Uno de los testigos directos, Miguel, vecino de la cuadra, relató a Puntal con detalle lo que vio: “De las dos víctimas, una se levanta relativamente rápido y la otra quedó tendida en el piso totalmente. Se lo notaba inconsciente, como noqueado, porque no tenía movimientos de ningún tipo. Vienen dos compañeritos para asistirlo y no reaccionaba, hasta que lo logran mover, se logra parar y lo sientan en el umbral de una casa. Pero se lo notaba muy atontado porque se agarraba la sien, la cabeza, se lo notaba en estado de shock”, contó.
Según Miguel, en el lugar había mucha gente, pero nadie intervenía para frenar la pelea.
“Era imposible separar eso. Por miedo, nadie quería meterse. Si ustedes se fijan en el video, eran grupos. Es una cuestión de educación lo que ocurrió. Porque si en la casa le dicen, como nos sabían decir a nosotros, ‘cuando salgan no peleen, si ven algo raro se retiran’, eso es sentido común. Y acá no lo hubo”, reflexionó.
Las autoridades llegaron minutos después de la agresión, cuando los involucrados ya se habían dispersado. La víctima fue retirada por sus amigos antes de que pudiera recibir atención médica formal en el lugar. Aún no se conocen públicamente detalles sobre su estado de salud ni la identidad de los agresores, aunque el hecho ya es investigado por la Justicia provincial.
Lo sucedido este fin de semana en Nueva Córdoba revive un recuerdo reciente que todavía sacude a la sociedad cordobesa: el caso de Martín Gonzalo Cáceres, el joven de 24 años que permanece internado desde marzo tras una brutal golpiza ocurrida a la salida del boliche Kabana, ubicado en la zona del Chateau Carreras.
En ese episodio, Martín fue atacado por un grupo de jóvenes luego de una discusión. Aunque logró volver a su casa en Villa Allende, horas después comenzó a descompensarse y fue internado de urgencia. Presentaba un grave traumatismo craneoencefálico, fue operado en varias oportunidades y desde entonces permanece hospitalizado, en estado crítico. Su familia confirmó que ha sido sometido a siete intervenciones quirúrgicas, permanece con asistencia respiratoria, sin movilidad, y con secuelas neurológicas severas.
Este martes, familiares y amigos de Martín marcharon por las calles del centro de Córdoba para exigir justicia. El caso tiene como principal acusado a Agustín Fasulo, quien permanece detenido con prisión preventiva. La defensa sostiene que no hubo intención de causar un daño tan grave, mientras que la familia de la víctima insiste en que el ataque debe ser juzgado como tentativa de homicidio, debido a la brutalidad del golpe y sus consecuencias.
Durante la movilización, Lidia Franco, madre de Martín, expresó el dolor que viven desde hace seis meses:
“Nos dijeron que tenía un 2% de posibilidades de vida. Está cuadripléjico, con botón gástrico, traqueotomía, sin poder hablar ni moverse. No sabemos si recuerda lo que pasó. Nunca lo hablamos para no provocarle un shock. Vivimos cada día como si fuera lunes, esperando en el hospital, sin saber si alguna vez va a volver a ser él”, contó.
Ambos episodios reflejan una problemática creciente: la violencia entre jóvenes durante la noche, en contextos de diversión, y la ausencia de mecanismos efectivos de contención, prevención o reacción inmediata. En el caso de Martín, el golpe fue devastador. En el hecho más reciente, la víctima quedó inconsciente en plena calle y, según testigos, sufrió un fuerte golpe en la cabeza contra el suelo, lo que podría haber derivado en consecuencias neurológicas similares si no recibió atención a tiempo.
“Se escuchó el golpe seco de la cabeza contra el suelo. Creo que más que los golpes en la pelea, fue eso lo que lo dejó así. Fue tremendo”, dijo Miguel.
Las similitudes entre ambos hechos no son menores. En ambos casos hay jóvenes involucrados, violencia repentina, agresiones físicas con riesgo de muerte, y un entorno que muchas veces observa sin intervenir, por miedo o por indiferencia. La diferencia, hasta ahora, es el desenlace, aunque en ambos pesa la misma pregunta: ¿hasta cuándo?
Lo que sucedió en Rondeau al 200 no fue una tragedia por muy poco. Lo que le ocurrió a Martín Cáceres fue, y sigue siendo, una tragedia con consecuencias reales, profundas y permanentes.
La violencia callejera entre jóvenes plantea desafíos urgentes para Córdoba, especialmente en los entornos nocturnos donde el esparcimiento muchas veces termina en hechos lamentables. Lo ocurrido en Nueva Córdoba y el caso de Martín Cáceres son señales claras de que es necesario trabajar con más firmeza en la prevención, la contención y la educación. La sociedad espera respuestas que ayuden a construir espacios más seguros para todos.