Río Cuarto | Valeria

Histórico: cómo se gestó el fallo que reconoce a las víctimas de violencia

Por la pandemia, la mujer de 26 años podía ser juzgada a distancia, por videollamada. Su abogado defensor le recomendó que contara su testimonio de cara a los jurados. "Logramos que el tribunal se pusiera en sus zapatos", dijo.
 

La sombra de una barba canosa y las ojeras subrayan el agotamiento de Pablo Demaría, uno de los cuatro asesores letrados -o “abogados de los pobres”-, en los tribunales de Río Cuarto.

Es el mediodía del martes y el teléfono de su despacho no le dio tregua en toda la mañana. “No paró de sonar”, dijo Demaría con un dejo de embarazo en la voz.

Los grabadores y las cámaras no son su hábitat. Es en la sala de juzgamiento donde el asesor letrado se siente en su elemento.

El jueves pasado, cuando la jueza Virginia Emma, de la Cámara Primera del Crimen, le ofreció que se presentara a los jurados populares y les explicara su rol en el juicio a Valeria Olmedo, Demaría encontró las palabras justas: “Si quieren saber el final de la película, se los adelanto: Valeria Olmedo mató a su pareja con un cuchillo la noche del 12 de agosto de 2018. Pero quiero que tengan en claro una cosa: esta vez, me toca defender a la víctima”.

Lo que siguió después, fue un testimonio arrollador. La mujer con el rostro estragado y el cabello recogido en una colita evocó con crudeza los episodios de violencia que soportó al lado de su pareja, Julio César Pereyra (39), desde que ella tenía 12 años y aceptó irse a vivir con él.

La elección que hizo para huir de un hogar paterno violento acabó siendo una opción de hierro: sin sospecharlo, Olmedo ingresaba a una nueva fase de sometimiento.

Como un torrente, sus palabras fluyeron incontenibles y no dejaron a nadie indiferente.

Bastaba repasar el rostro reconcentrado de los doce ciudadanos comunes sentados entre las butacas del auditorio, para entender que el testimonio desgarrador de Olmedo estaba aportando dolor sí, pero también un soplo de aire fresco en la Justicia.

Sobrecargar sus espaldas con una condena por haber matado al hombre que la redujo a su mínima expresión como persona no sería hacer justicia. Lo entendieron al unísono los jueces técnicos Emma, García y Varela Geuna, y también los jurados populares.

Así lo reflejaron en el fallo que no sólo absolvió a Valeria Olmedo por entender que las condiciones de vida en las que quedó entrampada la hacían “no punible”; sino que también le reconocieron su condición de víctima de violencia de género.

Esa declaración, sin precendentes en los tribunales riocuartenses, marcó un hecho histórico, tal como reconoció a este periodista el fiscal de Cámara, Julio Rivero.

Perspectiva de género

El primer acierto de la defensa fue sortear los obstáculos que plantea la pandemia y lograr que la mujer acusada estuviera en la sala y diera su testimonio cara a cara, frente al tribunal.

“Sin duda que la presencia de Valeria acá fue importantísima para la suerte del juicio. Así, logramos que el jurado se pusiera en los zapatos de Valeria. Eso es lo que queríamos y creo que su testimonio permitió eso. Por eso digo que no tengo dudas que el relato de las crueldades que vivió fue lo que permitió conocerla”, dijo Demaría.

El otro objetivo del asesor era que su defendida fuese juzgada con una perspectiva de género.

Y también lo consiguió.

“Conociendo la causa y habiéndome involucrado en ella, entiendo que no había otra alternativa que absolverla. Pero lo que destaco, por sobre todas las cosas, es que se declarara a Valeria como una víctima de violencia de género. No sé si fue un hecho histórico, pero sí fue algo determinante en este fallo”, destacó el letrado.

-Nunca antes había sucedido eso, al menos en la Justicia local.

-Tal cual, no es otra cosa que el cumplimiento de la obligación que tiene el Estado de juzgar estas causas con perspectiva de género. Por eso, destaco la labor de la Cámara al momento de dictar esta resolución. Estas relaciones interpersonales de hombres y mujeres en las que aparece un contexto de violencia deben ser juzgadas con una perspectiva de género.

-¿Qué lo hizo percibir que estaban frente a esa condición?

-Como toda investigación cuando uno lee un expediente en papel lo primero que ve básicamente es lo que sucedió ese 12 de agosto de 2018, en horario de la noche.

-Ese día una mujer mató de un cuchillazo a su pareja, en presencia de varios testigos, lo cual la colocaba en riesgo de ir a una perpetua.

-Claro, por eso los primeros testimonios son de las personas que vieron el hecho puntual. Pero correctamente después la Fiscalía de Instrucción de La Carlota fue incorporando testimonios de lo que fue la relación de Valeria y ahí es donde aparece todo un contexto de violencia de género que es avasallante. Hay pruebas de sobra que revelan el infierno que vivió Valeria en su relación de pareja.

-Así como el fallo fue celebrado como una bocanada por parte de la sociedad, hay sectores conservadores que lo ven como una justificación de la violencia por parte de las mujeres.

-Sí, pero como traté de explicar en mi alegato, esto no es para nada una legitimación de la violencia de parte de la mujer hacia el hombre porque no se pueden equiparar diferencias estructurales y culturales entre la violencia del hombre y la de la mujer. No se trata de legitimar en ningún modo eso. Creo que este fallo vino a poner justicia. Y en ese sentido no tiene que haber ninguna crítica a la resolución que acaba de tomar la Cámara Primera.

-Incluso, el fiscal que es el encargado de sostener la acusación no pidió condena y se mostró de acuerdo con el fallo.

-Sí, sin duda. El representante del Estado pidió que se la absolviera a Valeria Olmedo. Es decir, que reconoció que la mujer era una víctima, por eso adherí a su posición.

-¿Qué fue lo que habló con ella después del veredicto?

-La verdad, que lo que hice fue explicarle lo que había pasado: Valeria no caía en la resolución que había escuchado. Le expliqué que ella era libre. “Sos libre, Valeria. Te absolvieron”, le dije. Ella lo que me había pedido era que quería volver a su casa con sus hijas. Entonces, le dije: “Andá a tu casa y reencontrate con las nenas”. Eso fue lo que pasó. Ella estaba bastante emocionada y en ese momento lo que necesitaba era recibir el abrazo de sus hijas. Por eso de inmediato emprendió el regreso a su pueblo, Alejo Ledesma. Con el paso de los días, y con más tranquilidad, seguramente volveremos a hablar.