Río Cuarto | Uriona

Uriona eligió un monasterio fuera de la ciudad para recordar el pesebre y pedir por la paz

El obispo celebró la misa de Navidad, que evoca el nacimiento de Jesús, en la casa de religiosos de la Virgen del Signo, ubicada en El Espinillal. "¡Queremos una Argentina fraterna!", dijo al bregar por la reconciliación

El obispo preside la misa de la Navidad en el Monasterio de El Espinillal.

 

El obispo diocesano, Adolfo Uriona, eligió ayer el Monasterio de la Virgen del Signo, ubicado en las afueras de la ciudad de Río Cuarto, más exactamente en la colonia de El Espinillal, para recordar el humilde pesebre de Belén, donde nació Jesús, y orar por la paz en el mundo y en el país y la reconciliación de los argentinos.

La Navidad es una de las principales festividades que se celebran a nivel mundial, es de origen cristiano y conmemora el nacimiento de Jesús de Nazareth, que vino al mundo para salvar al hombre del pecado.

YUriona celebró la festividad religiosa en el Monasterio Virgen del Signo -que es una advocación en la cual María está con los brazos hacia el cielo implorando la bendición de la Santísima Trinidad- que está a cargo del padre Gerardo Rivetti.

En su homilía, Uriona dijo lo siguiente:

- “El nacimiento del Niño Dios en la Navidad suscita, en el corazón de todo hombre de buena voluntad, un especial sentimiento de paz. Esa paz que anunciaron los ángeles a los pastores: ¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres!”.

- “Ese canto se convierte en un profundo anhelo de la gran familia humana: ¡el anhelo de la paz! y, particularmente, en nuestra patria, se ha de convertir en un clamor: ¡queremos una Argentina en paz! Queremos que en nuestra sociedad, desgarrada por tantas divisiones y conflictos, reine la paz”.

- “Ahora bien, ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros por la paz?”.

- “Ante todo pedirla porque es un don de Dios, un don demasiado precioso, que tiene que ser cuidadosamente promovido y tutelado. Pero, además, a todos nos corresponde la tarea de trabajar por la paz, estableciendo un nuevo sistema de relaciones de convivencia fundado en la justicia y en el amor. Un nuevo orden social, en el que impere el respeto, el diálogo, la fraternidad”.

- “¡Que una fuerte cadena de compromiso por la paz una a todos los hombres y mujeres de buena voluntad!”.

- “Ésta es la invitación que Dios nos hace a los católicos ante esta Navidad, pero que es extensiva a los cristianos de otras confesiones, a los hombres y mujeres de las diversas religiones y también a aquellos hermanos y hermanas no creyentes: la paz es un bien que supera cualquier barrera, porque es un bien de toda la humanidad”.

- “La Navidad nos invita, una vez más, a renovar la confianza y la esperanza en el Niño Dios para vencer el mal a fuerza de bien y la violencia a fuerza de amor, y para que toda nuestra vida sea un canto de alabanza: Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”.