionó.

Manifestaciones poco comunes

Por su parte, Rachel Galen, licenciada en Antropología que reside en el estado de California, cerca de Los Ángeles, y que recientemente estuvo residiendo en Argentina, explicó que el clima que observa en Estados Unidos es “muy fuerte e inquieto. Como todo el mundo, estamos expectantes con lo que sucede con el Covid-19, pero la muerte de George Floyd y las protestas que siguieron han puesto las cosas muy complicadas”, indicó. Consideró que su asesinato fue un hecho que terminó por desatar el descontento de la ciudadanía: “Todos los años vemos hechos similares a los de Floyd, su muerte lamentablemente no es la única. Sin embargo, todos estamos viviendo una realidad complicada, tal vez por lo que estamos atravesando con el aislamiento por el coronavirus y el accionar del presidente Trump”.

- ¿Qué particularidades observa en la manifestación de la ciudadanía?

- La movilización en las calles no es tan común en Estados Unidos como ocurre en Argentina, por lo que me sorprende mucho que finalmente haya salido tanta gente a protestar. No sólo se ve gente de raza negra reclamando, sino que son de todas las razas y condiciones socioeconómicas, algo que es muy bueno. Vemos mucha gente junta que dice basta de esto, que no tiene sentido, que no se puede vivir en un país donde la Policía mata a alguien por el solo hecho de ser negro. Hay muchos grupos organizados, con ACLU, que lucha por los derechos de la ciudadanía negra, cada minoridad tiene una organización por la que intentan dar apoyo a quienes lo necesitan. Pero, de todas formas, en este caso, las manifestaciones están ocurriendo porque la misma gente está eligiendo salir.

- ¿Cuánto influye el escenario actual con tantas muertes por Covid-19 y la difícil situación económica?

- Con tantas muertes por el Covid-19 hemos visto que hubo un desapropiado número de personas negras que muere en relación al número de personas blancas. No creo que sea por una cuestión biológica, sino que se debe a que no están viviendo en condiciones apropiadas, no tienen acceso a la medicina, como ocurre con los blancos. No siempre está vinculado al lugar en el que viven, sino que a si tiene seguro médico o no, y cómo es el trato que reciben de los médicos en los hospitales. Esto ya influye también en el enojo de la gente.

La antropóloga coincidió en la incidencia de las posturas que asume Trump sobre temáticas sociales en el descontento de la ciudadanía: “Desde que inició su campaña para presidente, en 2015-2016, hubo tonos racistas en su discurso, muchos seguidores del Ku Klux Klan, responsables históricos del linchamiento de personas negras, públicamente lo apoyaron, y él nunca dijo nada en contra, aceptó el apoyo de sectores muy racistas. Siempre ha hablado en un tono despectivo de los mexicanos que entran a Estados Unidos, por lo que lo que dice agrega siempre más leña al fuego”, explicó la especialista.

Galen tampoco vio con buenos ojos una posible respuesta por parte del Estado nacional: “Han mandado a la Guardia Nacional a las protestas, porque hay dos sectores: los que se manifiestan pacíficamente y muchos que hacen saqueos, que no es parte de la causa. No lejos de mi casa hubo gente incendiando negocios y edificios”, dijo la antropóloga, y completó: “Si se actúa de manera articulada con el Senado, podría haber alguna respuesta positiva, pero por lo pronto no veo que vaya a pasar”.

- ¿Se dificulta con esto una continuidad de Trump, o al menos su reelección?

- No creo que tenga un impacto en la gente que ya está decidida a votar a Trump, porque en general quienes lo apoyan lo seguirán haciendo, no consideran que sea malo lo que él hace. De todas formas, si sigue como presidente se mantendrá el racismo, porque la gente que lo es se siente más cómoda en manifestar su racismo con un presidente como Trump, que considera que los mexicanos roban nuestros trabajos y violan estadounidenses. Con palabras así mantienen a esos sectores con la sensación de libertad para tener esas actitudes racistas.