Vivimos en el tiempo de las mariposas
Por Magdalena Bagliardelli
Un día como hoy en 1960 fueron asesinadas las hermanas Patricia, Minerva y María Teresa Mirabal, fundadoras del movimiento 14 de junio, quienes se levantaron contra el régimen dictatorial de Rafael Trujillo en República Dominicana. La ONU designó esta fecha para conmemorar el Día Internacional de la Violencia contra las Mujeres. Más tarde, en 2002, la historia se convirtió en la película “En el tiempo de las mariposas”, dirigida por el español Mariano Barroso y protagonizada por Salma Hayek.
En nuestro país, la lucha por los derechos de las mujeres ganó las calles, las discusiones en las escuelas, en los lugares de trabajo y hasta el Congreso de la Nación es escenario de incesantes debates al respecto. Nadie podría discutir que aún existe la desigualdad.
La irrupción del movimiento Ni Una Menos, el paro de mujeres 8M, los observatorios de derechos de las mujeres, equipos de investigación y defensorías de género, por nombrar algunas organizaciones, dan cuenta de que aún vivimos en tiempo de las mariposas, luchando por conseguir mejores condiciones para las mujeres.
En un contexto angustiante, ya que una mujer es asesinada cada 29 horas en nuestro país, este día es un llamado a la reflexión: basta de someternos a la violencia física, psicológica, económica y simbólica.
Para frenar la violencia machista, la antropóloga Rita Segato opina: “Tenemos que generar una forma de publicidad, de contraataque discursivo que coloque al hombre violento en su real posición de desgraciado, de pobre diablo. Es estratégico, ya que toca en la llaga, acierta en el núcleo de la incapacidad de la masculinidad de cumplir con el mandato de potencia que pesa sobre ella: toda agresión a la posición femenina, al cuerpo de las mujeres como su ícono por excelencia, es la manifestación de la fragilidad masculina, el resultado desesperado de la impotencia progresiva de los hombres ante un mundo regido por pocos dueños que precariza la vida y coloca a los hombres frente a un espejo que no miente y los enfrenta a su impotencia e invalidez”. ¿Surtirá efecto?
Magdalena Bagliardelli
Redacción Puntal
En nuestro país, la lucha por los derechos de las mujeres ganó las calles, las discusiones en las escuelas, en los lugares de trabajo y hasta el Congreso de la Nación es escenario de incesantes debates al respecto. Nadie podría discutir que aún existe la desigualdad.
La irrupción del movimiento Ni Una Menos, el paro de mujeres 8M, los observatorios de derechos de las mujeres, equipos de investigación y defensorías de género, por nombrar algunas organizaciones, dan cuenta de que aún vivimos en tiempo de las mariposas, luchando por conseguir mejores condiciones para las mujeres.
En un contexto angustiante, ya que una mujer es asesinada cada 29 horas en nuestro país, este día es un llamado a la reflexión: basta de someternos a la violencia física, psicológica, económica y simbólica.
Para frenar la violencia machista, la antropóloga Rita Segato opina: “Tenemos que generar una forma de publicidad, de contraataque discursivo que coloque al hombre violento en su real posición de desgraciado, de pobre diablo. Es estratégico, ya que toca en la llaga, acierta en el núcleo de la incapacidad de la masculinidad de cumplir con el mandato de potencia que pesa sobre ella: toda agresión a la posición femenina, al cuerpo de las mujeres como su ícono por excelencia, es la manifestación de la fragilidad masculina, el resultado desesperado de la impotencia progresiva de los hombres ante un mundo regido por pocos dueños que precariza la vida y coloca a los hombres frente a un espejo que no miente y los enfrenta a su impotencia e invalidez”. ¿Surtirá efecto?
Magdalena Bagliardelli
Redacción Puntal