Luego, destaca que “el campo necesita menos burocracia, más eficiencia y mejores reglas. Pero cuando hablamos de sanidad animal, hablamos de un bien público estratégico”, remarcó la entidad presidida por Maximiliano Razzeto.
Semanas atrás, Carbap había emitido un comunicado titulado “La fiebre aftosa no se desregula, se previene”. Siempre con el temor al fantasma del 2001, cuando se reconocieran finalmente más de 2.000 focos de fiebre aftosa en el país; y teniendo en cuenta el contraste con el presente: hoy la fiebre aftosa es considerada una enfermedad exótica en la Argentina, dado que la mayor parte de nuestro territorio es reconocido como libre con vacunación y existen zonas específicas libres sin vacunación.
Carbap había remarcado que “sin ningún tipo de justificación técnica que lo avale, de manera absolutamente inconsulta, sin evidencias económicas que lo respalden y en forma absolutamente inoportuna, se pretende modificar mediante un acto administrativo la estructura central de la campaña de vacunación”.
Frente a esto, Cartez, con fuerte anclaje en Córdoba, destacó que “el sistema sanitario argentino funciona, con mejoras posibles, pero funciona. Cambiarlo todo, para corregir problemas puntuales puede generar riesgos innecesarios. Incluso, algunas medidas pueden generar el efecto contrario” al deseado, alerta la entidad ruralista y apunta a una mayor “concentración y menor equilibrio en el sistema”.
Más tarde explica que “ser prudentes no es resistir, es cuidar lo que construimos durante décadas. La sanidad aninal requiere responsabilidad, coordinación y una mirada común. Desregular, sí; pero con responsabilidad”, concluyó la entidad ruralista de segundo grado.
Vale recordar que el encargado de anunciar las modificaciones a las reglas dispuestas hace un cuarto de siglo fue Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación: ““cuando en 2001 se produjo el último brote de aftosa se armó un sistema de vacunación centrado en ‘Entes Vacunadores’ que tenían a su cargo la supervisión sanitaria en una zona particular. Este sistema, motivado por la urgencia del momento, vino con dos problemas centrales. Primero, generaba un monopolio local: un productor de Azul tenía que vacunar con su ente, el de Tres Arroyos con el suyo, sin que pudiera haber competencia entre ellos. Como los precios de las aplicaciones diferían, recibí incontables mensajes de productores puteando (si me disculpan la expresión) por estar atrapados con su ente. El segundo problema era el de escala. Al dividir el país en innumerables pedacitos, era imposible desarrollar una red de distribución nacional eficiente y más económica”, remarcó el funcionario