Socorristas extranjeros empezaron las tareas de rescate en Venezuela

Los trabajos se focalizan en el litoral de La Guaira, la zona más afectada por el doble terremoto. El número de muertos y heridos se elevó aceleradamente en las últimas horas

Desesperada búsqueda de un sobreviviente entre los escombros en Playa Grande, estado de La Guaira.

 

Desbordado por la magnitud de la catástrofe, el gobierno de la presidenta Delcy Rodríguez, recibió con alivio el desembarco de las brigadas militares estadounidenses y de los rescatistas internacionales, que pusieron manos a la obra ante la desolación existente en el litoral de La Guaira. Debajo de las toneladas de escombros todavía permanecen parte de las víctimas del doble terremoto que ha acabado con la vida de al menos 920 personas.

Según las autoridades, la cifra de damnificados es de cerca de 4.000, una cifra que la realidad pulveriza con el paso de los minutos.

Por desgracia para un país que suma demasiadas heridas, los muertos serán muchos más: los desaparecidos, según las iniciativas de la sociedad civil, superan la barrera de los 50.000, pese a que ya se ha detallado la ubicación de 10.405 personas.

La Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU estima que los desaparecidos se acercarían a los 50.000, lo que situaría a los terremotos del día de San Juan como el segundo desastre más devastador del continente en lo que va de siglo, sólo por debajo del sucedido en Haití el 12 de enero de 2010, que acabó con la vida de más de 300.000 personas y dejó sin hogar a un millón y medio de caribeños.

Las infraestructuras afectadas hasta ahora en Venezuela, ya sean con daños importantes o directamente destruidas, son más de 1.400, según el gobierno de Caracas.

Tras dos días de gestión ineficaz en la zona cero de La Guaira y los primeros saqueos, el Gobierno ha ordenado el despliegue de las Fuerzas Armadas, que hasta ese momento habían permanecido en sus cuarteles. De hecho, la orden de militarizar la costa sucede horas después de la llegada del mayor general Kevin J. Jarrard, máximo responsable del Comando Sur en Venezuela y comandante del Cuerpo de Marines, que ya espera la llegada del USS Fort Lauderdale, unidad anfibia que ejercerá como puente de mando para las operaciones, y el USS Billings, buque de guerra capaz de prestar apoyo en la línea costera.

Lo más paradójico es que ambos navíos participaron en el despliegue militar en el Caribe que precedió y participó en la operación militar del 3 de enero, que acabó con la captura del presidente Nicolás Maduro. En esta ocasión, el desembarco estadounidense es visto en Venezuela como una tabla de salvación para el gobierno de Delcy.

“¡Ahí está mi nieta con 5 años, tapiada”, clamó el abuelo desesperado en un derrumbe en Catia La Mar, con el temor de que un incendio que comenzaba afectara a la niña. “Siempre he votado por este gobierno y ni una cisterna de bomberos pueden enviar para que los tapiados no mueran asfixiados”, certificó con angustia.

Ese es un testimonio que se multiplica por toda la zona cero, donde se pide silencio para escuchar las voces de quienes claman ayuda. En las últimas horas se sucedía un milagro tras otro al extraer “con las uñas” a las víctimas, en medio de réplicas que alcanzaron 4,4 grados en la escala de Richter.

Si un pueblo sabe de saqueos en Venezuela, ese es el guairense. El terrible pillaje que se desató en La Guaira tras el devastador deslave de 1999 se ha repetido en cuotas menores tras el doble terremoto del día de San Juan.

“Estábamos en Catia La Mar el jueves después de llevar a una joven al hospital cuando vimos cómo saqueaban un mercadito de ropa y huevonadas (cosas) tecnológicas. Ahí intervino la PNB (Policía Nacional Bolivariana) porque estaban asaltando una vaina de venta de repuestos de carros (vehículos). ¿Qué necesidad tienes de repuesto de carro en medio de este caos? La verdad es que la policía apareció cuando empezaron a saquear cosas que no eran útiles”, dijo José Álvarez, uno de los voluntarios llegados de Caracas que ha adoptado como suyo el lema “Donde falta gobierno, lo que sobra es pueblo”, que suma adeptos entre quienes participan en la cadena de solidaridad.

Mientras alrededor de los escombros los grupos más valientes, con algunos policías, bomberos y Defensa civil con muy escasos medios, porfiaban para salvar a los atrapados, otros grupos se metían entre las paredes derrumbadas de varios almacenes para llevarse todo lo que hubiera a mano, en saqueos que causaron indignación.