El recuerdo de una integrante de la Sociedad Israelita
Beatriz Szpiniak es miembro de la Sociedad Israelita de Río Cuarto. Aunque nació y transcurrió gran parte de su vida en Uruguay, junto con su marido, Víctor Ferreira, están radicados en la ciudad desde el año 1975. Ambos son ingenieros agrónomos y han trabajado intensamente en la Universidad Nacional de Río Cuarto. Tienen un hijo, Ariel, una hija, Analía, y cinco nietas. En el marco del aniversario número 75 de la finalización de la Segunda Guerra Mundial, la integrante de la comunidad judía comentó a Puntal que una prima hermana de su padre, a quien consideraban su tía, estuvo dos años en un campo de concentración y logró sobrevivir.
Liberada
“Mi tía Johana Szpiniak fue una de las personas liberadas en Auschwitz. Gracias a mis padres, pudo llegar hasta Montevideo (Uruguay), donde se desarrolló profesionalmente. Ella siempre nos contó historias relacionadas a lo que vivió durante dos años en los campos de concentración. Todos los integrantes de mi familia eran muy intelectuales y tenían buenos trabajos. Mis abuelos no dejaron Alemania y se fueron a Uruguay por cuestiones económicas, se fueron porque ya en 1923 se veía venir lo que terminó ocurriendo en la Segunda Guerra”, recordó Beatriz Szpiniak.
“Johana nos contaba que, antes de que fuera llevada a los campos de concentración junto con sus amigas, leía muchísimo, hasta muy tarde. Ella fue liberada, pero su hermano se escapó de los campos a Rusia. Después de varios años, también se radicó en Uruguay. Él no quedó bien por todo lo que padeció. Johana hablaba bien varios idiomas y pudo desarrollarse perfectamente en Montevideo. Siempre le quedó el dolor por sus padres, que nunca aparecieron. De hecho, ella escribió un libro que se llama ‘La flor que no coloqué’, ya que no los pudo enterrar ni saber qué fue de ellos”, agregó.
A los 14 años
Beatriz recordó que su tía tenía 14 años cuando fue secuestrada y que, pese a todas las atrocidades que le tocó vivir, siempre siguió en contacto con las amigas que lograron sobrevivir.
“Una de las cosas que más me quedaron grabadas de su relato es que estando en los campos de concentración le salió un ántrax (un grano grande) muy doloroso y que un día sus amigas la llevaron a los hornos que había para quemárselo para poder salvarla”, manifestó Szpiniak.