“20 minutos en el futuro”: los desafíos que plantea el nuevo territorio digital
En la muestra de la UNRC “Quién es quién” se presentará el libro de la investigadora de la Universidad de General Sarmiento, que reflexiona sobre los usos que se hacen de las redes sociales y otros escenarios virtuales
El título del libro que presenta esta tarde en el Teatrino de la Trapalanda, “20 minutos en el futuro”, de la académica Roxana Cabello, trae reminiscencias de la serie televisiva de los ochenta “Max Headroom”.
Esa serie mostraba la distopía de una sociedad sometida a las corporaciones mediáticas y a las tecnologías de la comunicación, y “20 minutos en el futuro” era el subtítulo con el que se presentaba cada capítulo.
Seguidora de la serie y cultora de la literatura ciberpunk, Cabello aclara que tomó prestada la frase para su libro pero lo hizo como una cuestión estética, no porque comparta una mirada oscura respecto de la tecnología y del mundo digital.
“Mi libro no habla de los aspectos no deseados de la tecnología”, avisa Cabello, quien es licenciada en Sociología y doctora en Comunicación. El texto en el que reflexiona sobre los desafíos que plantea el nuevo espacio digital será presentado a las 18.30, en la muestra anual del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UNRC, “Quién es quién”.
-¿Qué aspectos indagó en su investigación?
-El libro trata de mostrar algunos aspectos de la vida actual en los cuales la tecnología está bastante involucrada. En especial, trato de caracterizar lo que llamamos el espacio digital porque, por primera vez, en la historia de la humanidad en las últimas décadas hacemos nuestras vidas con un pie en el territorio que estamos acostumbrados a caminar desde hace siglos y otro pie en un espacio nuevo que es el espacio digital.
-¿Cómo está caracterizado ese nuevo escenario?
-Yo digo que el espacio digital está construido de dos maneras. Por un lado, por una infraestructura técnica que es la que posibilita la existencia del espacio digital y que en general nosotros transitamos a través de Internet. Y por otro lado, ese espacio es una trama que se construye a través de las relaciones interpersonales que nosotros establecemos. Algunos capítulos del libro describen las actividades que emprendemos en ese campo, por ejemplo: las relaciones de pareja que se sostienen en el territorio de Internet, sitios de citas a través de los cuales la gente conoce a personas con las que se vincula y que en ocasiones conforman parejas, los usos de las redes sociales. Me ocupo de analizar el tema de la privacidad y el espacio público, es decir, cómo la gente hace pública su vida privada. Y mi mirada sobre eso no es tan negativa como otros análisis que circulan sobre el tema.
-¿Por qué lo aclara?
-Porque me parece que uno de los usos que les damos a las redes sociales es el que se relaciona con la idea primigenia de la palabra comunicación, que es la de compartir, la de poner algo en común. Creo que gente hace uso de las redes sociales mayormente comunicativos más que informativos. Y en el caso de la vida privada, trata de compartir aspectos de su vida que le generan algún tipo de bienestar o de alegría, o siente la necesidad de compartir algo, de sentirse acompañado. No digo que se genere una relación inmediata y directa, pero tampoco digo que sea una cuestión para criticar tan fuertemente como hacen algunos autores. No creo que necesariamente eso nos hable de la construcción de una personalidad más débil, que necesita la devolución del otro, el comentario o el “me gusta” para construir el yo de su personalidad. Más bien creo que en todas las épocas de la modernidad nos construimos como sujetos a partir de las imágenes que otros nos devuelven. Ahora lo que sucede es que ampliamos nuestro campo de acción, entonces con el espacio digital hay distintos ámbitos adicionales donde nos relacionamos con otros y ellos nos devuelven una imagen. Ese espacio tiene otras posibilidades y otras reglas de juego, entonces ahí no solamente nos encontramos cara a cara, sino que también mostramos fotos, videos, hay otras maneras de desplegar nuestra imagen.
-La lógica fragmentada de las redes sociales, la posibilidad de saltar de un tópico a otro sin demasiada lógica, ¿no cree que incrementa la ansiedad o cierta sensación de frustración entre quienes transitan el espacio digital?
-Lo que estás diciendo tiene que ver con las características del hipertexto y es uno de los temas que trabajo en el libro cuando me ocupo del espacio digital. Uno de los rasgos de la comunicación digital interactiva es que el texto ya no es secuencial, una cosa viene después de la otra, sino que es múltiple, es abierto y da posibilidades de hacer un recorrido diverso que puede ser inesperado, inestable y que da la sensación de no estar del todo bajo nuestro control. En el libro de papel, tenés una idea de dónde comienza y dónde termina, el hipertexto es un espacio con falta de horizontes y uno no sabe dónde va a ir a parar, como vos decís. En ese sentido, hay personas que tienen más posibilidades de organizar su recorrido dentro del espacio digital porque están más familiarizadas con la computadora, con Internet y con los dispositivos técnicos. Y hay otras personas que, por distintos motivos, tienen menos familiaridad y eso les genera más temores, consideran que hay zonas en las que es mejor no acceder porque se pueden encontrar con algunos peligros que no van a poder controlar. Entonces algunos tienen más familiaridad en esos recorridos y otros tienen menos recursos.
-Las nuevas generaciones, las de los “nativos digitales” como se los llama, pareciera que están más preparados para intervenir en el espacio digital.
-La frase “nativos digitales” fue acuñada por Marc Prensky en un ensayo del año 2011 y remite a la idea de que la gente que nació en determinada época creció rodeada de tecnologías y el hecho de haber estado en ese ambiente tecnológico los hace relacionarse de una manera mucho más natural con las tecnologías. Yo creo que esa idea que se basa en lo generacional no alcanza a explicar el tipo de relación que tenemos con las tecnologías porque no todas las personas que pertenecen a esa generación tienen las mismas condiciones de acceso y de usos y de capacitación que favorecen esa naturalización y esa familiaridad con los usos. De hecho, yo estoy trabajando en este momento en un proyecto con unos chicos que tienen entre 6 y 8 años de edad y que viven en una zona muy desfavorecida y van a una escuela que no está dotada de tecnología. Son chicos que no tienen manejo de las tecnologías y ni siquiera tienen mucho contacto con la publicidad como para reproducir discursos sobre la tecnología. Entonces, la edad puede ser uno de los factores que influyan en el modo como las personas se relacionan con la tecnología pero no es determinante. Por ejemplo, muchos de los jóvenes con los que hemos trabajado en distintos proyectos tienen algunos usos bastante fluidos para entretenimientos, redes sociales y videojuegos pero no pueden trasladar esas competencias a otros usos, como puede ser el académico. Entonces, no hay que dar por descontado que se manejen tan naturalmente, hay que acompañarlos a producir lo que nosotros llamamos la migración digital. Que es pasar de ese estado predigital, en algunos aspectos de su vida, a otros más digitalizados.
Alejandro Fara. Redacción Puntal
Esa serie mostraba la distopía de una sociedad sometida a las corporaciones mediáticas y a las tecnologías de la comunicación, y “20 minutos en el futuro” era el subtítulo con el que se presentaba cada capítulo.
Seguidora de la serie y cultora de la literatura ciberpunk, Cabello aclara que tomó prestada la frase para su libro pero lo hizo como una cuestión estética, no porque comparta una mirada oscura respecto de la tecnología y del mundo digital.
“Mi libro no habla de los aspectos no deseados de la tecnología”, avisa Cabello, quien es licenciada en Sociología y doctora en Comunicación. El texto en el que reflexiona sobre los desafíos que plantea el nuevo espacio digital será presentado a las 18.30, en la muestra anual del Departamento de Ciencias de la Comunicación de la UNRC, “Quién es quién”.
-¿Qué aspectos indagó en su investigación?
-El libro trata de mostrar algunos aspectos de la vida actual en los cuales la tecnología está bastante involucrada. En especial, trato de caracterizar lo que llamamos el espacio digital porque, por primera vez, en la historia de la humanidad en las últimas décadas hacemos nuestras vidas con un pie en el territorio que estamos acostumbrados a caminar desde hace siglos y otro pie en un espacio nuevo que es el espacio digital.
-¿Cómo está caracterizado ese nuevo escenario?
-Yo digo que el espacio digital está construido de dos maneras. Por un lado, por una infraestructura técnica que es la que posibilita la existencia del espacio digital y que en general nosotros transitamos a través de Internet. Y por otro lado, ese espacio es una trama que se construye a través de las relaciones interpersonales que nosotros establecemos. Algunos capítulos del libro describen las actividades que emprendemos en ese campo, por ejemplo: las relaciones de pareja que se sostienen en el territorio de Internet, sitios de citas a través de los cuales la gente conoce a personas con las que se vincula y que en ocasiones conforman parejas, los usos de las redes sociales. Me ocupo de analizar el tema de la privacidad y el espacio público, es decir, cómo la gente hace pública su vida privada. Y mi mirada sobre eso no es tan negativa como otros análisis que circulan sobre el tema.
-¿Por qué lo aclara?
-Porque me parece que uno de los usos que les damos a las redes sociales es el que se relaciona con la idea primigenia de la palabra comunicación, que es la de compartir, la de poner algo en común. Creo que gente hace uso de las redes sociales mayormente comunicativos más que informativos. Y en el caso de la vida privada, trata de compartir aspectos de su vida que le generan algún tipo de bienestar o de alegría, o siente la necesidad de compartir algo, de sentirse acompañado. No digo que se genere una relación inmediata y directa, pero tampoco digo que sea una cuestión para criticar tan fuertemente como hacen algunos autores. No creo que necesariamente eso nos hable de la construcción de una personalidad más débil, que necesita la devolución del otro, el comentario o el “me gusta” para construir el yo de su personalidad. Más bien creo que en todas las épocas de la modernidad nos construimos como sujetos a partir de las imágenes que otros nos devuelven. Ahora lo que sucede es que ampliamos nuestro campo de acción, entonces con el espacio digital hay distintos ámbitos adicionales donde nos relacionamos con otros y ellos nos devuelven una imagen. Ese espacio tiene otras posibilidades y otras reglas de juego, entonces ahí no solamente nos encontramos cara a cara, sino que también mostramos fotos, videos, hay otras maneras de desplegar nuestra imagen.
-La lógica fragmentada de las redes sociales, la posibilidad de saltar de un tópico a otro sin demasiada lógica, ¿no cree que incrementa la ansiedad o cierta sensación de frustración entre quienes transitan el espacio digital?
-Lo que estás diciendo tiene que ver con las características del hipertexto y es uno de los temas que trabajo en el libro cuando me ocupo del espacio digital. Uno de los rasgos de la comunicación digital interactiva es que el texto ya no es secuencial, una cosa viene después de la otra, sino que es múltiple, es abierto y da posibilidades de hacer un recorrido diverso que puede ser inesperado, inestable y que da la sensación de no estar del todo bajo nuestro control. En el libro de papel, tenés una idea de dónde comienza y dónde termina, el hipertexto es un espacio con falta de horizontes y uno no sabe dónde va a ir a parar, como vos decís. En ese sentido, hay personas que tienen más posibilidades de organizar su recorrido dentro del espacio digital porque están más familiarizadas con la computadora, con Internet y con los dispositivos técnicos. Y hay otras personas que, por distintos motivos, tienen menos familiaridad y eso les genera más temores, consideran que hay zonas en las que es mejor no acceder porque se pueden encontrar con algunos peligros que no van a poder controlar. Entonces algunos tienen más familiaridad en esos recorridos y otros tienen menos recursos.
-Las nuevas generaciones, las de los “nativos digitales” como se los llama, pareciera que están más preparados para intervenir en el espacio digital.
-La frase “nativos digitales” fue acuñada por Marc Prensky en un ensayo del año 2011 y remite a la idea de que la gente que nació en determinada época creció rodeada de tecnologías y el hecho de haber estado en ese ambiente tecnológico los hace relacionarse de una manera mucho más natural con las tecnologías. Yo creo que esa idea que se basa en lo generacional no alcanza a explicar el tipo de relación que tenemos con las tecnologías porque no todas las personas que pertenecen a esa generación tienen las mismas condiciones de acceso y de usos y de capacitación que favorecen esa naturalización y esa familiaridad con los usos. De hecho, yo estoy trabajando en este momento en un proyecto con unos chicos que tienen entre 6 y 8 años de edad y que viven en una zona muy desfavorecida y van a una escuela que no está dotada de tecnología. Son chicos que no tienen manejo de las tecnologías y ni siquiera tienen mucho contacto con la publicidad como para reproducir discursos sobre la tecnología. Entonces, la edad puede ser uno de los factores que influyan en el modo como las personas se relacionan con la tecnología pero no es determinante. Por ejemplo, muchos de los jóvenes con los que hemos trabajado en distintos proyectos tienen algunos usos bastante fluidos para entretenimientos, redes sociales y videojuegos pero no pueden trasladar esas competencias a otros usos, como puede ser el académico. Entonces, no hay que dar por descontado que se manejen tan naturalmente, hay que acompañarlos a producir lo que nosotros llamamos la migración digital. Que es pasar de ese estado predigital, en algunos aspectos de su vida, a otros más digitalizados.
Alejandro Fara. Redacción Puntal