Detrás de esa fuerte historia de amor, perserverancia y resiliencia que protagonizaron Luciana y Coti, hubo todo un complemento científico, médico y humano, desde el ámbito de la salud, que definió la hoja de ruta para que el viaje pudiera llegar finalmente a buen puerto.
El especialista en ginecología y obstetricia Diego Cagnolatti (M.N. 99081-M.P. 28693/2 – M.E. 13883), fue quien en Río Cuarto siguió de cerca el proceso que le tocó a atravesar a Luciana, la mamá biológica de Olivia, al tiempo que mantuvo contacto permanente con la profesional de la ciudad de Olavarría que estuvo a cargo de los controles obstétricos de Coti, con quienes mantenía comunicación fluida hasta el día del parto, en nuestra ciudad.
Consultado respecto de la asistencia médica recibida por ambas mujeres en las diferentes etapas que atravesaron desde la decisión de subrogar el vientre de una de ellas hasta el preciso momento en que Olivia vio la luz, el doctor Cagnolatti describió los pasajes más relevantes.
En ese contexto, sostuvo que de las distintas técnicas de fertilización existentes, se optó por implementar en la mamá biológica la Inyección Intracitoplasmática de Espermatozoides (ICSI), entendida como una técnica de reproducción asistida, que consiste en introducir un espermatozoide en el óvulo de la mujer.
“En el caso de Luciana, ella no podía quedar embarazada, por lo tanto, no podía gestar. Pero sí tiene en condiciones sus ovarios y produce óvulos. En ese procedimiento denominado ICSI se seleccionó el espermatozoide más apto o más móvil del esposo, y se inyectó directamente dentro del óvulo para fecundarlo”, especificó el profesional.
Y añadió: “Lo que hicimos previamente fue estimular la ovulación, lo que requirió más o menos 10 días de promover la GnRH (hormona liberadora de gonadotropina), que es una hormona que estimula la producción de otras hormonas que participan en la reproducción. Porque lo que nosotros queríamos era lograr una hiperestimulación controlada, es decir, estimular los ovarios lo más que podamos para extraer la mayor cantidad de óvulos”.
Cumplimentada esa instancia, era necesario a continuación la extracción de óvulos. Y ello se concretó con la sedación de la paciente y un punzamiento transvaginal guiado por un ecógrafo. “Se punza por vía transvaginal, se extraen los óvulos y por fuera se fecunda. Es decir, se toma el espermatozoide del esposo y se inyecta dentro del óvulo. Por eso se denomina fecundación in vitro (en vidrio), porque se hace fuera del organismo”, precisó Cagnolatti.
Conformación del embrión
“Una vez que se va desarrollando el embrión, que es una célula conocida como blastocito, se sigue de cerca su evolución y aproximadamente en el día 6 es que un especialista en ese proceso lo retira con el correspondiente instrumental y bajo control ecográfico lo transfiere al útero de la otra paciente, en nuestro caso, el vientre de Coti”, señaló el obstetra.
Previo a recibir el embrión, la amiga de Luciana se sometió a un tratamiento a base de estrógeno para preparar su endometrio para la gestación, que es la parte interna del útero. Cagnolatti explica que cuando la pared del endometrio adquiere un grosor de 6 milímetros o más, el útero está en condiciones de receptar al embrión.
Inducción a la lactancia
Otro aspecto que despierta curiosidad desde lo biológico está referido a la posibilidad que tuvo Luciana de amamantar a Olivia desde el primer día de su nacimiento, sin haber sido gestante. El especialista en ginecología y obstetricia, Diego Cagnolatti, explica a Salud & Ciencia que durante el período de gestación de Coti, Luciana inició un tratamiento a base de suministro de Domperidona, un fármaco bloqueante selectivo de los receptores dopaminérgicos que junto a otros medicamentos en dosis controladas, contribuyeron a estimular la producción de leche en su cuerpo.
“Con ello, iba aumentando la producción de leche en lo que se define un proceso denominado inducción de la lactancia. Entonces, meses antes de la fecha de nacimiento, se fue estimulando y con ello aumentó la prolactina, que es la célula productora de leche y demás, cosa que cuando naciera, como finalmente fue, ella pudo prenderle la teta a la beba, a pesar de no haber estado gestando”, cuenta Cagnolatti.
Ese tratamiento se complementaba a la vez con la extracción mecánica de leche materna que la misma Luciana realizaba periódicamente para estimular aún más la producción, que finalmente posibilitó que su hija Olivia se alimentara desde el primer día de su nacimiento.
Mes de la Fertilidad
Sobre el final, el profesional recuerda que el próximo mes de junio se conmemora el Mes de la Fertilidad y con ello llama a distintas reflexiones al respecto.
“Biológicamente, a partir de los 31 o 32 años, la reserva óvica empieza a disminuir y, si a eso le sumamos la edad, a medida que aumenta la edad, tenemos menor calidad en el óvulo, por lo tanto, es menor la tasa de implantación y eso es un factor importante”, sostiene el médico.
Y concluye: “Hoy en día se escucha mucho que las mujeres jóvenes postergan la maternidad, porque primero quieren viajar, tener la casa propia, el auto o porque quieren casarse antes. Parece que nunca es el momento y cuando vienen al consultorio con 36 años o más, ya empiezan las dificultades, y por eso hoy en día hay más casos que antes de infertilidad. Sumado a eso, el 40% de las causas de infertilidad es masculina, porque registran alguna alteración en el espermograma, por lo que también es una realidad que se empiezan a advertir cada vez más estos tipos de casos”.
Javier Borghi - suplemento Ciencia & Salud