Planta Piloto: lágrimas, recuerdo y tensión en el acto por los 10 años
Hubo planteos de familiares de las víctimas a la Universidad por la falta de acompañamiento y de respuestas. El rector pidió perdón
Emotiva hasta las lágrimas, pero también tensa. Así fue la jornada que transcurrió ayer en el campus de la Universidad Nacional de Río Cuarto, frente a la Planta Piloto, donde se conmemoró el décimo aniversario de las explosiones que cobraron la vida de los docentes Liliana Giacomelli, Carlos Ravera, Damián Cardarelli, Gladys Baralla y Miguel Mattea, y del alumno Juan Politano.
Uno de los primeros que estuvieron en el lugar fue el rector Roberto Rovere, varios minutos antes de las 10 de la mañana y cuando aún los familiares de las víctimas no habían llegado. De a poco, docentes, estudiantes, no docentes, familiares y amigos de las víctimas terminaron de darle un marco nutrido al acto de recordación del trágico 5 de diciembre de 2007, cuando un derrame de hexano y el contacto de ese combustible con un autoclave disparó un rápido y voraz incendio en el edificio experimental de la Facultad de Ingeniería donde se hacían ensayos para mejorar los procedimientos de extracción de aceite.
Desde aquel momento hubo una división profunda al interior de la comunidad universitaria que ayer volvió a mostrar que todavía no cerró.
Fabrizio Politano, hermano del estudiante fallecido, fue uno de los oradores del acto en representación de su familia, después de que abrieran los discursos los representantes gremiales de Conadu, Conadu Histórica y la Asociación Gremial Docente, haciendo foco en las condiciones de higiene y seguridad.
Lo cierto es que Politano retomó algo que sus padres habían adelantado ya en el arranque de la semana: la falta de comunicación y respuestas por parte de la Universidad con su familia. “Mis padres todavía están esperando ese llamado que nunca llega; ese llamado que les diga qué le pasó a Juani. Ellos lo mandaron a seguir su camino, a ser feliz, y no volvió. Son padres, como otros, que confían en la Universidad y todavía están esperando que ese teléfono suene y que les digan la verdad”, remarcó el joven químico, con su voz quebrada.
El acto había comenzado con un minuto de silencio y el descubrimiento de una placa en la puerta de la siniestrada Planta Piloto en la que se recuerda a las víctimas de las explosiones.
Politano cruzó el espacio que separaba el atril de su familia entre los aplausos que interrumpieron el silencio con el que se siguieron sus palabras repletas de lágrimas.
Después fue el turno de Claudio Ceballos, docente universitario, esposo de Liliana Giacomelli y padre de cuatro mujeres. Recordó ayer que tras perder a su esposa en las explosiones y no reconocerla sobre la ambulancia, tuvo que transitar en soledad “cuatro cumpleaños de quince”. Ceballos admitió que el nuevo aniversario le generaba una “mezcla de dolor y emoción”.
Recordó que el olivo colocado delante del edificio experimental tuvo que transitar mucho tiempo de pedidos hasta que finalmente se plantó. Y que esperan por una pequeña fuente que pidieron los familiares para recordar a las seis víctimas. “Nos dijeron que no había agua”, recordó, molesto.
El docente de Ingeniería también se quebró cuando recordó el aniversario 35 de la gesta de Malvinas y la pérdida de su “único primo hermano que se fue en el Belgrano. Este es un año duro”, admitió, ya casi sin voz. “Hemos podido superar todo esto con el acompañamiento de muchos que estuvieron cerca, con nosotros”.
También Ceballos remarcó que “hay preguntas que nos tenemos que responder, discusiones que tenemos que dar a lo largo del año. No lo tenemos que dejar pasar. Por la memoria de las personas que no están y por la seguridad de quienes dejamos detrás nuestro”, enfatizó, antes de pedir “no rejuzgar, pero sí tomar conciencia de lo hecho para no volver a cometer esos errores”.
Finalmente tomó la palabra el rector Roberto Rovere, quien pidió perdón por la falta de comunicación con las familias, admitió que no todas las decisiones en la Universidad pasan por el Rectorado, recordó que tras las explosiones lo señalaron como “uno de los asesinos” y pidió un esfuerzo para dejar de lado las diferencias y alcanzar coincidencias fundamentales al interior de la comunidad educativa.
Por último, llegaron las ofrendas florales que familiares de las víctimas y autoridades dejaron en la puerta de la Planta Piloto y finalmente el acto en las residencias universitarias que a partir de ahora llevan el nombre de Juan Politano, quien vivió allí durante su etapa universitaria.
Uno de los primeros que estuvieron en el lugar fue el rector Roberto Rovere, varios minutos antes de las 10 de la mañana y cuando aún los familiares de las víctimas no habían llegado. De a poco, docentes, estudiantes, no docentes, familiares y amigos de las víctimas terminaron de darle un marco nutrido al acto de recordación del trágico 5 de diciembre de 2007, cuando un derrame de hexano y el contacto de ese combustible con un autoclave disparó un rápido y voraz incendio en el edificio experimental de la Facultad de Ingeniería donde se hacían ensayos para mejorar los procedimientos de extracción de aceite.
Desde aquel momento hubo una división profunda al interior de la comunidad universitaria que ayer volvió a mostrar que todavía no cerró.
Fabrizio Politano, hermano del estudiante fallecido, fue uno de los oradores del acto en representación de su familia, después de que abrieran los discursos los representantes gremiales de Conadu, Conadu Histórica y la Asociación Gremial Docente, haciendo foco en las condiciones de higiene y seguridad.
Lo cierto es que Politano retomó algo que sus padres habían adelantado ya en el arranque de la semana: la falta de comunicación y respuestas por parte de la Universidad con su familia. “Mis padres todavía están esperando ese llamado que nunca llega; ese llamado que les diga qué le pasó a Juani. Ellos lo mandaron a seguir su camino, a ser feliz, y no volvió. Son padres, como otros, que confían en la Universidad y todavía están esperando que ese teléfono suene y que les digan la verdad”, remarcó el joven químico, con su voz quebrada.
El acto había comenzado con un minuto de silencio y el descubrimiento de una placa en la puerta de la siniestrada Planta Piloto en la que se recuerda a las víctimas de las explosiones.
Politano cruzó el espacio que separaba el atril de su familia entre los aplausos que interrumpieron el silencio con el que se siguieron sus palabras repletas de lágrimas.
Después fue el turno de Claudio Ceballos, docente universitario, esposo de Liliana Giacomelli y padre de cuatro mujeres. Recordó ayer que tras perder a su esposa en las explosiones y no reconocerla sobre la ambulancia, tuvo que transitar en soledad “cuatro cumpleaños de quince”. Ceballos admitió que el nuevo aniversario le generaba una “mezcla de dolor y emoción”.
Recordó que el olivo colocado delante del edificio experimental tuvo que transitar mucho tiempo de pedidos hasta que finalmente se plantó. Y que esperan por una pequeña fuente que pidieron los familiares para recordar a las seis víctimas. “Nos dijeron que no había agua”, recordó, molesto.
El docente de Ingeniería también se quebró cuando recordó el aniversario 35 de la gesta de Malvinas y la pérdida de su “único primo hermano que se fue en el Belgrano. Este es un año duro”, admitió, ya casi sin voz. “Hemos podido superar todo esto con el acompañamiento de muchos que estuvieron cerca, con nosotros”.
También Ceballos remarcó que “hay preguntas que nos tenemos que responder, discusiones que tenemos que dar a lo largo del año. No lo tenemos que dejar pasar. Por la memoria de las personas que no están y por la seguridad de quienes dejamos detrás nuestro”, enfatizó, antes de pedir “no rejuzgar, pero sí tomar conciencia de lo hecho para no volver a cometer esos errores”.
Finalmente tomó la palabra el rector Roberto Rovere, quien pidió perdón por la falta de comunicación con las familias, admitió que no todas las decisiones en la Universidad pasan por el Rectorado, recordó que tras las explosiones lo señalaron como “uno de los asesinos” y pidió un esfuerzo para dejar de lado las diferencias y alcanzar coincidencias fundamentales al interior de la comunidad educativa.
Por último, llegaron las ofrendas florales que familiares de las víctimas y autoridades dejaron en la puerta de la Planta Piloto y finalmente el acto en las residencias universitarias que a partir de ahora llevan el nombre de Juan Politano, quien vivió allí durante su etapa universitaria.
Gonzalo Dal Bianco
gdalbianco@puntal.com.ar
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