Urraka: risa sin fronteras
El excelente grupo presentó otro de sus trabajos en el que, sin palabras, siempre fue eficaz para unir la respuesta de públicos diversos.
Apenas se inicia la rutina, breve pero intensa, que Urraka desarrolla en “Ópera prima”, se ponen al descubierto las claves fundamentales de un estilo que tiene perfiles propios aunque sea evidentemente tributario de otros cómicos que en la historia han sido.
Los instrumentos realizados con objetos reciclables remiten evidentemente a “Les Luthiers”. La gestualidad y el éxtasis corporal que constituyen el otro lenguaje básico, naturalmente hacen recordar a los cómicos del cine mudo y a la técnica del “slapstick” con su vecindad paroxística.
El asunto es que los tubos y los barriles de plástico y de cartón, las barras de tergopol, las planchas de metal, no son meras operaciones de impacto. Y los tropezones, las caídas, las secuencias sin sentido, no son meras copias. La música y el teatro se abren paso entre esa utilización instrumental.
La fusión de ritmos y modos expresivos que “Urraka” realiza a partir de esos instrumentos, hace universal su discurso, en el sentido de derribar las fronteras que suelen poner las edades de los públicos, y hacerse comprensibles, risibles y disfrutables para chicos y grandes, como suelen prometer los reclamos publicitarios.
En sus espectáculos, éste resulta menos contundente y tiene un acabado menos sutil que algunos que presentó en la ciudad en ocasiones pasadas; siempre se pueden encontrar detalles que lo transforman en una curiosidad, bienvenida por cierto, en el marco de las formas humorístico-teatrales que dominan la escena.
Géneros populares
La utilización de los géneros populares en materia musical tiene en “Ópera prima” destellos de ese trabajo constante de adecuación de las formas elegidas para decir en cada caso: en esta oportunidad, una historia de fantasmas, en la que el misterio se disuelve casi constantemente por la irrupción del sinsentido en la reacción de las criaturas.
Esa reacción toma las formas más diversas: a la aparición de un fantasma le suceden el desinterés de algunos, el espanto de otros, la afirmación de poder en un tercero. Los choques y las caídas son parte de una mecánica en la que lo visual se acompasa musicalmente, aguzando la receptividad del espectador.
De allí que en cada tropiezo se integre a un criterio plástico general y tenga su significado, muchas veces asociado con el desarrollo musical paralelo: así, la acción avanza sin atarse al desarrollo de una historia que proponga el tradicional esquema de presentación, nudo y desenlace.
El teatro de “Urraka” resulta de extremar los recursos de la pantomima, uniéndolos con otros elementos artísticos y sutilizados a través de la utilización de la música y la puesta visual, que se hunde en la evolución del criterio de lo teatral y hace de la mezcla de diversos elementos, con mucho de teatro físico y otros de la comedia musical, su fundamental basa expresiva.
Su eficacia y su fineza son indisimulables y logra esa especie de milagro antes comentado de hacer reír sobre esquemas ya recorridos, y respondiendo a todo tipo de expectativas, en el entendimiento de que la ruptura de las barreras es posible a condición de crear un lenguaje, de síntesis en su caso, que no necesite de lo que es nombrado para hacer brotar la risa sin fronteras.
R.S.
Los instrumentos realizados con objetos reciclables remiten evidentemente a “Les Luthiers”. La gestualidad y el éxtasis corporal que constituyen el otro lenguaje básico, naturalmente hacen recordar a los cómicos del cine mudo y a la técnica del “slapstick” con su vecindad paroxística.
El asunto es que los tubos y los barriles de plástico y de cartón, las barras de tergopol, las planchas de metal, no son meras operaciones de impacto. Y los tropezones, las caídas, las secuencias sin sentido, no son meras copias. La música y el teatro se abren paso entre esa utilización instrumental.
La fusión de ritmos y modos expresivos que “Urraka” realiza a partir de esos instrumentos, hace universal su discurso, en el sentido de derribar las fronteras que suelen poner las edades de los públicos, y hacerse comprensibles, risibles y disfrutables para chicos y grandes, como suelen prometer los reclamos publicitarios.
En sus espectáculos, éste resulta menos contundente y tiene un acabado menos sutil que algunos que presentó en la ciudad en ocasiones pasadas; siempre se pueden encontrar detalles que lo transforman en una curiosidad, bienvenida por cierto, en el marco de las formas humorístico-teatrales que dominan la escena.
Géneros populares
La utilización de los géneros populares en materia musical tiene en “Ópera prima” destellos de ese trabajo constante de adecuación de las formas elegidas para decir en cada caso: en esta oportunidad, una historia de fantasmas, en la que el misterio se disuelve casi constantemente por la irrupción del sinsentido en la reacción de las criaturas.
Esa reacción toma las formas más diversas: a la aparición de un fantasma le suceden el desinterés de algunos, el espanto de otros, la afirmación de poder en un tercero. Los choques y las caídas son parte de una mecánica en la que lo visual se acompasa musicalmente, aguzando la receptividad del espectador.
De allí que en cada tropiezo se integre a un criterio plástico general y tenga su significado, muchas veces asociado con el desarrollo musical paralelo: así, la acción avanza sin atarse al desarrollo de una historia que proponga el tradicional esquema de presentación, nudo y desenlace.
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Su eficacia y su fineza son indisimulables y logra esa especie de milagro antes comentado de hacer reír sobre esquemas ya recorridos, y respondiendo a todo tipo de expectativas, en el entendimiento de que la ruptura de las barreras es posible a condición de crear un lenguaje, de síntesis en su caso, que no necesite de lo que es nombrado para hacer brotar la risa sin fronteras.
R.S.