La psiquis en pandemia: "Todos nos descubrimos mucho más vulnerables"
A un año exacto de que comenzara a regir el aislamiento social preventivo y obligatorio en la Argentina, ¿cuál es el impacto de lo que hemos vivido hasta el momento en nuestra salud mental?
La licenciada en Psicología Gabriela Cantore (M.P. 9371), aclara a Puntal que “no hemos padecido todos lo mismo ni hemos tenido todos las mismas limitaciones” sino que devino en un resultado diferente en cada persona.
Está claro que el comienzo de la segunda década del tercer milenio no será un periodo más en la historia de la humanidad.
La pandemia del coronavirus no sólo llegó para poner en jaque los sistemas sanitarios del mundo sino también los mismísimos sistemas económicos, de producción, incluyendo crisis políticas, institucionales, sociales y, por supuesto, lo emocional no es la excepción.
Desde su óptica profesional y por las historias que ha escuchado en su consultorio, Cantore traza unas líneas generales y señala que este proceso ha sido “oneroso para la sociedad”.
Resume que a lo largo de este tiempo “hemos tenido que salir a resolver situaciones desde una conciencia de desconocimiento” ya que no sabíamos cuánto iba a durar o cómo iba a ser esta nueva realidad.
- ¿Qué síntesis haría de todo este año para la humanidad desde la psicología?
- El nivel de exigencia que vivimos sacó lo mejor y lo peor de cada ser humano. Se cayeron un montón de estructuras, refugios, recursos y no sólo en relación a otros sino a uno mismo. Creíamos que teníamos más solvencia emocional de la que finalmente encontramos y esto es muy difícil para un ser humano. Todos nos descubrimos mucho más vulnerables de lo que teníamos previsto. Nos replanteamos cosas pero en estas condiciones fue obligatorio. Esto es de un nivel de renovación trascendente. A veces trascender es doloroso, a veces conlleva alegría y bienestar.
- ¿Cuáles fueron los principales problemas que escuchó en su consultorio en este tiempo?
- Los más graves tienen que ver con la violencia doméstica y económica. Y quienes no estaban en situación de peligro manifestaban cuestiones como miedo a la soledad, dificultades intrafamiliares, cuestiones existenciales que cuando hay tiempo disponible emergen con mayor vehemencia. También aparece la angustia. La cuarentena estricta fue terrible, con toda la cuestión persecutoria grave en el sentido emocional, no saber si se podía ir al almacén o no. Aparecen muchos miedos primitivos inherentes a la supervivencia que tenemos todos pero que cotidianamente no están evocados.
Cuando se ponen en jaque cuestiones que a la persona le hacen temer sobre la vida o la muerte, va a estar sobreexigida porque la supervivencia activa emociones muy primitivas, muy precarias, como el miedo, con todos sus efectos paralizantes, poco creativos y su correlato clínico, que no es menor.
- ¿Hay un doble aislamiento para las víctimas de violencia doméstica?
- En un contexto de violencia doméstica hay toda una estética de que lo que pasa dentro del hogar no está pasando en lo público. Si hay algo que empieza a solucionar la situación es que la víctima salga y hable. Una de las características clave para que la violencia doméstica prospere es el aislamiento, el hecho de que la persona violentada está lastimada, agraviada y no lo va a decir. Es clave que pueda contárselo a otra persona de otro círculo. Cuando una víctima se atreve a hablar, empieza a abrir su panorama de superación y posible reparación. En contexto de pandemia le agregamos que hubo una normativa donde no podía salir de su casa. Es doblemente aislante.
- Después de un año con todo lo vivido, ¿soportamos otro aislamiento en el caso hipotético de que se determine?
- La cuarentena no es un modo para establecer en el tiempo y pasar cinco años encerrados. Esto es altamente dañino y lo hemos sentido todos. Soportar, soportamos. El ser humano ha soportado guerras, el Holocausto. Lo que no sé es a qué precio. Eso es lo que espero evalúen a la hora de las medidas que tomen. Quiero confiar en que se hará lo más económico, no para el sistema capitalista sino para nuestras emociones. Que sea lo menos mortificante posible. Aguantar vamos a aguantar, el asunto es cuánto peligro acarrea esto. Personalmente atendería mucho la vinculación afectiva. No me parece poco oneroso el aislamiento.