Más fiesta que arte “murguero”

“Pa’la tribuna”, el más reciente trabajo de “Metele que son pasteles” es una expresión menos dentro del potente y penetrante discuso escénico de la murgaestilo uruguayo, que tiene cada vez más adeptos en la ciudad. Mirá la galería.
 
Visto lo visto en varias actuaciones sucesivas de elencos del género, se podría asegurar que la murga uruguaya ha llegado a Río Cuarto para quedarse. Y no sólo porque se haya solidificado a través de la actividad de “Pateando Sapos”,  exponente local de ese estilo, sino porque es evidente que hay un púbico, de lento pero firme crecimiento y compuesto especialmente por jóvenes, que está dispuesto a sostener cierta continuidad programática año tras año, aportando su indispensable presencia. 

Con una presentación a la vista de “Agarrate Catalina” y otra más distante de “Falta y Resto” (seguramente dos de las que más firmemente han transformado su arte en un producto de fuerte presencia en el “show bussines”), ese programa abrió este año con la visita de una de las llamadas “murgas jóvenes” pero que, sin embargo, tiene ya su historia en el concierto murguero del “paisito”: “Metele que son pasteles”, conocida por los riocuartenses seguidores del género en ocasión de una visita anterior, hace ya algún tiempo. 

Su actuación se produjo en el marco de una especie de fiesta popular prologada por las actuaciones de Jony Bisotto y “Cosa de Duendes”, que  son parte de una movida musical que a veces no se valora debidamente entre nosotros: si Bisotto no hubiese colado en las emisiones de un programa televisivo producido en uno de los grandes canales de televisión porteños, y por lo tanto de difusión nacional, acaso pocos hubiesen reconocido sus condiciones vocales. 

Otro sí, esa fiesta de encuentro, verdaderamente entrañable y sostenida por un marco de público más que elocuente, no alcanzó para disimular que “Pa’la tribuna”, el trabajo que trajo en esta oportunidad el grupo visitante, fue uno de los menos destacado de todos cuantos periódicamente vienen testimoniando con su presencia ese verdecer del gusto por la murga de estilo uruguayo a la que se hace referencia al comienzo: acaso le necesidad de hacer explícita esa lectura política de la realidad que subyace en cada expresión del género, le juega en contra. 

Menos humor

“Pa’la tribuna” sugiere desde el título una perspectiva de impostura que no expresa cabalmente en la puesta en escena que, escueta y poco expresiva que le juega decididamente en contra. Cierto estatismo y un desarrollo dialógico algo forzado le quitan expresividad. En ese sentido vale considerar que, en tanto espectáculo de raiz teatral,  para la murga estilo uruguayo resulta vital que su modo particular de plantear la acción dramática, sostenga y complete el discurso que proponen los elementos textuales que le otorgan a la vezsu mordiente crítica y  esa perspectiva humorística paradojal que también forma parte de su esencia.

Sostenido básicamente por un desarrollo algo apagado de la base musical, esa “marcha camión” característica que se impone como telón de fondo, “Pa’la tribuna” casi no utiliza la tradicional adaptación de melodías y canciones populares que son otro elemento de transmisión muy potente dentro del género.

Es que “Metele...” opta decididamente por priorizar el contenido a la forma, algo que ya define fuertemente en la presentación: “Calma, pueblo, que esta murga hoy te representa (…) se te nota perdido e inseguro. Quédate tranquilo, nos pasa a los dos”, dice, insinuando un tono irónico que se diluye en el subrayado posterior.   

Amenaza de actualidad

La idea de desarrollar básicamente el principio de incertidumbre que señala la vida nuestra de todos los días (al decir nuestra se alude al hecho de que, más allá de las particularidades de cada país, hay un algo de tembladeral que identifica el proceso de las sociedades occidentales en la actualidad) se debilita bastante porque tanto las actuaciones como ese cantar polifónico en éxtasis que caracteriza al género, no resultan  aquí del todo potentes, y en especial no alcanzan el nivel de expresión de una duplicidad  de conductas que sugiere el título. 

No es raro que de entre los varios cuplés que construyen la pieza (no sabemos si el espectáculo que presentaron aquí es el mismo con el que participaron en la competencia en su país, puesto que está bastante pulido de esos particularismos que aluden a la realidad uruguaya) el emergente más notable sea el dedicado al neoliberalismo, que subraya la mirada complaciente que un sector de la sociedad frente al que acaso sea su efecto más plenamente perceptible entre nosotros, con varias experiencias a la espalda: la expansión de la pobreza.

“Metele…” hace expresa la centralidad de ese tema enumerando formas de procedimiento tales como la dilución de la presencia del Estado y la idea de la apertura absoluta del mercado con la idea de potenciar un derrame que nunca llega, y su derivado de pérdida de derechos sociales: ese cuplé resume virtudes y defectos de la pieza. 

Aunque fue uno de los que más firmemente arrancó el aplauso del público, en términos de adhesión con sus dichos,  adolece de una de las virtudes más firmes y potentes de la murga estilo uruguayo: la capacidad para remover las heridas aliviando el gesto a través de un desarrollo humorístico que oscila entre la ironía, el el sarcasmo y especialmente el absurdo. 

Lo demasiado explícito, casi nunca logra los mejores resultados en términos artísticos. Y en el caso de “Pa’la tribuna” es una frontera que se expresa con toda virulencia en la centralidad que adquiere ese cuple, por mucho que se pueda coincidir, hasta la ovación, con el pensamiento que expresa.

Dicho esto, y aceptando que el espectáculo tiene algunos momentos más felices (el que hace más evidente la sugerencia del título es un popurrí de marcado tono parodial, acerca de Venezuela y los venezolanos que viven su condición de inmigrantes entre los pueblos de nuestra América latina), es de rigor decir que “Pa’la tribuna” no es un espectáculo redondo aunque cierta alegría esencial al género rubricara la noche: una noche con más fiesta que arte murguero. 

NOTA: La integración de “Pateando Sapos”, en un brevísimo segmento de la presentación de “Metele que son pasteles”, sirvió como testimonio de la creciente potencia expresiva del elenco local.  

Ricardo Sánchez