Valeria Olmedo conoce la libertad por primera vez
“Si quieren saber el final de la película, se los adelanto: Valeria Olmedo mató a su pareja con un cuchillo la noche del 12 de agosto de 2018. Pero quiero que tengan en claro una cosa: esta vez, me toca defender a la víctima”.
Las palabras que el asesor letrado Pablo Demaría dirigió a los jurados populares fueron proféticas: Olmedo, la mujer de 26 años de Alejo Ledesma, se exponía a una larga condena por haber matado a su expareja, Julio César Pereyra; sin embargo, regresó a su casa en libertad.
¿Cómo lo logró?
El fallo que el 5 de octubre de este año pronunció la Cámara Primera del Crimen marcó un hito en tribunales: por primera vez, tres jueces reconocieron como víctima de violencia de género a una mujer que estaba sentada en el banquillo de los acusados.
Fue después de que la mujer contara cara a cara frente al tribunal los vejámenes a los que la venía sometiendo su pareja desde que empezaron a convivir, cuando ella tenía apenas 12 años y el golpeador 27.
Relató que desde el inicio de la relación, Pereyra mostró poco apego al trabajo y una propensión al alcohol y a la violencia que no tardaría en aflorar con toda su furia.
La primera golpiza a manos de Pereyra la recibió a los pocos meses de convivencia, cuando en la casa de la madre de él la tomó de los cabellos y la arrastró en la mesa porque se negaba a comer.
Fue el preludio de una serie de maltratos que no tendría fin.
Los jueces Emma, García y Varela Geuna concluyeron que la madrugada del 12 de agosto de 2018, el día que Pereyra festejaba su cumpleaños junto con un grupo de hombres y mujeres, Olmedo se encontraba en tal situación de sometimiento y desesperación frente a las permanentes golpizas y amenazas de muerte que recibía, que la hicieron “no punible”, es decir, que su conducta no puede ser castigada por la ley.
Esa noche, la mujer que apenas araña el metro sesenta de estatura llegó en su bicicleta hasta la vivienda de Alejo Ledesma donde se hacía la fiesta y, al ver a su pareja inclinado sobre un plato con cocaína, entró en tal crisis de nervios que, luego de una fuerte discusión, tomó un cuchillo tramontina que había en una mesa cercana y le aplicó a Pereyra un puntazo letal en el pecho.
De esa noche enloquecida, Valeria dijo: “Tenía la cabeza hundida en un plato con cocaína y le dije: “¡Pensá en tus hijas, Julio!” y entonces, él me miró de una forma que a mí me dejó paralizada por el miedo”.
“A esto lo arreglamos en casa, me dijo, mirándome con esos ojos de odio. Yo sabía lo que me esperaba, si cuando llegaba mamado se desquitaba dándome palizas, estando drogado sabía que me iba a matar”. Y concluyó: “Era su vida o la mía”.
Después de una vida de abusos y golpes y tras quedar ella misma al borde de la muerte en varias ocasiones, una condena hacia Olmedo hubiese significado un acto de injusticia. Así lo entendió el fiscal de Cámara Julio Rivero, que en su alegato había pedido la absolución de la acusada.
Finalmente, los magistrados y los jurados populares le otorgaron a la mujer la libertad y la posibilidad de reunirse con sus tres hijas, sin la carga de una “nueva condena”.