Ante una escalada de casos de violencia de género que llevaron los números de femicidios a cifras alarmantes en todo el país, un grupo de activistas por los derechos de las mujeres inició hace 5 años una campaña que llevó el nombre “#NiUnaMenos”, por su difusión como hashtag en las redes sociales. La propuesta era la realización de una gran manifestación que se desarrollara en todas las ciudades de Argentina al mismo tiempo y el movimiento que se mantuvo desde entonces con el mismo nombre llegó a superar las fronteras del país.
Todos los años, para esta fecha, la ciudadanía salió a las calles para manifestarse en contra de la violencia machista y patriarcal y pedir la igualdad real de derechos. En el marco de las medidas preventivas por la pandemia, en este 2020 el movimiento tomó otra forma, volvió a las redes y las agrupaciones presentaron sus reclamos con creativas formas, que fueron desde campañas de concientización a expresiones artísticas. Si bien llevaron también el lema de “NiUnaMenos” las marchas por los días contra la violencia a la mujer, y otras reclamando justicia por hechos específicos, la cita del 3 de junio se instituyó desde el 2015 como un encuentro obligado de alzar la voz y reclamar contra las desigualdades.
Quienes vivieron los días previos a la marcha de 2015 recuerdan el clima de movilización y resistencia que se sentía en cada reunión, la necesidad de un cambio, de decir “basta”. “Más amor, por favor” y “Basta de violencia de género” fueron algunas de las frases que más acompañaron al “Ni Una Menos” de aquella manifestación y hoy, a 5 años, se coincide en que, si bien faltan muchos cambios en materia de políticas públicas sobre la problemática, el proceso de transformación cultural ya inició y empieza a ver sus resultados.
Lilian Martella estuvo participando de la primera marcha en representación del Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad Nacional, que le tocaba coordinar en aquel momento. “Recuerdo una sensación muy fuerte como docente de espacios de formación en derechos humanos, en distintos contextos, de vivir la experiencia. Nunca pensé que lo que estábamos diciendo en las clases lo estaba viviendo como experiencia práctica, concretando una experiencia de fuga a algo transformador”, dijo en diálogo con Puntal y agregó: “Era algo que realmente venía poniendo incómodo y debilitando al patriarcado, fue una sensación de empezar a hacer circular experiencias y ponerles palabras”.
- ¿Cómo se vivieron esos momentos previos a la concreción de la marcha?
-Recuerdo empezar a reunirnos en esas conexiones de palabras, de situaciones y hechos y lo que significaba vivir ese movimiento de resistencia al poder normalizador, silenciador y machista. La organización de la marcha fue una síntesis de esas conexiones, de esa circulación de experiencias de sufrimiento, lucha y muerte y significó un decir “no”. Para mí era lo que tanto hablábamos en las clases, fue un “no” transformador, sumado a hacer algo con esa expresión, una resistencia decisiva que hasta el día de hoy instauró políticas públicas que incidieron en muchos niveles. Fue una experiencia de organización de las minorías, no en un sentido de cantidad, sino como un devenir transformador, de resistencia a la regulación. Fue la síntesis de todo eso que se gestaba; la marcha fue ponerle el cuerpo y hacer algo con ese reclamo y visibilizar toda la lucha. La construcción de ese espacio fue un trabajo colectivo, que puso a temblar todas las concepciones que aún tenemos sobre el derecho y lo político, es la fuerza de los movimientos.
- Cuando se ve que los números de muertes continúan creciendo, ya con un femicidio cada 29 horas, ¿qué sensación genera ante tanta lucha después de varios años?
- A diario nos hacemos la misma pregunta cuando vemos esas cifras alarmantes, que nos dejan pensando sobre los nuevos hechos que nos siguen interpelando. El movimiento sigue y ante su avance se da la resistencia del machismo, del patriarcado, y esta revolución genera una contraposición, algo que tiene que ver con un vacío, una falta de respuesta en la instauración de políticas públicas serias, para que la movilización se vea de manera concreta. Es complejo deshacer la red mundial del patriarcado, desde el siglo XIX el capitalismo se asienta en esto, el movimiento es un intento de agujerear esto. Hay que seguir porque las cifras son escalofriantes.
Finalmente, Martella resaltó: “El movimiento ‘NiUnaMenos’ y tomar la calle y los espacios públicos, ponerle el cuerpo, la voz y las palabras, también significó empezar a escuchar a las protagonistas y que todas somos ese movimiento; es un espacio con nuestras voces, de todos los individuos que están en contra de la violencia” y concluyó: “No es una reducción a lo femenino, sino de resistencia a toda la violencia, donde las víctimas toman protagonismo. A partir de este movimiento ya no necesitamos que alguien hable por nosotras, es la voz de los que sufren y significó también ‘nunca más hablen por nosotras’”.
Daniela Fuentes fue una de las voces más fuertes de las primeras manifestaciones de este movimiento en Río Cuarto. Desde su lugar como militante, pero también como artista, a cargo de las históricas representaciones que se realizaron en cada una de las marchas en estos 5 años. “En 2015 veníamos de trabajar la violencia de género desde el teatro con una obra que habíamos estrenado dos años antes, ‘Preguntan por un cuerpo, escenas del despojo’, nos pusimos a trabajar en la organización de aquel ‘NiUnaMenos’ y fue una coordinación multitudinaria, multisectorial, multipartidaria, en la que había muchas personas autoconvocadas, como nuestro grupo de teatro, y así fue que coincidimos en plegarnos a la movida nacional y que tuvo en Río Cuarto una de las mayores marchas que recuerdo, con más de 8 mil personas movilizadas ese día, de todos los sectores, mujeres y hombres”, sostuvo la artista.
Señaló que la marcha contó con la participación de personas de todas las edades y recordó la intervención teatral que realizaron en aquella fecha. “Después el ‘NiUnaMenos’ se fue especializando en cuanto a una construcción más precisa, sabiendo lo que pensábamos que debía pasar, pero en el 2015 recuerdo que había un escenario en el que actuaron artistas y muchos familiares de víctimas de femicidio que leyeron cartas y brindaron mensajes”, detalló. Aseguró que hubo, en ese momento, muchos mensajes de “bronca y de liberación” y subrayó: “Fue impresionante lo que se vivió, me alegra mucho haber podido participar de eso, trabajando estos temas que no dejan de tener vigencia y de exigir que esto cambie”.
Indicó que “es muy difícil que el Estado tome como prioridad el trabajo contra la violencia de género; hubo avances, pero siempre queda en poco, hay que trabajar más desde la educación sexual, desde temáticas como el aborto, que hasta que se legalice no cesará la muerte de mujeres, y tantos otros temas que se han complejizado desde las distintas manifestaciones y organizaciones”.
Finalmente, si bien este año no hay manifestaciones por el contexto que se vive en cuarentena, aclaró: “Creo que todas y todos estamos trabajando y pensando para modificar esta situación tan dramática”, completó.
Cambios en la Justicia
Por su parte, Rolando Guadagna, que en el momento del primer “NiUnaMenos” se desempeñaba como titular del Juzgado en lo Civil, Comercial y Familia de Tercera Nominación, contó que empezó a interiorizarse en la problemática de la violencia de género mucho antes de la marcha, cuando por ley les asignaron “competencia en violencia familiar a los Juzgados Civiles”, dijo y destacó: “Hasta ese entonces lo que era la violencia de género me resultaba poco conocido, pero a partir de eso me comencé a interesar y ver la gravísima realidad que había detrás”. Explicó que fue allí cuando comenzó a seguir la problemática: “Recuerdo que esa movilización fue algo muy fuerte, en el sentido de llamar la atención de quienes no estaban en el tema, ante la sociedad, visibilizar algo que hasta el momento estaba oculto”, sostuvo.
El letrado recalcó que con aquella nueva ley comenzaron a enfrentarse a casos de terribles características, que hasta el momento estaban invisibilizados para la mayoría de la ciudadanía, “no para los movimientos feministas, que venían denunciándolos”, apuntó. “Quienes no estaban en el tema creían que eran hechos que se daban una vez cada tanto, pero en el Juzgado fue dramático, porque empezamos a tener a las mujeres relatando hechos que no podíamos ni imaginar, de sometimiento, de vulneración de todos los derechos”, expresó Guadagna y aseguró que “la marcha sirvió para visibilizar hacia afuera todo eso que estaba tapado”.
“Cuando nos asignaron los casos comenzamos a capacitarnos, porque ante la ley no estábamos formados en esta problemática, me puse a estudiar y definimos más de 10 encuentros en los que armamos redes de trabajo entre Justicia, Policía, los equipos técnicos de apoyo y fue una experiencia muy interesante”, enfatizó el exjuez.
Consultado sobre la preocupación de las organizaciones por los números de asesinatos que siguen sin bajar, Guadagna respondió: “Creo que se está avanzando, pero son procesos muy largos. El solo hecho de que ahora se hable de femicidios es importante; antes se los llamaba crímenes pasionales, pasaban como una noticia policial más, pero empezó un cambio cultural y es lento, pero falta una política de Estado más fuerte dirigida a revertir esto. Se hacen intervenciones después del hecho de violencia, pero no solucionan la problemática de fondo, lo cultural de considerar a la mujer como un objeto que tiene que hacer todo lo que uno diga. Es cierto que los femicidios siguen siendo un número elevado, pero advierto que estamos en un proceso de cambio cultural”.

