No es el único misterio que pretende revelar el magistrado, que hizo lugar a la mayoría de las medidas de prueba solicitadas por la fiscalía. Por caso, la identidad y las comunicaciones de la funcionaria de la Aduana que habilitó un carril especial para que los pasajeros y tripulantes del jet privado no fueran revisados; los vehículos y empleados involucrados en la descarga; los controles sobre la bodega del avión, y hasta las razones por las que la Administración Nacional de Aviación Civil (Anac) no tenía registros de los movimientos del jet de Scatturice. Una suerte de vuelo “fantasma”. Todo eso, además de autorizar que se vuelva a tomar el testimonio de los pilotos, uno de los cuales trabajó para el expresidente Alberto Fernández.
Oficialmente, se registró que el jet privado partió desde Fort Lauderdale, en Florida, pero podría haberlo hecho desde Opa-locka, otro aeropuerto de ese estado.
De dónde salió
Según la declaración general de vuelo, la aeronave provenía del aeropuerto KFLL-Fort Lauderdale, Florida. Sin embargo, en mensajes de WhatsApp enviados por el piloto al personal de la empresa Royal Class, que fueron aportados en el expediente judicial por esa compañía, indicaba que la aeronave provenía y regresaría el 12 de marzo al aeropuerto de Opa-locka (KOPF).
Por su parte, la Empresa Argentina de Navegación Aérea (Eana) aportó la faja de progreso de vuelo y mensajes AMHS, que contienen información relativa al plan de vuelo y su trayectoria, de los cuales también se desprende que la aeronave habría provenido de Opa-locka.
Este detalle es clave porque habla de los controles que se realizaron sobre el equipaje al salir de los Estados Unidos, uno de los argumentos que la empresa de Scatturice esgrimió para asegurar que el equipaje fue controlado al partir.
Para aclarar esas dudas, el juez −dijeron fuentes judiciales a La Nación− pidió los videos del despegue de la aeronave. Asimismo, se pidieron nuevas declaraciones testimoniales a los pilotos. Uno de ellos, Juan Pablo Pinto, fue el piloto de Alberto Fernández que protagonizó el vuelo rasante sobre Aeroparque con el que bautizaron en 2023 al flamante avión presidencial ARG-01.
El fiscal Claudio Navas Rial pidió investigar quién ordenó dejar pasar las valijas del avión de Scatturice sin que las revisaran. Y el juez Yadarola avanzó para individualizar a los funcionarios de la Aduana que permitieron el ingreso del equipaje sin sobresaltos y en particular a una mujer que intercambió un celular con la pasajera Laura Belén Arrieta.
“Inconsistencias significativas”
Navas Rial habló en su dictamen de “inconsistencias significativas”, entre las que destacó “omisiones en los controles de equipaje al momento del arribo; ausencia de registros que acrediten la trazabilidad del equipaje; deficiencias en el registro migratorio de tripulantes y pasajeros; falta de documentación que acredite la inmovilización, resguardo e inspección del contenido de la aeronave; ausencia del registro del vuelo en las bases de datos estatales correspondientes; y dudas respecto del aeropuerto de procedencia declarado”.
Asimismo, señaló que hubo una “instrucción externa que habría condicionado el desarrollo de los procedimientos previstos” para revisar a los pasajeros del avión que aterrizó el 26 de febrero en Aeroparque.
En ese dictamen, el fiscal pidió que se individualicen los funcionarios que acompañaron a los pilotos y a Laura Belén Arrieta, la ejecutiva de la empresa OCP Tech que bajó del avión como única pasajera.
Los ocupantes
El avión ingresó con José Luis Donato Bresciano y Pinto como pilotos y Arrieta como pasajera. Se sumó un cuarto ocupante a la salida, Víctor Germán Du Plooy, quien había arribado previamente al aeropuerto de Ezeiza el día 3 de marzo, en un vuelo comercial. Se trata del Corporate Business Manager de OCP Tech, la empresa de Scatturice que hace un mes abrió oficinas en Puerto Madero como parte de su política de expansión. Todos los empleados trabajaban para Scatturice desde hace un año.
Navas Rial, tras reconstruir la llegada del avión, el recorrido de los pasajeros y las valijas, y destacar que se anotaron cinco bultos, cuando en realidad bajaron 10 de la aeronave, destacó que no se revisaron.
Canal paralelo
Las valijas pasaron por un canal paralelo sin ser objeto de controles. “Este tratamiento diferenciado -justificado en la inexistencia de alertas activas sobre el grupo, según lo manifestado por el jefe de División- y en presencia de tecnología operativa disponible, plantea interrogantes sobre el fundamento de la selectividad aplicada”, dijo Navas Rial.
Y agregó que “la omisión de revisión contrasta con el control ejercido de manera regular e inmediata sobre todos los demás pasajeros en condiciones aparentemente similares”, destaca el dictamen.
“El registro fílmico evidencia que, mientras una cantidad considerable de personas se encontraban en el hall de Aduana, siendo sometidos al control de equipaje mediante escáner, la pasajera y los dos tripulantes del vuelo privado fueron los únicos en beneficiarse de un criterio de selectividad que derivó en un procedimiento diferenciado. Este hecho se produjo ante la mirada de los funcionarios encargados del control, que no solo presenciaron la situación, sino que además facilitaron activamente el acceso exclusivo del grupo, mientras los demás pasajeros eran conducidos por los carriles de control correspondientes”, dice el fiscal.
Teléfono bajo la lupa
En las imágenes que acompañan el dictamen se ve que una funcionaria aduanera recibió de Arrieta un teléfono celular. Supuestamente en ese llamado recibe la orden de que dejen pasar las valijas sin ser revisadas.
El fiscal quiere identificar a esa agente aduanera, “así como establecer la titularidad de las líneas telefónicas que obraban en poder tanto de la pasajera como de la empleada estatal al momento del hecho”.
Una vez identificadas, el fiscal quiere los registros de llamadas entrantes y salientes, mensajes de texto y tráfico de datos para saber si en esa llamada le dieron el ok para que las valijas pasaran sin ser revisadas.
La fiscalía también quiere identificar a todos los vehículos que intervinieron en el arribo del avión, en particular dos camionetas color negro, pertenecientes a Royal Class; una camioneta tipo traffic que podría pertenecer a la PSA; una camioneta a la Dirección General de Aduanas y dos o tres camionetas que se aproximan y se retiran de la aeronave. La fiscalía quiere saber quiénes iban a bordo para llamarlos a declarar.
Teniendo en cuenta la discrepancia entre los cinco bultos declarados oficialmente, Navas Rial sugirió además que vuelvan a declarar ambos tripulantes y el chofer del vehículo identificado como “Michi”, que estaba al servicio de Laura Belén Arrieta.