Reflejos de 15 días afiebrados

Algunos apuntes en torno a una programación que concentra en dos semanas una oferta que bien podría dosificarse de otra manera y tener su réplica a lo largo del año. Mirá la galería.
 
Las imágenes que acompañan esta reseña reflejan 15 días que parecen haber sido vividos, en esta ciudad y alrededores, nada más que por las criaturas humanas de 15 años para abajo, por fijar una edad límite cualquiera.

Y en verdad se los verá a los chicos como protagonistas de muchas de las instantáneas que en esta nota pretenden ponerle imagen a la avalancha de espectáculos que, como sucede habitualmente, se concentran en esta época del año.

Salta a la vista que la fiebre dura exactamente 15 días: durante el resto del año los padres se hacen olímpicamente los osos frente a cualquier oferta artística destinada a sus hijos, y los programadores de espectáculos, otro tanto.

Quedará por saber, con respecto a esas conductas de padres y programadores, si es primero el huevo o la gallina. En cualquier caso, el resultado es transparente: en materia de oferta artística, cada año son 350 días de oquedad absoluta contra 15 de absoluta saturación.

Esa constatación, que no disimula una crítica, no impide aceptar que, en términos de reflejo periodístico, se impone la obligación de tener presente, y de dar cuenta de alguna manera, esa programación que en algún momento parece inabarcable.

Y en ese sentido vale puntualizar algunas de las sensaciones más intensas, algunos de los momentos más destacados de una grilla que, por debajo de la variedad de títulos, apenas deja asomar unas pocas sorpresas.

Una de las constataciones es que, con sus nuevas modalidades a cuestas, el circo y los títeres siguen apuntando maneras, y atrayendo, y movilizando, y atrapando a los chicos, aun en estos tiempos en los que los móviles parecen haber puesto un cerco a sus miradas.

La programación sólida del ciclo “Mascachicos”, que ya es una tradición de consistente calidad; la aventura jugada y sostenida con una idea estética predominante por el ciclo “Circo en Vacaciones” y la oferta del C.C. El Andino, con Circo en Acción a la cabeza, dieron material de calidad para constatar la vigencia de esas formas artísticas.

Otra constatación de estos días: que los grandes artistas no pasan de moda y son capaces de resonar de manera diversa sin perder ni una pizca de esa capacidad de íntima comunicación con el mundo que reflejan y que construye su grandeza: por caso, el ejemplo mayestático de la obra de María Elena Walsh.

Ya sea enfocada de modo más o menos clásico por el dúo Frankel-Korn en “El reino del revés”, o con un desarrollo musical que se abre de las formas originales en el enfoque de “Rock and Walsh”, esas canciones que imaginó la gran artista atraviesan el tiempo y las generaciones, sin perder atractivo.

Otro protagonismo le cupo a la narración oral: revestida con diversos ropajes, la fascinación del relato que remite a la más íntima relación entre padres e hijos tuvo muchas manifestaciones, y en cada una de ellas se pudo comprobar que los chicos siguen dejándose atrapar en sus redes y gozan de ese instante de arrobadora sencillez.

En fin, que en este ligero reflejo de 15 días afiebrados, en el que cabe también una mención a la postrera participación de hace algunas horas del grupo “Urraka”, con su excelente trabajo que mezcla la estética del cine mudo y los reflejos siempre potentes de la música, cabe la celebración por lo vivido y también el lamento porque a los chicos se los tenga en cuenta, en materia de oferta artística, nada más que durante dos semanas.  

Ricardo Sánchez