Obligados a dejar su tierra y hasta su familia para sobrevivir, cientos de miles de venezolanos hoy se encuentran en Argentina y por televisión siguen angustiados lo que día a día pasa en su tierra natal. Además, son ellos quienes desde aquí les dan las noticias a sus familias en Venezuela porque allá desconocen lo que está pasando en las fronteras debido a que los medios de comunicación están totalmente bloqueados.
A más de 4.200 kilómetros de su país, Hugo Iskandar en Coronel Moldes, Antonio Labrador en Huinca Renancó y Luis Leal en General Cabrera siguen segundo a segundo lo que sucede en Venezuela. En las últimas jornadas hasta su sueño se ha visto alterado. Es que su pensamiento está con sus familiares y amigos que están luchando por recibir la ayuda humanitaria.
“No sabemos qué puede pasar. Todo está muy exacerbado. El régimen de Maduro no piensa en el pueblo; han muerto dos indígenas y hay decenas de heridos. La ayuda humanitaria ha podido sobrepasar por algunos lugares, pero todo es incertidumbre”, dice Hugo Arneodo, quien aunque nació en Argentina es venezolano por adopción.
Hace pocos años y cuando la situación en aquel país se tornó imposible, decidió volver a Argentina y al poco tiempo lo siguieron su hijo Iskandar y un amigo, Alfredo Monet. El proyecto era estar unos años y volver a Venezuela.
Pero la situación los aleja cada vez más de ese sueño.
Tensa vigilia
“Está terrible aquello. No he dormido anoche viendo cómo se está tratando de pasar la ayuda humanitaria por Colombia. Es horroroso, han matado a dos indígenas en la parte de la frontera con Brasil e hirieron a otros 20”, comienza Hugo a relatar lo que por los medios se va enterando.
Mientras tanto, es vía WhatsApp que mantiene contacto con amigos que siguen en Venezuela. “Estamos las 24 horas pendientes y más aún en los últimos tres o cuatro días. Ayer (por el viernes) cuando se hizo el concierto de la cruzada humanitaria del lado de Colombia y a favor de Venezuela”. En medio del diálogo con Puntal, Hugo recibió un mensaje a su teléfono de Ramón, un venezolano que vive hacia la frontera con Brasil, en el que le anunciaba que una porción de la ayuda humanitaria había logrado mover barricadas del puente Simón Bolívar y avanzaba ya en tierra de Venezuela.
“Nosotros fundamentalmente estamos en contacto por Whats-App con la gente, los familiares de Cumaná. Pero también los chicos (su hijo y un amigo) tienen muchos más amigos que yo en Caracas, ciudad Bolívar y diferentes puntos del país y a cada instante se están comunicando con ellos. Lo que ocurre es que nosotros aquí en Argentina estamos más enterados que la gente en Venezuela, porque allá están todos los medios (de comunicación) cortados”, puntualiza.
“Como soy muy twittero, las ligo y las paso a los familiares de Venezuela por Facebook, WhatsApp. Estamos muy mal porque no sabemos qué puede pasar”, dice Arneodo ya quebrado en llanto.
Al tiempo que agrega que es necesario que ingresen alimentos y medicina al país, pues resaltó que hay miles de venezolanos a punto de morir por hambre o por no poder tratar sus enfermedades. “Hay más de 300 mil personas a punto de morirse porque no tienen diálisis, no tienen retrovirales. Niños desnutridos cuya imagen que vemos remite a aquellas de los niños de Biafra (África) que eran huesitos con piel, pues ello está ocurriendo acá muy cerquita, en nuestra Venezuela. Nadie tiene nada, absolutamente nada”, remarca.
Hugo clama para que quienes impulsan la ayuda humanitaria no desistan y sigan intentando, pero que lo hagan en paz.
Mientras expresa esto reflexiona y se detiene para contar una imagen que termina de ver por televisión. “Ahorita estaban esperando por una ciudad que se llama Ureña, de Colombia, y en el límite de Venezuela. Ancianas pedían de rodilla a las guardias nacionales que dejaran entrar ayuda humanitaria y ellos respondieron con gases lacrimógenos. Es muy terrible”, reitera desesperado Hugo.
En este punto Arneodo hace un paréntesis para aclarar que la mayoría de los guardias nacionales no son venezolanos, “son soldados cubanos, porque Cuba tiene un montón de ellos en Venezuela, tan es así que en algunos cuarteles están las dos banderas. Por eso digo que la mayoría de la guardia que está haciendo esta masacre son soldados cubanos”, enfatiza.
Hugo junto a su hijo Iskandar vivían en Cumaná, frente a las Islas Margaritas. Allá dejaron su corazón latiendo. Aunque alejada del centro de mayor conflicto, admiten que en esa zona el terrorismo islámico y el narcotráfico también se evidencian.
Sin quitar la vista del televisor, conectados vía internet y teléfono en mano, todo sirve para acompañar a la distancia a sus hermanos venezolanos. La vigilia continúa.
Patricia Rossia.
Redacción Puntal
“No sabemos qué puede pasar. Todo está muy exacerbado. El régimen de Maduro no piensa en el pueblo; han muerto dos indígenas y hay decenas de heridos. La ayuda humanitaria ha podido sobrepasar por algunos lugares, pero todo es incertidumbre”, dice Hugo Arneodo, quien aunque nació en Argentina es venezolano por adopción.
Hace pocos años y cuando la situación en aquel país se tornó imposible, decidió volver a Argentina y al poco tiempo lo siguieron su hijo Iskandar y un amigo, Alfredo Monet. El proyecto era estar unos años y volver a Venezuela.
Pero la situación los aleja cada vez más de ese sueño.
Tensa vigilia
“Está terrible aquello. No he dormido anoche viendo cómo se está tratando de pasar la ayuda humanitaria por Colombia. Es horroroso, han matado a dos indígenas en la parte de la frontera con Brasil e hirieron a otros 20”, comienza Hugo a relatar lo que por los medios se va enterando.
Mientras tanto, es vía WhatsApp que mantiene contacto con amigos que siguen en Venezuela. “Estamos las 24 horas pendientes y más aún en los últimos tres o cuatro días. Ayer (por el viernes) cuando se hizo el concierto de la cruzada humanitaria del lado de Colombia y a favor de Venezuela”. En medio del diálogo con Puntal, Hugo recibió un mensaje a su teléfono de Ramón, un venezolano que vive hacia la frontera con Brasil, en el que le anunciaba que una porción de la ayuda humanitaria había logrado mover barricadas del puente Simón Bolívar y avanzaba ya en tierra de Venezuela.
“Nosotros fundamentalmente estamos en contacto por Whats-App con la gente, los familiares de Cumaná. Pero también los chicos (su hijo y un amigo) tienen muchos más amigos que yo en Caracas, ciudad Bolívar y diferentes puntos del país y a cada instante se están comunicando con ellos. Lo que ocurre es que nosotros aquí en Argentina estamos más enterados que la gente en Venezuela, porque allá están todos los medios (de comunicación) cortados”, puntualiza.
“Como soy muy twittero, las ligo y las paso a los familiares de Venezuela por Facebook, WhatsApp. Estamos muy mal porque no sabemos qué puede pasar”, dice Arneodo ya quebrado en llanto.
Al tiempo que agrega que es necesario que ingresen alimentos y medicina al país, pues resaltó que hay miles de venezolanos a punto de morir por hambre o por no poder tratar sus enfermedades. “Hay más de 300 mil personas a punto de morirse porque no tienen diálisis, no tienen retrovirales. Niños desnutridos cuya imagen que vemos remite a aquellas de los niños de Biafra (África) que eran huesitos con piel, pues ello está ocurriendo acá muy cerquita, en nuestra Venezuela. Nadie tiene nada, absolutamente nada”, remarca.
Hugo clama para que quienes impulsan la ayuda humanitaria no desistan y sigan intentando, pero que lo hagan en paz.
Mientras expresa esto reflexiona y se detiene para contar una imagen que termina de ver por televisión. “Ahorita estaban esperando por una ciudad que se llama Ureña, de Colombia, y en el límite de Venezuela. Ancianas pedían de rodilla a las guardias nacionales que dejaran entrar ayuda humanitaria y ellos respondieron con gases lacrimógenos. Es muy terrible”, reitera desesperado Hugo.
En este punto Arneodo hace un paréntesis para aclarar que la mayoría de los guardias nacionales no son venezolanos, “son soldados cubanos, porque Cuba tiene un montón de ellos en Venezuela, tan es así que en algunos cuarteles están las dos banderas. Por eso digo que la mayoría de la guardia que está haciendo esta masacre son soldados cubanos”, enfatiza.
Hugo junto a su hijo Iskandar vivían en Cumaná, frente a las Islas Margaritas. Allá dejaron su corazón latiendo. Aunque alejada del centro de mayor conflicto, admiten que en esa zona el terrorismo islámico y el narcotráfico también se evidencian.
Sin quitar la vista del televisor, conectados vía internet y teléfono en mano, todo sirve para acompañar a la distancia a sus hermanos venezolanos. La vigilia continúa.
Patricia Rossia.
Redacción Puntal

